Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 261 (17 de septiembre al 1 de octubre 2009)
Vivimos en un país que va camino a la obesidad. Y como ésta es una enfermedad que aparentemente no duele, nadie se ve muy preocupado por el tema. Ni siquiera los candidatos a la presidencia. Por Mauricio Contreras.
Uno de los temas que han estado ausentes en toda la retórica que rodea al Bicentenario es la necesidad de mejorar los hábitos alimentarios de los chilenos. Estamos muy pendientes de cómo celebrar tan magna fecha, pero hemos descuidado que para hacer un brindis por nuestros 200 años de vida republicana es fundamental que estemos en buenas condiciones físicas y estéticas.
Según cifras, el 22% de la población en nuestro país es obesa, mientras que el 38% sufre de sobrepeso. Si a eso le sumamos que el 90% de los chilenos es sedentario y sólo se pone zapatillas el domingo para ir al supermercado, vemos un panorama desalentador.
La verdad es que no estamos pendientes de este problema y sólo le damos cierta relevancia entre septiembre y marzo, cuando se viene la temporada de playas y piscinas y nos inquieta la guata. Entonces, nos inscribimos en los gimnasios y nos comprometemos a comer menos y mejor; lo que delata que nos importa más el factor estético que la salud.
La gordura es una enfermedad que, en apariencia, no duele y por ahí se podría entender nuestra pasividad para hacernos cargo del asunto. Los diagnósticos son repetidos: malos hábitos de alimentación, poco deporte, consumo en exceso de comida alta en grasas y predilección por dulces y golosinas.
En una sociedad donde reina la comida chatarra, resulta inquietante que ninguno de los candidatos a la presidencia haya puesto énfasis en la necesidad de un cambio alimentario. Hablan de mejorar la salud, de más camas, de nuevos hospitales, pero nadie le pone el cascabel al gato de la obesidad.
Para vencer la gordura debemos enfrentar desde ya ciertos paradigmas que se suelen repetir coloquialmente: que si un niño es más gordito es más sano; o que hay que comer varios platos “porque son más vitaminas para el cuerpo”.
Lo que sí está claro es que hay que partir por algo y no esperar imposiciones de algún ministerio. Desde la familia, la casa, el colegio y el entorno más cercano deben comenzar los esfuerzos por una nutrición balanceada. Estamos a tiempo para ser un país más saludable de cara al Bicentenario.