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¿De qué hablamos cuando hablamos de bicentenario?

Artículo correspondiente al número 284 (10 al 23 de septiembre de 2010)

 

Mientras la discusión pública parece enfatizar las fiestas y obras que celebrarán los 200 años de la Junta de Gobierno que derivó en la Independencia, les preguntamos a cuatro historiadores qué hay en el fondo del asunto. ¿Tenemos motivos para festejar? ¿Quiénes son los héroes olvidados? Las respuestas no dejan indiferente. Por Marcelo Soto.

 

 

Una famosa frase de Marx dice que “los hombres hacen su historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado”. En otras palabras, el cambio no puede hacerse por pura espontaneidad o voluntarismo. La tradición condiciona el futuro.

Esto resulta especialmente cierto al revisar la independencia de Chile, un proceso iniciado en 1810 con una Junta de Gobierno que juró lealtad a la monarquía española pero que con el pasar de los años se transformó en un movimiento emancipador y furiosamente anticolonial. El giro fue progresivo y dio origen a la nación que hoy se dispone a celebrar el Bicentenario.

Hasta ahora, la discusión se ha centrado en las obras y fiestas que darán realce a la efeméride. Sin embargo, vale la pena detenerse en los temas de fondo. Para eso invitamos a cuatro destacados historiadores, quienes desde posiciones muy diversas –y a menudo opuestas– intentan dilucidar las claves que surgen de este aniversario, que se anuncia con más ruido que nueces.

Manuel Vicuña, decano de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales; los premios nacionales de Historia Gabriel Salazar y Sergio Villalobos y Alfredo Jocelyn-Holt, autor de una Historia de Chile que lleva tres tomos, aceptaron el desafío. Es probable que algunas de las interrogantes no tengan una respuesta clara ni única, pero, ¡vaya que es necesario hacerlas!

Manuel Vicuña:
"Ha habido una disputa entre un modelo centralista y otro democratizante"

 

-En estos tiempos se habla mucho de los monumentos u obras que se hicieron (o no) para celebrar el bicentenario, pero poco se dice de lo que en verdad estamos celebrando. ¿Qué debiésemos rescatar en esta efeméride como motivo de festejo?

-Las efemérides nacionales ponen en escena un sentido de comunidad, activan sentimientos de identifi cación con un colectivo, con una historia particular, pero rara vez funcionan como un abono para refl exiones profundas sobre el sentido último de las conmemoraciones. Apelan a las emociones antes que al intelecto. ¿Qué rescatar? El sentido republicano de la política como un ejercicio dialogante para la articulación de bienes comunes más que como una negociación de intereses particulares anteriores a la deliberación colectiva.

-En EEUU se suele destacar el discurso liberal de los padres fundadores como una de las bases que dieron origen a ese país. En el caso de Chile, ¿existen valores profundos que impulsaron la independencia, más allá de los personalismos y las disputas durante la guerra contra el poder colonial?


-Aunque a nivel minoritario, se producen debates claves: por ejemplo, en la década de 1820, en torno a las relaciones entre república y democracia, decantándose posiciones que, en síntesis, aspiran a inhibir o bien a estimular la participación ciudadana. Este debate transcurre cuando el peligro inmediato del dominio monárquico se diluye, pero se difunde, entre sectores de la elite, el temor a la anarquía, al desborde popular, a la seducción de los demagogos, a las asonadas militares, a los desgarros intestinos de las luchas entre facciones. Se trata de un debate cuyos ecos resuenan a lo largo de la historia de Chile, porque ésta ha estado marcada por la disputa entre un modelo de república centralista, que infantiliza al pueblo como sujeto político, alegando la necesidad de su tutela racional, y otra lectura más democratizante, que pretende diseminar territorialmente el poder y estimular la mayor participación ciudadana. En otras palabras, en el origen hay un debate sobre el alcance de la democracia y nuestra aptitud para ejercerla. Esa polémica, en cierta forma, sigue vigente.

-Durante el proceso de emancipación, ¿había en el pueblo un genuino afán democrático o independentista o una idea sobre la particularidad de Chile como nación?


-El origen coyuntural de la independencia es externo: todo comenzó a moverse cuando el trono español quedó acéfalo y las tropas de Napoleón invadieron España. La elite criolla aprovechó la oportunidad de convertirse en la clase dirigente de un nuevo Estado. El pueblo sólo se sumó de a poco, sólo parcialmente, y a menudo de forma involuntaria, mediante levas forzosas de soldados o la imposición de los hacendados. El sentimiento de nación sucede –no antecede—al nuevo Estado.

-En ninguna plaza del país faltan las estatuas de O’Higgins y de Prat. ¿Qué héroe olvidado merecería mayor atención?


-Aunque no está olvidado, yo reforzaría la figura de Andrés Bello. Tuvo clarísimos los desafíos de la construcción de un Estado-nación. Con su polifacético trabajo intelectual ayudó más que nadie a encauzar ese proceso.

 

Alfredo Jocelyn-Holt:
“La independencia de Chile fue elitista, nulamente popular”


-Se anuncian fiestas masivas y un largo feriado para festejar el Bicentenario. ¿Hay de verdad razones para celebrar?

-Durante bicentenarios recientes se discutió mucho si había que “celebrar” o tan sólo “conmemorar”, según el grado de autocomplacencia. Siempre es bueno pensar, reflexionar, la historia. Las efemérides son excusas u oportunidades que aporta el calendario. Hay que tener cuidado, eso sí, con el uso oficialista y comercial que siempre ha acompañado estos festejos algo vulgares.

-¿Qué ideas o principios hay detrás de la formación de Chile como república?


-Los historiadores somos más escépticos, ahora último. Pensamos que la “nación” puede ser un constructo artificioso, una “invención”, que el Estado promueve ideológicamente para aglutinarnos y esconder nuestras diferencias y pluralidades. El estado-nación, sin embargo, es probablemente menos autónomo, hoy en día, a causa de la globalización. Por eso, quizás, su menor éxito en su afán convocatorio. Las ideas de nación y república son potentes, tienen una larga historia, pero no por eso dejan de ser contingentes, pueden debilitarse.

-¿Fue la independencia un hecho fortuito, una reacción de la elite o hubo un proceso masivo, popular que la hizo posible?


-En mi opinión las independencias hispanoamericanas fueron inicialmente accidentales a causa del desmoronamiento de la monarquía tras la invasión napoleónica de la península. En Chile fue más elitista, nulamente popular ( a diferencia de México). No hubo revolución, ni agitación social, aunque se temió que ocurriera, pero el liberalismo republicano oligárquico la evitó. Siempre ha habido reflexiones sobre este país, pero el nacionalismo es mucho más tardío, más de mediados del siglo XIX que de 1810.

-¿Qué personaje rescatarías del pasado que no ha tenido su justo reconocimiento y por qué?


-La costumbre de ensalzar a figuras públicas y héroes ha decaído a tal punto que sus pedestales sólo sirven para grafitis, ceremonias protocolares y que los perros levanten la pata. Nuestros personajes notables están plenamente identificados hace rato. Faltan buenas biografías y estudios que ahonden en ellos, pero es cuestión de tiempo, ya vendrán.

Gabriel Salazar:
“Ni O’Higgins ni Carrera eran democratas”


-Usted ha sido bastante crítico de las celebraciones del Bicentenario, ¿por qué?

-Por una parte, uno puede quedarse en la formalidad del cumpleaños de la independencia, la que ocurrió entre 1810 y 1817, pero también uno puede preguntarse qué hemos hecho durante estos 200 años, qué tareas históricas hemos logrado realizar exitosamente y cuáles no.

-¿Cuáles serían los mayores fracasos?

-La primera gran tarea que no se ha cumplido es la industrialización. Hoy consumimos modernidad, pero no la producimos. Eso genera una cultura de dependencia, un vacío que en estos 200 años no hemos podido llenar. Otra tarea pendiente es integrar toda la sociedad dentro de un proyecto nacional de desarrollo, como lo ha hecho Japón. Chile está entre los tres o cuatro países con mayor desigualdad de ingresos del mundo. Tenemos una elite globalizada, pero una gran masa que no se integra, concentrada en actividades del mercado negro. El tráfico negro es mucho más rentable que el salario, y mientras subsista esa diferencia, el grueso de la población se va a mantener al margen del sistema. Esto se disimula en Chile a través de créditos de consumo. Otra tarea no realizada es un estado que sea construido por la ciudadanía. Las tres veces que se ha construido estado en Chile ha sido producto de golpes de estado o de movimientos autoritarios: Portales, Arturo Alessandri y Pinochet. No hay muchas razones para celebrar.

-¿Hubo en el origen de la independencia un afán liberalizador o fue un movimiento que se debatió entre diversos personalismos?

-Si y no. En Chile, al término del poder colonial, se habían desarrollado dos concepciones de la política. Por un lado la elite comercial de Santiago, que pudo comprar y ocupar los cargos del imperio español en la capital. Era una estructura imperial que la oligarquía mantuvo todo el siglo XVIII. La ruptura con España significó para esta oligarquía, que ya tenía estos cargos, la posibilidad de ocupar los puestos de más arriba. Pero mantuvo la estructura autoritaria hacia el interior. Para la elite de Santiago la idea de libertad no funcionaba, no eran demócratas. Eran liberales con respecto a España, pero no eran demócratas ni liberales hacia dentro.

-¿Qué pasaba en las provincias?


-Había 49 pueblos en Chile además de Santiago, que llevaban una vida aislada. Lo central era producir para sobrevivir. Los problemas se resolvían en asambleas abiertas y democráticas. Entonces, ahí surge un concepto diferente de poder, referido a la producción, participativo, todo lo contrario del autoritarismo imperial.

-¿Estos dos conceptos de poder, el de Santiago y el de la provincia, van a entrar en conflicto?


-O’Higgins y Carrera entran en juego desde otra perspectiva. Ellos querían la independencia respecto de España, pero O’Higgins se mueve en función de la logia lautarina, un grupo conspirativo que los ingleses habían ayudado a formar en Londres con todos los exiliados. Esta logia se había propuesto liberar a América de España, pero a la vez asociarse con Inglaterra. El plan maestro era organizar una gran monarquía en Hispanoamérica con un príncipe inglés. Por su parte, a Carrera lo habían mandado a estudiar a España pero no estudió. Ninguno de estos próceres estudió. Sus hermanos tenían mando militar y él, movilizando a sus hermanos, da golpes de estado, sin ningún plan, con un vago discurso liberal. Tanto O’Higgins como Carrera actúan arbitrariamente. Con una actitud muy personalista en el caso de Carrera; y O’Higgins, de forma muy dictatorial, apoyado en una logia terrible.

-¿No tenían apoyo popular?


-Esos dos señores llegan por arriba, a través de aparato militar. Ninguno de los dos tuvo prestigio en la tropa, perdieron todas las batallas que pelearon, nunca fueron populares. El caso de Manuel Rodríguez es distinto: se movió en el ámbito de los cabildos, era un demócrata y cuando Carrera le otorgó una guerrilla, tuvo pleno éxito. Llamó a elecciones libres. O’Higgins era contrario a las elecciones, y por eso entre ambos surgió el conflicto. Los pensamientos democráticos estaban vivos en los pueblos de la provincia: eran partidarios de un estado libre. También había un bajo pueblo, conformado por mestizos y vagabundos, que no participó porque no tenía práctica política. Los reclutaban a la fuerza.

-¿Qué personajes rescataría como verdaderos héroes?


-Manuel Rodríguez y, sobre todo, Ramón Freire. Manuel Rodríguez era abogado, un político civil democrático, pero se le ha endilgado el mito de guerrillero. Es cierto que dirigió una guerrilla y triunfó, pero después no se interesó en seguir por ese lado, quiso volver a la política y por eso se enfrentó con O’Higgins. Rodríguez hizo elecciones libres en Colchagua y O’Higgins desconoció esa elección y lo comenzó a reprimir, hasta que lo mandó a matar. El otro héroe y el principal sin duda es Freire. Fue un general victorioso, todas la batallas en que participó las ganó, menos Lircay, donde lo venció Prieto. Aparte de ser un militar admirado, trató de celebrar asambleas constituyentes. En el ejército patriota, el 80 % eran liberales, partidarios de fomentar la producción. Por otro lado, la elite de Santiago no tenía poder militar. Entre 1823 y 1828 la oligarquía capitalina, que no era mayoría, se dedicó a estorbar el proceso constituyente. Finalmente, cuando el pueblo logra darse una constitución, en 1828, Portales decidió organizar un ejército mercenario y con ese ejército derrotan a Freire en Lircay. Sobre esa base, logran construir el estado autoritario de 1833. El historiador que exaltó todo eso fue Ramón Barros Arana, y hundió las figuras de Rodríguez y Ramón Freire. A Rodríguez se le presenta como un guerrillero y a Freire, como un blandengue.

-¿Qué tan importante fue el concepto de libertad en todo el proceso?


-La idea de libertad en la independencia de Chile no hay que pensarla en el sentido de la revolución francesa. Aquí, la idea de libertad con respecto a España todos la compartían, pero la libertad en un sentido político, no. Ni Carrera ni O’Higgins eran partidarios de un régimen democrático. La oligarquía en Santiago tampoco, a diferencia de los pueblos de provincia, que eran liberales. Sus líderes fueron Rodríguez y Freire. Por eso el estado que se construye después de Lircay, no era el que quería la mayoría, sino Santiago, el grupo de mercaderes comandado por Diego Portales. Ese estado de mercaderes es el que aplastó el movimiento industrializador posterior. Y por lo mismo esas tareas modernizadoras no fueron cumplidas y generaron problemas de arrastre que siguen hasta el día de hoy.

 
Sergio Villalobos:
“El bicentenario Ese año se es un fraude”
-¿Qué personaje considera que merece un mayor reconocimiento respecto a otros que se suelen sindicar como padres de la patria?

-Andrés Bello, sin ninguna duda. El hizo un tremendo aporte a la construcción del país, y tuvo una influencia profunda, en la cultura, en las leyes, en la incluso en los gustos literarios. Fue redactor del Código Civil e impulsó la formación de la Universidad de Chile, de la que fue su primer rector.

-En 1910 se inauguraron obras que perduran hasta hoy, como el Museo de Bellas Artes y la Biblioteca Nacional. ¿Qué piensa de la manera en que el país va celebrar el bicentenario?


-Este bicentenario se ha transformado en un espectáculo farandulero, popular. Una cosa vistosa, pero nada serio. No hay una sola obra importante para inaugurar. Entonces, es un verdadero fraude.

-¿La independencia fue un proceso social?


-Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir. Había una aristocracia de gran poder social, cuyo próximo paso era tener un gobierno propio. No poseía ideales emancipadores. Se aprovechó de la coyuntura para hacerse del poder colonial que antes estaba en manos de los españoles. Era un proceso de crecimiento, en el cual disponer del poder político era el paso necesario para sus intereses y para su identificación con el país. El sector alto estaba ligado a la monarquía, por sentimiento e intereses. La tendencia liberalizadora fue de cierta forma insconciente. Hasta 1810 la idea de la independencia había sido una aspiración oculta de unos cuantos individuos, pero con los años fue ganando aceptación en un grupo pequeño, mientras la mayoría seguía abúlica y reticente a la causa emancipadora.

-¿El pueblo no era proclive a las ideas liberalizadoras?


-El pueblo no existía, era totalmente manejado. El apego al antiguo régimen seguía gravitando en la población. Sin embargo, en los años de la Patria Vieja, entre 1810 y 1814, comenzó a anidarse entre los criollos el concepto de república, un gobierno representativo, con soberanía popular y un sistema jurídico nacional. Con el tiempo, se fue forjando un proyecto de nación, de república. Pero para explicar eso habría que escribir un libro.

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Comentarios

2 Comentarios

Ruth :

Publicado Domingo 12 de Septiembre, 2010 - 16:45 hrs

Es un buen artículo. ces una buena discusión " que qué hablaremos es bicentenario...? la uno de nuestrso grandes problemas como estado _nación es que somo una estado sin identidad, por que no recogio sui historia y su gente se construyo mirando hacia fuera, se forjo y sigue forjándose een la exclusión...

Georges :

Publicado Viernes 10 de Septiembre, 2010 - 22:07 hrs

Mama! Lee lo que dice el 3er gallo!!! los personajes que RESCATARIA! Ramon Freire era un grande! preocupado por el pueblo y a verdadera democracia...Ohigings el hio de puta se lo cago, portales temrinó por hundirlo...

 
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