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Radiografía al Fondart: ayer, hoy y mañana

Artículo correspondiente al número 287 (22 de octubre al 4 de noviembre de 2010)

 

A 18 años de la creación del Fondo Concursable Fondart es momento de revisar su trayectoria. Conocido por financiar películas como El Chacotero sentimental o La Casa de vidrio, este fondo ha recibido tanto aplausos como críticas... y hasta dardos, desde todos los sectores sociales. Hoy, luego del cambio de gobierno y con una conocida y millonaria deuca del Consejo de la Cultura y las Artes, el ministro Luciano Cruz-Coke analiza el pasado y tira líneas sobre el futuro. Por María Jesús Carvallo; fotos, Verónica Ortiz.

 

Desde sus inicios el Fondart -Fondo Nacional para el Desarrollo de las Artes- ha estado en el ojo del huracán. Algunos lo asocian con éxitos rotundos, como la película Ogú y Mampato en Rapa Nui, que estuvo en cartelera durante 78 semanas y fue vista por casi 300 mil personas. Otros, con situaciones polémicas, como el proyecto de la Casa de vidrio y los desnudos de la actriz Daniella Tobar dentro de la misma y a la vista de los transeúntes.

Creado en 1992 durante el gobierno de Patricio Aylwin, el Fondart nació como una manera de fomentar la creación y el desarrollo artístico y cultural del país a través del financiamiento de proyectos presentados en concurso público.

El presupuesto se destina a respaldar distintas iniciativas, en cuyos análisis participan cerca de 500 especialistas. Pero las opiniones sobre este beneficio estatal son encontradas e incluso sacan chispas.

La galerista y socia de Ch.ACO, Irene Abujatum, es clara: “los Fondart son una herramienta buena para generar proyectos sin presupuesto. Gracias a ellos se han podido llevar a cabo creaciones que no veían la luz. Sin embargo, lo complicado va por el lado de la selección de los jurados. Es difícil saber quién está capacitado para evaluar. Siento que se deben reformular los equipos seleccionadores, porque son éstos los que eligen los proyectos ganadores y tienen en sus manos el desarrollo cultural del país”.

Cantidad versus calidad

Que los evaluadores sean idóneos, que posean la especialización necesaria y apliquen una mirada objetiva a la hora de elegir a los seleccionados infl uye directamente en la calidad de los proyectos. Sergio Parra, socio de la editorial Metales Pesados, lo explica: “el Fondart ha hecho que baje la calidad de los proyectos artísticos y que se haya producido una infl ación en el tema editorial que no es real. Se han entregado muchos fondos, pero a escritores no reconocidos, lo que implica que sus obras no son de excelencia. Cantidad no es calidad. Siento que no se premia bien y que así ocurre que los proyectos que se desarrollan no son buenos, sino libros que luego la gente no compra, porque no le llaman la atención”.

Otros apuntan a que el problema radica en la burocracia a la hora de postular a los fondos. Centenares de papeles, fi rmas ante notario, meses de investigación y recolección de datos han conseguido que, en vez de incentivar el proceso de postulación, ocurra lo contrario y sean menos los que apuesten por participar. “Lo que no ha cambiado, y esta circunstancia es de fondo, es la burocracia del sistema del Fondart. Yo he ganado algunas becas en el exterior, como la John Simon Guggenheim de Nueva York, y nunca he tenido que llenar tantos formularios como acá. Este sistema está basado en la desconfi anza. Por eso tanto papeleo. No hay que partir de la base del engaño”, se queja el artista visual Arturo Duclós.

Enfoques del ministro

El ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, tiene claro el panorama. “En el Consejo de la Cultura ha habido graves problemas de administración. Deudas de 1.600 millones de pesos, informes lapidarios de Contraloría, juicios de cuentas a funcionarios del Consejo... Cuando le pedí a una consultora una comparación de esta gestión con la de otros servicios públicos, se me respondió que no había punto desde el cual comparar, que el Consejo de la Cultura es el servicio del Estado que peor funciona, por lejos. En mi opinión, tal dictamen es lapidario”.

-¿Cómo han sido el desarrollo y la evolución del Fondart durante estos últimos años?

-Tengo la impresión de que, desde su creación, el Fondart ha sido un mecanismo efectivo en términos de creación artística en Chile. Pero, a la vez, no ha sido tan exitoso en otras áreas. El Fondart ha permitido que el aumento de bienes y servicios culturales en el país sea formidable –si se toma en consideración lo que existía el año 92–, aunque no ha alcanzado igual triunfo al tratar de hacer que esos bienes y servicios lleguen efectivamente a los chilenos, al público general. Es decir, no es directamente proporcional la creación artística con su llegada a la audiencia. Y esta es una de las grandes razones de nuestra propuesta de modernización de los fondos concursables. En las administraciones anteriores se pensaba que los fondos tenían como cliente único al artista gestor. Pero eso es un error. Este beneficio se completa cuando vuelve a la ciudadanía. Está pensado para eso, para que toda la comunidad vea mejorada su calidad de vida con mayor acceso a la cultura.

-Y, concretamente, ¿cómo pretende solucionar este vacío?

-Nos dimos cuenta de que las industrias debían entrar al juego. Es decir, nuestra misión no es solamente proveer a artistas, gestores y productores la posibilidad de acceder a un fondo –lo que hasta ahora se ha transformado en una especie de beca de superviviencia–, sino también crear ciertos estímulos para que ellos tengan otras herramientas que les ofrezcan ciertas alternativas para autogenerar financiamiento a través de otros mecanismos. De esta forma se evita lo que pasa hoy, cuando estos actores esperan que les caiga el maná del cielo y si no se lo ganan, no tratan de crear el proyecto de otra forma, porque saben que al año siguiente tienen la posibilidad de volver a postular y, eventualmente, ganarlo.

- ¿Y qué hicieron?

- Un análisis completo de la cadena de valor que involucra la creación de bienes artísticos desde el primer paso, que es la creación del producto, hasta el último instante, que es la llegada a los públicos. No fue sorpresa descubrir que el problema estaba al final, en el proceso de difusión, circulación y publicidad de los bienes culturales. Percibimos que la compenetración del trabajo que hace el Consejo de la Cultura con los distintos fondos y la industria estaba completamente desconectado.

-Usted anunció un plan de modernización institucional. Esta medida incluía cambiar la denominación y reemplazar la actual de Fondart por la de Fondos Cultura. ¿Es una forma de desmarcarse del Fondart de administraciones anteriores, y limpiarlo de las polémicas y críticas que ha tenido desde su creación?

-El objetivo del cambio de nombre va más allá, son varios puntos. El Fondart es el primer fondo que se crea y la gente conoce y asocia esta generalidad a todas las áreas pero, en verdad, éste apunta sólo a las artes. Hoy, a 18 años, se ha ampliado el espectro de ayuda y hay otros fondos, como los del cine, la música y los libros. Por lo tanto, hablar sólo de Fondart es un error. Son fondos de cultura, un gran paraguas que busca promover el desarrollo cultural del país.

-Recientemente, el artista Iván Navarro afirmó que si no existiera el Fondart el ambiente artístico sería como en el resto del mundo, donde el Estado los apoya muy poco, y que en otros países tienen mejores museos o centros culturales porque el dinero se lo entregan a las instituciones y no a los artistas directamente.

-Es cierto lo que dice Navarro. Estamos incentivando al artista, pero nuestras instituciones culturales no están recibiendo ese mismo apoyo. Hasta ahora nos hemos esforzado en fortalecer una parte de la cadena, la del artista. Pero falta la otra parte, la del público. Para ello estamos trabajando en un mecanismo de estudio de subvención de la demanda. Faltan hábitos de consumo cultural. El fondo debe ir coligado con la industria, por una parte, y por otra con un mejoramiento legislativo que permita la integración de nuevos actores al financiamiento cultural. Es decir, los privados. Eso no implica privatizar la cultura, sino que la sociedad civil se haga parte, tal como ocurre en otros países. No podemos seguir pensando que el Estado es una especie de papá cariñoso con el artista, al que no se le puede dejar solo y, así, tratar de tener mayor cobertura. Eso está mal, porque existe talento de sobra. No puede ser que los artistas buenos se vayan al extranjero porque no creamos las condiciones para que puedan vivir acá y autosustentarse. Hay que dejar de pensar que la cultura y la economía son una antinomia. Estos conceptos deben ir de la mano.

Recursos sin destino

-¿Cómo ve los comentarios que Justo Pastor Mellado dio al diario El Mercurio en 2009: “…en regiones, los Fondart los ganan allí los artistas tardomodernos que no logran tener circulación nacional, pero se aseguran como héroes locales…”?

-El Fondart se ha transformado en una especie de estipendio que el Estado asigna a artistas que de otra manera no podrían sobrevivir por sí mismos. Eso no puede ser. No por el hecho de ser artistas o de creer que lo son, el Estado tiene que financiarlos, porque, si no, ¿por qué no hacerlo con otro tipo de actividades? ¿Quién legitima al artista sino su obra? Lo que Mellado dice es cierto. Hemos dilapidado recursos en productos creativos de regiones que no han llegado a ninguna parte. Y nos hemos dado cuenta de que en las regiones en que hay educación superior la postulación mejora enormemente en términos cualitativos.

- Frente a proyectos polémicos, algunos cuestionan la entrega de fondos a creaciones no idóneas.

- Acá hay un jurado, y el Estado y el Consejo deben velar para que las expresiones artísticas tengan una expresión según la ciudadanía lo postula. Son muchos proyectos por año; hay algunos más aceptados, otros que pueden funcionar menos y siempre habrá un margen de proyectos polémicos que no le van a gustar a todo el mundo. A los jurados les compete determinar el punto de vista estético, artístico. La ley no permite opinar sobre el contenido ideológico que esos proyectos puedan tener. Y, además, la moral tiene que estar fuera de la opinión del Consejo, porque ésta depende de las personas.

-La ex ministra Paulina Urrutia, ¿contribuyó o no a mejorar la imagen de los Fondos de Cultura?

-Es pública la debacle administrativa que existe en este Consejo. Por una parte creo que si hay algo que se puede rescatar de la administración anterior es que hubo voluntad política para aumentar los fondos de cultura, y eso es bueno. Pero pienso que también hubo excesiva desprolijidad en la forma en que los fondos se repartieron y que no hubo una decisión estratégica de entender que esto no solamente debía beneficiar a un grupo de artistas, sino también llegar a los públicos. Creo que debemos ponernos en los ojos del mundo. Chile, como mercado, no da para sustentar a tantos artistas. Hoy día salen y salen personas de carreras artísticas que terminan como cesantes ilustrados. Como Estado, no podemos hacernos cargo de eso. No podemos vivir aumentando infinitamente los fondos para hacer caridad artística.

-Entonces, ¿será que ahora su administración abrió los ojos ante las gestiones anteriores, vio las falencias y quiso hacer algo?

-Yo lo tenía claro desde hacía mucho tiempo, pero tengo la impresión de que cuando los gobiernos se mantienen durante largos períodos y las instituciones también, se crean ciertas inercias. A la ministra Urrutia le cambiaron al subsecretario cuatro veces. Era un cargo en que lo nombraba un partido político con cupos asignados. Eso puede parecer bien o mal. Pero lo que sí es cuestionable e inaceptable, a mi juicio, es que esta persona no sea de plena confianza del ministro. En ese caso pasó que se crearon dos gabinetes paralelos, el de la ministra con su total organigrama y el del subdirector, que se encargaba de la parte administrativa. Y muchos, no todos, entraron o usaron al Consejo como plataforma política, lo que devino en deudas por más de 1.600 millones de pesos. No sé como calificarlo. Es, por decir lo menos, extraño.

-¿Cómo explica que a pesar de la millonaria deuda –que implicó que este ministerio llegara a Dicom con categoría G, la más alta que tiene esta entidad financiera para los deudores– este 2010 se haya aumentado la cantidad de dinero para los fondos concursables?

-Este año se destinaron aproximadamente 19.800 millones de pesos para todos los fondos de cultura e incluso en 2011 habrá un aumento de 3.200.000 dólares más. Pero este aumento no tiene que ver con las deudas que acarrea el Consejo. Son cosas distintas. Los fondos no han tenido hasta ahora problemas con sus rendiciones. Me atrevería a decir, incluso, que es de lo que ha funcionado bien, como una república independiente. La deuda tiene que ver con honorarios no respaldados, entre otros asuntos. Harina de otro costal. Por lo mismo, el ministerio de Hacienda y el mismo presidente aceptaron aumentar el presupuesto para este año porque al final, aunque este sistema es perfectible, finalmente cumple con su objetivo de producir mayor creación de bienes y servicios de cultura.

-Se le viene un panorama desafiante entonces, por decir lo menos…

-El servicio que estaba entregando el Consejo era absolutamente deficiente. Y no sólo para el público general, sino también para los artistas, mis colegas. Pero hoy hemos conseguido un equipo de gente joven que está haciendo que esto funcione hacia una dirección en la que podremos ofrecer un servicio de calidad a las personas y de aquí a cuatro años más esperamos se transforme en un mecanismo de excelencia. Yo pensé que los artistas iban a ser mucho más resistentes a un gobierno de derecha, pero se me han acercado y me han dicho: “gracias, la cosa está funcionando mejor”. Hoy estoy preocupado de ordenar la casa. Y de hacer que el sistema sea eficiente y eficaz con los recursos. La ejecución presupuestaria que tendremos este año es de un 95% por lo bajo, a diferencia de la del año pasado, que fue de un 87% y la del anterior, de un 84%. Si le vamos a pedir recursos a Hacienda, también queremos demostrar que el Consejo de la Cultura no es el niño tonto de los ministerios. Que podemos hacer la pega bien.

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Comentarios

4 Comentarios

Roberto Bondancieri :

Publicado Domingo 19 de Diciembre, 2010 - 19:28 hrs

Ufffffffffff, al fin alguien inteligente en el CNCA, por lo menos tiene claro lo inoperante de los últimos años. Economía y cultura deben ir de la mano, el resto es ideología trasnochada.

mario carvajal :

Publicado Viernes 17 de Diciembre, 2010 - 18:24 hrs

Hablar de "demanda cultural" suena extraño cuando se trata de la manera en que el Estado se vincula con la "cadena" de creación cultural. ¿Es posible que el Estado se haga parte en generar una "oferta cultural?... históricamente, tal vinculación nace o se transforma en propaganda... ¿puede un gobierno o el Estado en su conjunto hacer hoy en día propaganda de sí mismo a través de la cultura?... ¿con qué mecanismo se espera devolver a la ciudadanía la estética que, se supone, demanda?... ¿existe ese fenómeno?... Piñera alguna vez tuvo la ocurrencia de consultar por internet qué tipo de creación quiere la gente... esa frase parece despedir la tierna fragancia de la democracia llevada al terreno de lo estético, pero enajenada de su ecosistema natural, más vale invertir en qué tipo de salud o de Constitución o de sueldo mínimo quiere la gente. Esa consulta pública suena bastante extravagante en un país que no se ha caracterizado por hacer consultas ciudadanas... parece ficción... casi un sueño... una sociedad culta determinando la obra de la que espera nutrirse. 
El señor Pastor Mellado, de seguro piensa que Santiago es el ombligo del mundo en lo que a creación artística se refiere, por qué mejor no hablar de la "circulación" internacional de las obras financiadas por fondos concursables, en ese caso.  
Los recursos que el Estado entrega para el desarrollo cultural pueden ser entendidos como una inversión o un gasto, ¿por qué el Estado chileno gasta en cultura?, creo que la falta de "circulación" de la producción artistica financiada con estos fondos es, de algún modo, reflejo de la falta de claridad del propio Consejo supremo de las Artes para hacer llegar a la ciudadanía un concepto que oriente el resto de la llamada "cadena". Si se toma como una inversión, hay que pensar en lo que en Chile se conoce como "sandía calada"; mejor invertir en un producto que me asegure una ganancia, un arte sin apuesta ni propuesta, una creación sin riesgo ni insolencia. Matta lo expresó con claridad cuando recibió el premio nacional de artes.  
Si es por eso el Fondart debiera financiar el próximo disco de Américo -nada contra él- pero es el tipo de música que responde a una estética de masas y por lo tanto es una buena inversión económica y social si se quiere argumentar. Debiera invertir en convencer a los niños de las orquestas juveniles de Chiloé para que toquen regetón que es lo que la gente quiere... ¿para qué aprender violín? 
Con todo, un producto cultural de consumo en una sociedad de consumo me parece coherente y hasta una tendencia de época pero una verdadera creación artística que se filtra en este sistema me parece un milagro. 
Jamás ví una película donde actuara el señor ministro, no dudo ni un segundo de su talento, pero ¿habrá sido un éxito de taquilla?...¿el cine chileno "dará" como dice para haberlo sustentado como artista?... si el Fondart lo hubiera financiado ¿se habría invertido bien el recurso en alguien que a poco andar se iba a dedicar a la política?... 
Gracias a Dios tenemos ministro, lo que falta es un ministerio.

Gustavo Jorquera :

Publicado Viernes 29 de Octubre, 2010 - 15:27 hrs

Lastarria ha tenido Fondart y su situación de sociedad no es clara. Los esfuerzos hoy estan destinados a denostar a un equipo en formación, en uno de los ministerios más jovenes del país, con gente especializada en temáticas que no siempre son de la alta academia. La Cultura se aprende en el territorio, no sólo en el taller-estudio. El actual CNCA ha privilegiado claramente una relación más con el artísta para no tener problemas con esa área, pero es Consejo de la Cultura y las Artes, dos cosas distintas y el cambio mayor fue a despojar del acceso a la comunidad de los bienes culturales, aunque duela tener cultura y arte de primera en las poblaciones y aprender de la relación del habitante con su entorno. No todo es fondos, y seguiran existiendo esfuerzos en centrar la discusión en ese ámbito.  
Tal como le dijera a Cruz Coke Antonio Skarmeta, aunque duela igualmente, la Cultura y el Arte con mayúscula, históricamente, mundialmente reconocido, es valuarte de la izquierda en Chile. Parra, Neruda, Mistral, Matta, etc. ya que coincido con las propias palabras del Sr. Ministro: "la derecha chilena es intelectualmente mediocre" (sic).

Constanza Rojas :

Publicado Jueves 28 de Octubre, 2010 - 14:05 hrs

La realidad que vive hoy el Fondart, al igual que otros fondos públicos, es el de las investigaciones. Sorprende ver cómo después de que la Concertación se fue, y llegó la Nueva forma de gobernar, se han destapado una cantidad de casos de proyectos sin sentido, platas perdidas, recursos mal distribuidos, etc. Aunque la intención de los Fondos de Arte son la de incentivar la cultura, el objetivo queda replegado a segundo plano con los desórdenes de recursos. ¿Pero qué hacer? ¿eliminarlo, reducirlo u ordenarlo? aunque no existen muchos proyectos que destaquen, y pienso que varios "artistas" se las dan como tal para recibir fondos, sólo queda reestructurar y ordenar la casa.

 
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