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El tango que no se baila

Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)


Llega a librerías chilenas la mejor biografía de Astor Piazzolla, el tanguero más insultado de la historia de Argentina pero el único al cual se escucha hasta hoy buscando vanguardia; bien lejos de Gardel, el pañuelo al cuello y la postal tipo Caminito. Por Marisol García.


Un hombre definido en vida por la polémica no merecía una biografía convencional. Antes que el detalle cronológico de los supuestos hitos en su trayectoria, fueron la profundidad, la precisión técnica y un impresionante acopio de referencias la inteligente opción de los periodistas Diego Fischerman y Abel Gilbert para rendir justicia escrita al músico en Piazzolla, el malentendido (Edhasa, 403 pp.). Eso, en lo formal. El ánimo que sostiene este libro, su foco inasible y su más alabada cualidad, es la emocionante sensibilidad de los autores para interpretar a Astor Piazzolla también en sus silencios, sus temores, sus rabias y frustraciones. Por su rigor, Página 12 definió a este libro como “una verdadera persecución” pero, incluso fuera del estricto recorrido biográfico, esta es una investigación mayor para cualquier interesado en la música: más allá de lo evidente, registra muy bien los procesos sociales y sicológicos que explican, por ejemplo, el surgimiento de un genio sin impulso alguno de su entorno y los resquemores que éste genera entre sus pares aun cuando su aporte hace crecer a su círculo completo. Este es un libro interesante incluso para ignorantes del tango, mas no para lectores desinteresados en la música.

Mar del Plata, Nueva York, Buenos Aires, París, Milán, Roma: los diez capítulos se separan sólo por fechas y ciudades, pues la historia de Piazzolla es la de un cosmopolita. Lo que importa no es el recuento de anécdotas de choque cultural ni volver sobre el tópico de la soledad a distancia. Las ciudades en las que la música de Piazzolla se va gestando la marcan y la explican: Nueva York, y el encuentro infantil (y casi casual) con un bandoneón en Chinatown. París, con su brillante oferta de jazz en los años 50, y dos encuentros definitorios: el octeto de Gerry Mulligan y la pianista Nadia Boulanger (“no abandone jamás esto. Esta es su música. Aquí está Piazzolla”, lo envalentonó ella, de modo crucial). Roma y la primera aproximación al rock experimental, en los años 70. Buenos Aires, al fin, como espacio de choque y de provocación entre su mirada de vanguardia y el apego local a una convención musical ya entonces con estatus de patrimonio inamovible: “El mundo del tango era, para ese entonces, como esas estrellas cuya luz sobrevive miles de siglos su propia materia; ya no producía casi nada pero, todavía durante varias décadas más, se proclamaría como representativo de la sociedad porteña. Para ese universo, Piazzolla fue el mal”, sostienen los biógrafos.

“Traidor”, “apóstata”, “sobreintelectualizado”. Los insultos de la comunidad tanguera hacia Piazzolla no cesarán hasta su muerte, y el músico los enfrentará con sucesivas estados de desdén, frustración y coraje. “Me molesta en él que a veces quiere asustar a la gente con arreglos extraños”, dirá el respetado Aníbal Troilo. El conflicto del autor de Adiós, Nonino con el tango convencional era básico: no creía en él como un acompañamiento para el baile en a. “[Para Piazzolla] el baile era una puesta en escena: se podía prescindir de ella”, explica el libro. “Lo que ocurre de la cabeza a los pies le interesa poco o nada. La cabeza es el cuerpo que se escucha”. Su paso juvenil por las orquestas de tango más importantes de las décadas de los 40 y 50 (las de Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, y otras) no amainaron su vocación subversiva, que se encauzó de modo poderoso una vez que el músico se independizó en la dirección de sus propios conjuntos, el más importante de los cuales fue el Octeto Buenos Aires.

Los músicos que van forjando su gusto y su filosofía -Stravinsky, Gershwin, Bernstein, Mulligan- habían sido, también, famosos por su rechazo a la ortodoxia del entorno. Esa inasibilidad no nace desde una ideología (el libro es enfático en descartar al autor argentino como un intelectual), sino desde el mismo desprecio por las convenciones que más tarde lo hará adherir a confusas y contradictorias corrientes políticas (incluyendo palabras de simpatía hacia Augusto Pinochet y la composición de una banda sonora para una película pro Allende de Helvio Soto). En esas y otras áreas, Piazzolla será eterna víctima de los malos entendidos; muy probablemente, porque a él no le interesó nunca aclararlos. El músico a quien su padre bautizó con un nombre inventado creció, de ahí en adelante, entre definiciones abiertas y enfrentadas, como el hecho de ser un tanguero a quien los intérpretes de tango nunca terminaron de aceptar, y un músico al que su audiencia aplaudió por las razones equivocadas. Piazzolla fue ese al que nadie entendió.

 

 

Era necesario sacar al tango de esa monotonía que lo envolvía, tanto armónica como melódica, rítmica y estética. Fue un impulso irresistible el de jerarquizarlo musicalmente y darle otras formas de lucimiento a los instrumentos. En dos palabras, lograr que el tango entusiasme y no canse al ejecutante ni al oyente, sin que deje de ser tanto, y que sea, más que nunca, música”

Astor Piazzolla en las notas del disco Tango moderno.

 

 

 

El mito a trasluz

La portada de Piazzolla, el malentendido, utiliza una foto de junio de 1989 en el teatro Opera, de Buenos Aires, junto al último grupo del músico, el Sexteto Nuevo Tango. Fue su último concierto en Argentina, antes de una extensa gira por Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Holanda, que concluyó con un ataque en su casa de París y una larga agonía hasta su muerte, en julio de 1992. “Elegimos esta foto como tapa porque Piazzolla aparece de espaldas al fotógrafo; él está mirando hacia otro lado y el fotógrafo, a su vez, lo mira desde otro lado. No es la típica foto que se conoce de él, de frente y mirando a cámara, y eso es justamente lo que intentamos hacer en este libro: ya que los documentos siguen siendo los mismos —entrevistas, discos, anotaciones y declaraciones de familiares y amigos—, lo que buscamos fue mirarlos a trasluz, mirarlos desde otro lado para ver si podían decir algo distinto de lo que ya habían dicho o, mejor aún, algo distinto de lo que ya se había leído en ellos; mucho de lo cual, según creemos nosotros, está lleno de malentendidos”, le explicaron los autores del libro al diario Página 12.

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Comentarios

1 Comentarios

diego fischerman :

URL www.cuentosdelpescador.blogspot.com Publicado Miercoles 30 de Diciembre, 2009 - 11:12 hrs

Muchas gracias por la atentísima lectura. Un saludo cordial. 
Diego Fischerman

 
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