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Gustav Mahler: la canción eterna

Artículo correspondiente al número 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010


 

En julio se cumplen 150 años de su nacimiento y en 2011 se recordará el centenario del fallecimiento de este músico intenso y apasionado: ocasiones inmejorables para acercarse a su legado, compuesto por algunas de las obras más complejas y fascinantes de la historia. Por Joel Poblete.

 

De casi todos los compositores se dice que se podrían escribir decenas de libros, pero en pocos casos se siente tan necesario como cuando hablamos de Gustav Mahler. Por sus obras, pero también por su vida. Una trayectoria llena de contrastes; desde sus sencillos orígenes hasta el lujo de la Viena donde logró consolidarse, sin dejar de mencionar los muchos problemas que debió afrontar, tanto por su alternancia entre su labor como compositor con su trabajo como director, como por el cuestionamiento por su ascendencia judía (llegó a convertirse al catolicismo para poder ser aceptado en la Opera Imperial de Viena). No menos compleja fue la apasionada y difícil relación con su esposa Alma, con quien tenía 19 años de diferencia. Ella, si bien fue su gran musa y colaboradora, también ha provocado polémicas, ya que se dice que el artista la obligó a abandonar su propia carrera como compositora.

Finalmente, la evolución artística del compositor fue el reflejo de su personalidad intensa y melancólica -que también podía ser soberbia-, pero que al mismo tiempo escondía una enorme timidez y fragilidad, que lo impulsaban a aislarse en la naturaleza, en la música como vía de escape. Gracias a esto logró conformar uno de los legados creativos más influyentes de la historia, a través de los dos géneros en los que es considerado un hito de referencia: la sinfonía y el Lied (canción, en alemán). Por lo mismo, a pesar de aniversarios tan ilustres como los bicentenarios de Chopin y Schumann este 2010, los 150 años del nacimiento de Mahler, que se cumplen en julio, merecen un especial acercamiento. Sin olvidar, desde luego, que en mayo de 2011 se conmemorarán los 100 años de su muerte.

Mahler es un caso especial. Luego de décadas en que su música parecía reservada sólo a los espectadores más intelectuales y propensos a las partituras atormentadas y desbordadas, se ha transformado en uno de los pilares del repertorio mundial y, dadas sus exigencias, suele ser uno de los criterios para juzgar la madurez de una orquesta sinfónica. Hoy, el compositor desata esnobismo y pasión por partes iguales, porque ocupa un lugar de privilegio como síntesis y fusión de dos épocas: el romanticismo y la modernidad. En él resuenan ecos de Wagner y Strauss, pero también se anuncian Berg y Schoenberg, y su influencia se percibe en Weill, Shostakovich, Britten y Berio. Muchos lo consideran un espejo de los cambios que atravesaría Europa el siglo pasado, con la tensión y la amenaza de la guerra y el adiós a un mundo que ya nunca sería el mismo.

Todo esto se refleja en su monumental legado sinfónico: nueve sinfonías completas y la décima, inacabada. De esta última quedó terminado el Adagio, aunque posteriormente distintos musicólogos y directores la han concluido de acuerdo a los bocetos que dejó el autor sobre los otros cuatro movimientos. El compositor dijo que “la sinfonía debe ser como el mundo, ¡debe abarcarlo todo!” y es así como en ellas encontramos por momentos el misterio y el desgarro, la luz y la sombra, la amenaza y la tensión, la decadencia y el ocaso, como también la ternura, la alegría juguetona, lo burlesco, la dulzura y la belleza casi mística y sobrenatural de los movimientos más lentos.

Tenía 28 años cuando terminó su 1ª Sinfonía, la famosa Titán, y las dos décadas que vendrían le permitieron realizar una asombrosa evolución en el género, adoptando las pautas que impusieron Beethoven y Brahms, pero extendiendo los límites en el uso de los recursos timbrísticos y de sonoridad. La apoteósica 8ª, conocida como la Sinfonía de los Mil, requiere enormes masas orquestales, coros y ocho solistas. También renovó los estándares de duración (la tercera es considerada por muchos como la más extensa del repertorio), así como de expresividad y capacidad evocativa. Por algo, aunque hoy se siguen creando nuevas sinfonías, más de algún experto ha afirmado que el género tuvo su culminación y despedida con Mahler.

De igual relevancia en la obra mahleriana resalta el Lied, puesto que aunque el género de la canción alemana parecía haber llegado a su cumbre con Schubert, Schumann y Wolf, aún faltaban Strauss… y Mahler. En el caso de este último, el impacto fue mayúsculo. Su notable uso de la voz humana dio lugar a maravillosos y conmovedores ciclos, llenos de sutileza y emoción, que supieron encerrar todo un mundo en una sola canción, con la música entrelazándose con el texto mediante el tránsito de una emoción a otra y los contrastes que ya exhibía en sus sinfonías. Además de los Lieder de El niño del cuerno maravilloso, las Canciones de un camarada errante, los Kindertotenlieder (Canciones a la muerte de unos niños), los Ruckert lieder y La canción de la tierra, con nexos musicales más o menos evidentes en sus sinfonías, incorporó la voz humana en algunas de ellas (solistas en la 2ª, 3ª, 4ª, 8ª, y coros en tres de ellas) con resultados simplemente prodigiosos.

En el cine y en Chile

Nacido en la localidad bohemia de Kalischt –en la actual República Checa–, músico aventajado desde la infancia, desde muy temprano Mahler supo de contrastes: marcado por las peleas entre sus padres y las muertes de diez de sus catorce hermanos, a menudo buscó refugio fuera del hogar, encontrándose con un mundo musical muy distinto a lo académico: las marchas y cantos militares de la guarnición cercana como con las canciones populares y folclóricas que oía en el barrio. Por eso no deben sorprender tanto las inesperadas apariciones en sus sinfonías de ritmos marciales, melodías que evocan la infancia y aires de danza, como el landler y el minueto; a veces, en versiones muy “sui generis”.

Varios han dicho que con estas obras se convirtió en el padre de la música de cine. Y fue precisamente el cine el que ayudó a atraer nuevas audiencias hacia la música mahleriana, proceso que se acentuó tras la segunda guerra mundial y se ha hecho patente en las últimas décadas. La pantalla grande se presta especialmente para muchos de los momentos más inspirados y atmosféricos de Mahler, como tan bien lo reflejó Visconti en 1971 al recurrir al sublime Adagietto de la 5ª Sinfonía en su Muerte en Venecia, en la que además su protagonista, Dirk Bogarde, tenía un look claramente inspirado en el compositor. No sólo se trata de una de las más logradas conjunciones entre música e imagen del séptimo arte, sino además fue la gran responsable de que empezaran a venderse más discos de Mahler y a programarse más obras suyas en concierto.

Desde entonces, el cine empezó a recurrir más a menudo al músico: desde la discutida “biografía” de Ken Russell hasta Velvet Goldmine, Niños del hombre, de Cuarón, Coffee and cigarettes, de Jarmusch e incluso Woody Allen en distintas cintas, incluyendo cuando en Todos dicen te quiero seducía a Julia Roberts diciéndole que también adoraba la 4ª de Mahler. Y sin ir más lejos, este año Scorsese nos conmovió al usar acertadamente un cuarteto para cuerdas y piano en La isla siniestra, y se estrenó el film alemán Mahler auf der couch (Mahler en el diván), de Percy Adlon (Bagdad cafe), más centrado en la angustia del compositor al enterarse de la infidelidad de su esposa Alma con el renombrado arquitecto Walter Gropius, lo que lo llevó a consultar a Sigmund Freud.

Las principales orquestas, directores y cantantes del mundo ya están desplegándose en distintos programas consagrados al maestro, y a pesar de la crisis de los discos clásicos, los sellos están lanzando ediciones especiales (ver recuadro). Muchos de los homenajes, exposiciones y mesas redondas han contado con la asesoría de quien es unánimemente reconocido como el mayor experto mundial en el autor y su mejor biógrafo, el octogenario musicólogo francés Henry-Louis De la Grange. El epicentro, como era de esperar, estará en Viena, y entre los principales hitos en otras latitudes destaca una nueva edición de la 10ª Sinfonía completa, a cargo del director Yoel Gamzou, que será estrenada en Berlín en septiembre. Para mayores detalles de fechas y lugares de las obras de Mahler que se programarán en el mundo, una excelente alternativa es el blog que le ha dedicado Universal Edition (http:// mahler.universaledition.com), donde además se pueden encontrar interesantes entrevistas a algunos de los directores que han incursionado en su universo.

¿Y en Chile? Como ha ocurrido con otras grandes obras fundamentales de la historia de la música –así, las sinfonías de Bruckner y las óperas de Mozart y Wagner–, tuvo que pasar mucho tiempo hasta que se lo fuera incorporando al repertorio local, a pesar de que hemos tenido la suerte de contar con grandes batutas mahlerianas, como los ya fallecidos Hermann Scherchen y Jascha Horenstein dirigiendo a la Sinfónica. Sin duda la figura local clave en acercar a Mahler al público nacional ha sido Juan Pablo Izquierdo, primero gracias a sus interpretaciones de los años 80 con la Filarmónica en el Teatro Municipal de Santiago y, en los últimos años, dirigiendo valiosos estrenos de versiones alternativas de algunas piezas, como La canción de la tierra en la edición para orquesta de cámara de Schoenberg completada por Rainer Riehn, y la versión para orquesta reducida de la 4ª Sinfonía, elaborada por Erwin Stein.

Izquierdo abrió el camino a otros nombres chilenos que han incursionado en Mahler, como Francisco Rettig, Maximiano Valdés y Rodolfo Fischer, entre otros. Pero casi siempre el repertorio parece reducirse a las sinfonías Titán y la 4ª y la 5ª, y si no fuera por ocasionales incursiones en la 2ª y la 3ª, las obras más difíciles quedan reservadas a las visitas internacionales, como las memorables interpretaciones de la Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta para la 6ª y la 9ª en 2005 y 2009, respectivamente. Se sabe que las exigencias orquestales de estas piezas son enormes pero, de todos modos, ¿hasta cuándo deberemos esperar para que se estrene en Chile la 8ª? Hace años se rumorea que será programada por alguna de las orquestas más grandes del país, y quizás el 2011, aprovechando el centenario del autor, sea el gran momento; sobre todo, considerando que, más concentradas en los bicentenarios de Chopin y Schumann, ni la Sinfónica ni la Filarmónica se preocuparon de Mahler en sus temporadas oficiales. “Mi tiempo aún está por llegar”, afirmó alguna vez el compositor. Y fue profético: su tiempo ya llegó. Definitivamente.

Los mejores registros
A la cabeza de los lanzamientos mahlerianos por el doble aniversario está EMI, con una caja de la obra completa del autor en 16 CD, con grabaciones entre 1949 y este año, y algunos de los intérpretes más legendarios y especializados en el autor. Cuando se trata de comparar o recomendar las mejores versiones en disco que existen, Mahler suele ser uno de los músicos cuya interpretación despierta más acaloradas divergencias entre los admiradores de su música. Por ejemplo, mientras para algunos -me incluyo- las grabaciones dirigidas por Bernard Haitink, Claudio Abbado y Pierre Boulez pueden ser calificadas de sobresalientes o incluso modélicas, muchos mahlerianos las rechazan tajantemente.

Pero a pesar de todo, hay unanimidad en reconocer ciertos nombres ineludibles si se quiere formar una discoteca consagrada al compositor (o en su defecto, y atendiendo los nuevos tiempos, un buen archivo digital): ya sea en versiones integrales con una misma orquesta o en grabaciones específicas, en el Olimpo mahleriano se encuentran leyendas como Bruno Walter (quien fue amigo y elogiado discípulo del propio Mahler, dirigiendo tras la muerte de éste los estrenos de La canción de la tierra y la 9ª Sinfonía) y Leonard Bernstein (aunque los expertos no terminan de ponerse de acuerdo en si son mejores las versiones grabadas para el sello Deutsche Grammophon o las de Sony). Pero la lista de grandes mahlerianos es generosa, y además de los ya mencionados no podríamos dejar de agregar a batutas como Klemperer, Barbirolli, Kubelik, Tennstedt, Inbal, Tilson Thomas, Chailly y Rattle, entre otros. Curiosidad o no, otros nombres tan afamados en el mercado de la música clásica, como Von Karajan o Barenboim, nunca han logrado entusiasmar demasiado a los “mahlerianos de corazón”. Y ya que en el repertorio del autor la voz humana fue tan importante como la orquesta, es imposible no mencionar a intérpretes como los barítonos Dietrich Fischer-Dieskau, Hermann Prey y Thomas Hampson, las mezzosopranos Christa Ludwig y Janet Baker, la contralto Kathleen Ferrier y las sopranos Lucia Popp y Jessye Norman. Cualquier grabación de Lieder mahlerianos en la que cante alguno de ellos será siempre una lección de estilo, refinamiento y emoción.


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Comentarios

1 Comentarios

Raúl Prado :

Publicado Domingo 8 de Agosto, 2010 - 14:17 hrs

Interesante y muy buen artículo.

 
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