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Artículo correspondiente al número 254 (12 al 25 de junio de 2009)
El analista Sergio Melnick presenta su libro más personal, El arca de Moed, que revisa las posibles salidas a un mundo apocalíptico. Aquí habla de su pasión por la escuela esotérica y por la magia, y desde ese particular punto de vista interpreta la actualidad política: “el discurso de Enríquez-Ominami tiene un componente sanador”. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortíz
Empresario y asesor de alto nivel, cualquiera diría que el interés de Sergio Melnick por la tradición esotérica, incluyendo la magia y prácticas como el tarot o la radiestesia, basada en el uso del péndulo para predecir el futuro, es su lado B, la parte freak de un ingeniero doctorado en California. Pero él piensa lo contrario. “Es mi verdadera pasión, mi lado A, lo que me interesa más”, explica en su oficina de Santiago centro, en Huérfanos, rodeado de libros, en medio de un desorden que habla de la diversidad de sus intereses. Entre otras cosas, tiene una colección de piedras que entregan diferentes cualidades de energía y hay mapas desplegados en las paredes, en su mayoría ligados al conocimiento personal y al estudio de la cábala. Basta la menor provocación para que se entusiasme y tome un péndulo de cuarzo, invitando al interlocutor a hacer preguntas sobre lo que viene, ya sea en el amor o en el trabajo. El movimiento del cristal entrega la respuesta.
Si uno inquiere, por ejemplo, si va a tener hijos en el futuro cercano, Melnick repite la interrogante, hablándole al péndulo que sostiene con la mano. Luego de un rato el cuarzo se mueve y apunta la cantidad, incluso el sexo y el año en que nacerán.
-¿Haces magia? -le pregunto.
-Hago magia, pero no en el sentido del truco, sino de la verdad –responde, jugando al misterio.
Todos estos intereses afloran en su nuevo libro, El arca de Moed, un viaje bastante críptico por la historia de la civilización, estructurado a partir de la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si Dios quisiera destruir el mundo hoy en día y te eligiera a ti para elegir aquello que merece salvarse?
“El libro tiene que ver con la búsqueda de la sabiduría, es un resumen y conclusiones de lo que me ha pasado hasta ahora en la vida. Si tuviera que sintetizarlo, es un libro de magia. La hipótesis central es que el mundo ha avanzado muchísimo y de manera increíble en todo lo que tiene que ver con lo material y lo tecnológico. Pero no hemos avanzado nada en el tema espiritual, y de hecho nos hemos ido degradando, en lo ético, en lo moral. Entonces la pregunta es si Dios quisiera destruir el mundo como en la época de Noé, ¿qué pasaría? No lo va a destruir con agua, sino que nos va a inundar de máquinas, de datos, de conocimiento”.
-Tú trabajas en tecnología, sin embargo la visión del libro es bastante apocalíptica en ese punto.
-Es una de las contradicciones vitales que tenemos todos. Si uno sintetiza la historia de la civilización, el ser humano siempre ha estado escindido entre la magia y la ciencia, entre los trascendente y lo cotidiano. Y eso no lo podemos evitar. Necesitamos ambas, no podemos descolgarnos de ninguna de las dos.
-¿Crees que las máquinas van a dominar el mundo, como Matrix o Terminator?
-Va a terminar con una especie de Matrix. Yo lo veo así. Con la tecnología, ya nos pasamos de la raya, somos dependientes de ella, la civilización sin tecnología no sobrevive. Somos 6.800 millones, y si hubiera un colapso tecnológico, sólo podrían vivir en el mundo 800 millones. Hoy día nosotros contenemos a la tecnología, la controlamos, pero en lo que viene, Internet 2.0, el ciberespacio, nosotros quedamos dentro de la realidad virtual. La tecnología no es neutra, tiene su propia ideología y sus propios fines predefinidos.
-¿Qué impide que la técnica esté al servicio del hombre?
-La tecnología tiene una condición fundamental que se opone al ser humano. Es una gran ayuda y nos ha proporcionado bienestar, de eso no cabe duda; pero la tecnología no admite error y la esencia del ser humano es la imperfección. Puede sonar absurdo, pero lo más maravilloso que tenemos es la imperfección. Los seres humanos, por eso mismo, somos creativos, trabajamos equivocándonos. La tecnología no. No admite error ni emociones. Nunca va a poder lidiar con el problema de Dios, de la verdad. Una sociedad que es crecientemente tecnológica es una sociedad que crecientemente va limitando nuestra imperfección, nuestra esencia.
-¿Habría que desechar la tecnología?
-La tecnología es indispensable, no estoy en contra de ella, yo creo que la pregunta del porqué es más importante que el cómo. Y el mundo actual es al revés. Entonces, al preocuparnos solamente del cómo, nos hemos olvidado del porqué, nos hemos ido enredando en esta maraña tecnológica de la que no podemos salir. Y como no hay escape, vamos a ser dominados por esta tecnología. Sin embargo, la dualidad se mantiene. Lo que viene no es que la máquina elimine al hombre. Lo que viene es una fusión del hombre con la máquina.
-La hipótesis de Matrix.
-Claro. Vamos a quedar dentro de la realidad virtual, condicionados por la lógica de la tecnología y no por la lógica humana. Ahí el ser humano pierde supremacía. Para mí esa es la bifurcación, el código que en la literatura aparece como apocalíptico, el 2012. No es que ese año se va a destruir el mundo físicamente, sino que va a quedar en evidencia esta dualidad. Puede ser en cualquier minuto. La inteligencia artificial, las máquinas más poderosas que el hombre, vienen en 20 años; la biotecnología, la intervención genética va a ser dentro de 30 años; la web 3.0, que genera realidades, también aparece en 25 años. Eso es muy poco tiempo. Ya nos echamos una década del siglo XXI. Va más rápido de lo que uno cree y, de repente, nos vamos a encontrar de sopetón con esta realidad tipo Matrix.
-Eres pragmático, y a la vez tienes este lado esotérico. ¿Cómo lo haces para manejar ambos aspectos en el mundo de los negocios?
-Todos tenemos esa dualidad, sólo que yo acepto y vivo esta contradicción y no la niego. Es la contradicción esencial del ser humano. El hombre ha vivido entre la magia y la razón. Y nosotros no podemos evitar el pensamiento mágico. Mucha gente lo canaliza por la fe. Es curioso, porque si tú tienes un ingeniero que es religioso, nadie lo cuestiona, les parece muy bien, pero si es ingeniero y esotérico, les parece muy malo.
-Raro, sospechoso.
- Esta dualidad que tengo yo no te explico cómo es de atractiva para los empresarios. Tengo muchos clientes, hoy amigos, que requieren poder combinar los dos mundos, porque finalmente un empresario, un gran ejecutivo, como todo ser humano, tiene dos frentes: tiene que trabajar para su empresa y para sí mismo. Esa parte en algún momento te pasa la cuenta. La gente que está en el mundo racional les tiene poca confianza a los brujos y magos, porque son rifleros, comerciantes. Cuando se encuentran con uno de ellos y que a la vez maneja la economía, les produce una fascinación tremenda. Para mí es una fuente de consultorías enorme. De gente que te toma como asesor de negocios, pero al mismo tiempo como entrenador de crecimiento personal.
-Otro de los villanos en tu libro es la duda. ¿Por qué le niegas valor?
-Porque es una trampa. El peor ejemplo de la duda les pasa a los políticos. Desde un punto de vista racional, uno puede argumentar un día por el capitalismo y al otro, por el socialismo, con la misma fuerza. Si me pones a defender las virtudes del socialismo, te puedo dar cátedra. Y del capitalismo, igual. Lo que hace la diferencia es que le das una perspectiva valórica. Sólo así resuelves la duda. La seducción de la duda es tremenda, porque no tiene compromiso. Hay que fijar puntos de vista. Sólo así puedes construir. No se puede navegar con la duda. La libertad no consiste en hacer lo que uno quiera. Consiste en saber de quién se hace uno esclavo.