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Artículo correspondiente al número 253 (29 de mayo al 11 de junio de 2009)
La última novela de Philip Roth recrea una rebelión juvenil en 1951, cuando Estados Unidos comienza a resquebrajarse, presa de la ira. Por Marcelo Soto.
Aparte de escribir como si se tratara de un informe forense, uno de los peores desaciertos que puede cometer el reseñador de un libro es revelar algún giro sorpresivo y clave de la historia, impidiendo que el lector lo descubra -y lo disfrute- por sí mismo. Indignación, la última novela de Philip Roth, contiene un aspecto crucial del relato que recién aparece en la página 49, pero contarlo sería como contar con quién se queda la chica de Casablanca al final de la película.
El libro de Roth transcurre en 1951, mientras Estados Unidos se embarca por segundo año en la guerra de Corea, y el protagonista y narrador es un estudiante llamado Marcus, hijo de un carnicero judío de Newark, quien se inscribe en una universidad de Ohio como una manera de huir del agobiante entorno familiar.
El padre de Marcus vive imaginando desgracias y se vuelve tan aprensivo respecto al futuro de su único heredero que provoca, sin saberlo, una reacción de sucesos funestos. Igual que las ondas de una piedra lanzada al lago, el hecho más nimio puede originar una catástrofe.
La novela se arma en torno a esta idea: nuestras vidas pueden cambiar debido a situaciones azarosas que no controlamos. Es un viejo tema en los libros de Roth, una visión que le sirve al autor para meterse tanto en la historia de EEUU como en las vidas americanas comunes y corrientes.
Marcus, pese a la rebeldía que lo lleva a alejarse del hogar, es tan paranoico como su padre y en términos sociales, si bien se aplica en los estudios, carece de inteligencia. Se pelea por minucias con sus compañeros de cuarto, a quienes observa como bichos raros; y cae presa de las dudas y las sospechas cuando una guapa chica a la que conoce no sólo no rechaza sus avances amorosos sino que, por el contrario, los anima. En vez de alegrarse, se indigna.
El iracundo muchacho es citado a la rectoría y explota a la menor provocación. Hay algo heroico y al mismo tiempo absurdo en su actitud. Roth, quien viene de vuelta de todo, parece decirnos que las revueltas de su generación, por muy legítimas que fuesen, tenían un componente ridículo.
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| Indignación. Philip Roth. Mondadori, 165 páginas. Barcelona, 2009 |