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Artículo correspondiente al número 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010


 

Muchos sostienen que la radio revivió gracias al terremoto. Sin embargo, su resurgimiento es anterior. Por Mauricio Contreras.

 
 
En la búsqueda incesante de grandes aliados para tener una buena vida, la radio ha sido y es clave. Muchos de los grandes momentos de esparcimiento son acompañados por ella (asados, fiestas, juntadas con los amigos, partidos de fútbol), a menudo sin darnos cuenta del tremendo valor que tiene para nosotros en el tiempo libre.

Se ha escrito mucho que tras el 27 de febrero la radio revivió gracias a su inagotable transmisión, a su veracidad, a su confianza y sobre todo por estar ahí cuando se corta la luz, se caen los celulares y no podemos comunicarnos. Por desgracia, las medallas a la radio como medio de comunicación se las estamos dando cuando la tierra se movió. Antes, parece que estábamos tan alucinados con Internet o el iPhone que casi la olvidamos.

Quizás el gran problema de la radio es que ha sido muy piola. Sucede que no sólo ahora está viviendo un buen momento; lleva años en un excelente nivel, aspirando a nada más que a acompañar, en un rol que no suele lograr el reconocimiento que corresponde. ¿Cuánta cobertura se le destina en medios impresos versus lo que se escribe sobre la televisión? Nada.

La radio en Chile ha sido muy regular, respondiendo siempre, entregando una oferta sin parangón en nuestro país. Hay de todo: de noticias y deporte, para niños, de vanguardia, mujeres y juveniles, de música orquestada, universitarias y de grandes clásicos. Es tanta su segmentación que uno puede escuchar un programa de ovnis, de tango o de golf.

Pero quizás su gran valor sigue siendo que es un gran pasatiempo para los chilenos. El 60 por ciento dice que se entretiene escuchando música y allí entra la radio con su oferta de 24 horas, sin grandes pretensiones. Su éxito radica, precisamente, en este punto: no pretende ser más de lo que es, sino sólo un medio sencillo para estar en los autos, casas, oficinas y reproductores personales, acompañando la vida diaria, sin esperar un premio a cambio.

 
Menos sal, por favor
Mucho mérito está haciendo el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, en su afán por contribuir a una vida sana de los habitantes de esa ciudad. En los últimos años ha empujado la prohibición para fumar en los espacios públicos en la Gran Manzana y ahora acaba de firmar un acuerdo con 16 importantes compañías de alimentos para que reduzcan la sal en un 25 por ciento de aquí al 2015 en platos y comidas envasadas.

Starbucks, Heinz, Au Bon Pain, Subway y Kraft integran la lista de empresas comprometidas en esta causa. Por ejemplo, Starbucks anunció que disminuirá la sal en los sandwiches del desayuno y Heinz, que bajará los niveles de sodio en sus ketchups.

De acuerdo con estudios norteamericanos, el solo hecho de reducir en un diez por ciento el uso de la sal en la alimentación prevendría cientos de miles de infartos y le significaría un ahorro en salud a Estados Unidos de 32.000 millones de dólares.

Bloomberg agradeció el apoyo de las empresas que se sumaron a la campaña, ya que las estadísticas son concluyentes: el 11 por ciento de la sal en la comida la agregan los consumidores, mientras que el 89 por ciento restante ya viene en los alimentos.

 

Fórmula uno en Nueva Jersey
El presidente de la Fórmula uno, Bernie Ecclestone, sigue adelante con su cruzada por conseguir que la competencia vuelva a Estados Unidos. Hace poco señaló que un nuevo circuito podría desarrollarse en Nueva Jersey, en 2012, por un lapso mínimo de cinco años.

En los terrenos de 500 hectáreas del parque Liberty State, cerca de la isla Ellis y a sólo medio kilómetro de la estatua de la Libertad, se pretende darle una fecha a la máxima prueba automovilística, que retornaría a Estados Unidos desde 2007, cuando para el evento se utilizó el circuito de Indianápolis.

Se trataría de una carrera semiurbana, con una extensión de 5, 7 kilómetros y que incluso podría disputarse de noche, con el telón de fondo de los rascacielos de Manhattan. Pero no sería la última aspiración del viejo Bernie: ya manifestó que desea que Rusia pueda tener una fecha. Los fanáticos tuercas, felices.

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