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Artículo correspondiente al número 265 (15 al 26 de noviembre de 2009)
Juntarse a jugar Scene it, regar el jardín y reordenar la casa son buenos panoramas para la primavera, dar un giro anímico y aprovechar el día. Por Mauricio Contreras.
Para qué estamos con cosas: somos muchos los que lo pasamos pésimo en el invierno y nos carga estar en esa temporada pendientes de la parafina, la Toyotomi, abrigados hasta el cuello y pegados al Weather Channel para ver si la temperatura subirá un par de grados al día siguiente. Cómo nos cambia la cara cuando llega el 18 y hay que sacar la maleta estival, con polera, traje de baño y chalas incluÍdas, preparando el verano.
La gente sale de su trabajo cuando aún no se esconde el sol, en una señal concreta de que, sí, todavía queda “día” y se aprovechan mucho mejor las happy hours, los cafés o simplemente irse rápido para la casa a estar con luz natural y ventanas abiertas viendo cómo atardece. Para no pocas personas, entre las que me incluyo, el ánimo cambia radicalmente. Sin duda esta es la mejor etapa del año.
Entre los panoramas de primavera hay uno que me ha llamado particularmente la atención. Unas amigas de mi mujer -fanáticas del cable, del cine y de todo lo que huela a cultura pop- nos invitaron a jugar Scene it. Confieso que cuando me lo nombraron no tuve la menor idea de qué estaban hablando. Me explicaron que se trataba de un juego de trivia, interactivo, que se practica con CD de imágenes de películas. A los que no les atrae mucho el séptimo arte quizá no les llame la atención, pero a los que viven buscando novedades en el Blockbuster o en un BitTorrent, les apasionará.
Cuando jugábamos Scene It pensaba que la tradición de juntarse a jugar está un poco extraviada en nuestra sociedad. Lejanos están los tiempos del cacho, del dominó, del póker o de la lotería, tradicionales juegos de playa, por ejemplo, que compartíamos con la familia y que hoy es utópico concretar, porque cada uno dispara para su propio carrete y cada vez cuesta un mundo reunirse en torno a una mesa.
Creo que nos estamos equivocando en este último punto. Suele suceder que nos esforzamos por estar en el restaurante o en el lugar de moda (que tienden a estar repletos de gente) y no le damos valor a juntarse en la casa. Qué mejor estos meses del año, con un clima agradable, para comprar un picoteo, un vino o cervezas, armar una mesa de juego y pasarlo bien un rato. Que el cambio de hora sea también un cambio de hábito en nuestro tiempo libre.
| El placer de regar Con el cambio de hora, sentarse en la terraza a regar el jardín se transforma en todo un panorama. A nadie le viene mal olvidar las tensiones de la pega y las presiones teniendo un break antes de ir a dormir. Entre las 20 y las 22 horas, con una buena silla, un reproductor MP3 y la tranquilidad de que la faena terminó, humedecer el pasto y las plantas es una excelente alternativa para bajar las revoluciones, desconectarse del trabajo y enfocarse en la casa. Es el momento en el cual uno puede estar tranquilo, evaluando la jornada y, por qué no, puede ser el momento en que surgen las respuestas e ideas para ese proyecto en el cual estamos metidos y no hemos podido darles curso. De octubre a abril, una sana terapia, en que interactúan el medio ambiente y la tranquilidad mental. |