El libro blanco del rock reúne biografías y datos de los más variados exponentes de esa corriente musical que ya superó el medio siglo de vida. El volumen ha logrado un gran éxito de ventas y en esta nota uno de sus creadores relata la experiencia. Por Pablo Padilla

"Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Lo dijo Frank Zappa, uno de mis favoritos. Pero, lejos de seguir sus consejos, María de los Angeles Cerda y yo nos lanzamos justo en la dirección contraria. Pasaron tres años, muchos desvelos, audiciones, tocatas, discusiones, subidas y bajadas de ego, y El libro blanco del rock de Rockaxis, vio la luz. La primera guía del estilo hecha 100% en Chile, ni más ni menos. ¿Era necesario un volumen de este tipo? ¡Por supuesto que sí! Se trataba de dar cuerpo a una mirada local sobre el fenómeno.
Los años invertidos dan cuenta de una tarea compleja. Lo primero, y más arduo, fue definir el listado de los elegidos. De un repertorio inicial de noventa artistas, fuimos escalando más y más. Claro, se trataba de abarcar lo más posible, dentro de variaciones como el metal, la vanguardia, el hard rock o el punk. Chilenos y extranjeros por igual. Más aún, sumamos también algunos productores al recuento. Al cierre, compilamos más de cuatrocientos nombres. Aún así, sé que esto es como en el manicomio: no están todos los que son ni son todos los que están. Pero el rock (tocado o escrito) implica riesgo, y creo que valió la pena correrlo.
El libro blanco… no es una guía común y corriente. Se trata de dar un sello distinto, recomendando bandas desde la óptica de la pasión y el sentimiento. Quisimos explicar porqué cada artista ocupa un lugar en nuestro corazón. Los noventa iniciales se aseguraron un texto más largo. Los demás se reseñan más brevemente, pero, en todo caso, con igual intensidad. Y pusimos ensayos sobre temas como el blues o el rock chileno. Pero la mirada emotiva es el hilo conductor de esta propuesta.
Espero que este libro sea una invitación para que el fanático se vea reflejado en sus páginas. También confío en que el lector ajeno a la tendencia se sienta invitado a explorar, en todo su ancho, la electricidad del rock. Sin prejuicios. Y a todo volumen, como corresponde.
