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Terapia en tiempos de vacas flacas

Artículo correspondiente al número 251 (30 de abril al 14 de mayo de 2009)

 

Conversar con amigos es gratis y ayuda a disfrutar la vida sin tanta presión. Nada mejor para salir del estrés. Por Mauricio Contreras


En estudio publicado hace muy poco demostraba que Chile es el país sudamericano con menos amigos en la región. Mientras Brasil ostenta un promedio de diez amistades, nuestro país sólo llega a cuatro. Algo nos está pasando. ¿No es acá donde se trata bien al amigo cuando es forastero? ¿Y por qué no partimos por casa y ampliamos nuestro círculo de buenos amigos?

No se trata de sumarlos en Facebook. No. Lo ideal sería quebrar esa vieja tendencia que nos encanta repetir a cada rato: “no, no somos amigos, somos conocidos”. ¡Cortemos la lesera, los amigos no pueden ser sólo los tipos con los que uno estuvo en el colegio desde kinder hasta cuarto medio!

Algunos de nuestros compañeros de trabajo pueden ser grandes amigos y lo mismo los vecinos de casas y departamentos. Vivimos con una gran tendencia a excluir y no a integrar... y eso es fatal.

A juzgar por las estadísticas que miden esa cualidad inmedible que es la felicidad, Chile pareciera ser tierra fértil para la depresión y las pastillas con estrella verde. No son pocos los que van al siquiatra o al sicólogo abrumados por el estrés y las tensiones, y cuando salen de la consulta es como si pesaran 10 kilos menos: “me desahogué hablando. Es como un amigo pagado, pero que sirve mucho”, me confidenció alguien a quien aprecio, horas después de su terapia semanal.

Puede que sea simplista, pero muchas veces la carestía de amistades nos lleva a recostarnos en un diván. Esta columna no pretende cuestionar tan distinguida y necesaria práctica profesional, pero sí fomentar la idea de lo saludable que es contar con amigos cuando uno está en problemas o requiere, por lo menos, conversar un rato.

Dentro de esta lógica, ¿puede haber algo mejor que hablar tonteras en ciertos momentos? Hace poco, en un cumpleaños, me tocó presenciar una divertida conversación que apuntaba solamente a determinar si Robert de Niro y Al Pacino habían estado juntos en una escena de la película Fuego contra fuego o si la habían grabado por separado, como al parecer sucedió. Trivialidades como ésta en asados o reuniones festivas, contribuyen a desconectarse, a pensar menos en el trabajo y a gozar las cosas simples de la vida. No seamos tan graves

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Comentarios

1 Comentarios

Sergio Soto Rivas:

Publicado Sabado 2 de Mayo, 2009 - 14:47 hrs

Interesante tema el planteado por el columnista. Tengo mi propia visión: el chileno es complicado o "enrollado". Poco proclive a hacer amistades profundas y duraderas. Le gusta lo superficial, le gusta hablar, gritar, decir garabatos, caer simpático, reirse de los otros y/o criticarlos, y todo esto en medio de "amigotes", que no es lo mismo que amigo, ese que "iría a todas" contigo. Le cuesta contestar un simple correo electrónico. El chileno en cierta forma es tímido, le cuesta "romper el hielo" (todo lo contrario a los Argentinos). Y con respecto al diván, por supuesto que se abusa de la consulta, que por lo demás a veces puede ser peor el remedio que la enfermedad, por la cantidad de terapias maquiavélicas que se prescriben. Y a veces la solución podría venir de un buen amigo, de buen criterio, que con un sencillo y sabio consejo nos ayude a salir adelante. Falta pasión, sobran escrúpulos y prejuicios.

 
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