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Artículo correspondiente al número 277 (4 al 17 de junio de 2010)
Un libro recopila fotografías del músico asesinado en 1980. Algunas de ellas, clásicas; la mayoría, poco conocidas. Un testimonio visual de indudable valor para conocer el derrotero del compositor inglés. Por Marcelo Soto.
En una fotografía se ve a un chico de siete años, sentado en un jardín y sosteniendo a un cachorro. Por esos hallazgos del arte gráfi co, ambos –el niño y la mascota– parecen igualmente desamparados. Comparten una sensación de no estar en el lugar que les corresponde, pero mientras el muchacho mira hacia adelante, hacia el futuro, el can lo hace hacia un costado, quizá buscando dónde correr a refugiarse.
El chico es John Lennon mucho antes de ser John Lennon, mucho antes de que esas dos palabras significaran algo. Y es uno de los hallazgos de un libro recién llegado a las estanterías locales, editado por Océano y con un prólogo minúsculo de Yoko Ono. Tanto las breves palabras de la viuda como los textos de Valerie Manferto y John Blaney que acompañan las imágenes, poco y nada aportan. El valor, ya está dicho, se encuentra en los registros visuales, algunos de ellos poco conocidos o derechamente inéditos.
Sucede que hemos visto tantas postales del autor de Help! que encontrarse con una estampa en blanco y negro –como la del chico de siete años junto a su perro– con una visión inesperada del artista adolescente es como descubrir el gesto de un amigo que de pronto nos perturba. Aunque hasta ese momento no lo habíamos notado. Por así decirlo, estos documentos son una llave al mundo del hombre detrás del personaje, al chico de Liverpool medio huérfano y medio mimado y a la vez adorable y un poco pesado, algo ingenuo y de una inteligencia fuera de lo común. El chico que, en algún momento de la vida, cuando la mayoría ni siquiera encuentra la madurez, encontró la fama y la leyenda y se convirtió en Lennon.

Ese proceso, el de haber pasado de ser un niño de una familia de clase media querendona y relativamente acomodada –muy lejos de su imagen de héroe de la clase obrera– a una estrella planetaria manipuladora y manipulada, está exquisitamente ilustrado en el libro. Hay registros de sus cuadernos de clases, de sus primeros aprontes en la música, maltratando una guitarra de palo; de las pandillas juveniles pisando las calles del barrio, de las primeras bandas y ¡atención! de su primeros encuentros con un imberbe Paul McCartney y un todavía más lampiño George Harrison.
En esta última imagen se observa a tres niños, dotados de un sonrisa ligeramente maliciosa. Parecen secretamente dispuestos a incendiar el mundo. La mirada retrospectiva, claro, ensucia o ilumina estos instantes y les otorga un sentido que probablemente no tuvieron. Pero es imposible no dejar de pensar que esos tres muchachos algo estaban tramando. O por lo menos lo soñaban.
Así, el valor de un libro como John Lennon: historias e imágenes de un mito va creciendo a medida que revisamos fotos aparentemente banales y descubrimos en ellas rasgos impensados, un ángulo que a la primera mirada habíamos desechado. De este modo Harrison se revela como un precursor de la estética punk de Sid Viciuos y McCartney, como un tipo casi enamorado de aquel amigo que toca la guitarra rítmica. Y vemos por supuesto a Lennon saliendo de la piscina, avergonzado, como esos compañeros de la escuela buenos para la talla, los payasos del curso, que en el fondo escondían a un tímido de primera clase.
También aparece el aburrimiento que nadie imagina pero que debe existir al formar parte de la banda más grande del mundo. Todos los trabajos, por muy glamorosos que sean, son trabajos y el tedio se dibuja en los rostros de Paul, John y Ringo mientras observan al Maharishi Mahesh Yogi. El único concentrado es George, que toca una cítara. Igualmente reveladoras son ciertas imágenes de Yoko y Lennon en las que se ven felices, genuinamente enamorados.
En ese sentido no eran necesarias las loas hacia la viuda del cantante que colman los párrafos escritos por los dos autores (que mezclan datos consabidos, uno que otro aporte novedoso y mucha frase para el bronce). Ahí claramente falló la puntería fina. (Los que, por cierto, busquen información más exhaustiva del ex beatle deberían leer Lennon, de Philip Norman, autor también de la indispensable biografía de la banda de Liverpool, ¡Gritad!).
Seguramente Yoko Ono –a quien el editor agradece al final del libro– aceptó este proyecto con la condición de revisarlo y de que nada que se dijera allí escapara a la mitificación del personaje. Pero las imágenes, como se sabe, valen más que las palabras y en este caso entregan luces que ni siquiera la celosa guardiana de su legado probablemente sospechaba.
![]() John Lennon. Historias e imágenes de un mito. Textos de Valerie Manferto y John Blaney. Prólogo de Yoko Ono. Editorial Océano, 270 páginas. |