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Las lecciones de Abraham Lincoln

Artículo correspondiente al número 256 (10 al 23 de julio de 2009)

 

A dos siglos de su natalicio, la figura del presidente republicano que abolio la esclavitud resurge como un modelo de accion politica y liderazgo de notable actualidad. Un libro de Doris Kearns revive su vida y obra. Por Alejandro San Francisco.


No es casualidad que el presidente norteamericano Barack Obama haya decidido jurar en su cargo, el 21 de enero de 2009, sobre la Biblia utilizada en su momento por Abraham Lincoln, ni tampoco que haya pronunciado un importante discurso precisamente en el Lincoln Memorial de Washington DC, tres días antes de asumir el gobierno de los Estados Unidos. Se trata de un lugar sobrecogedor, cargado con la imagen de una de las figuras más extraordinarias de la historia mundial. El lugar tiene su historia: ahí Martin Luther King pronunció en 1963 su famoso discurso en que manifestaba su sueño de un futuro de unidad e integración racial, de un país que juzgara a sus hijos no por el color de su piel sino por los rasgos de su personalidad.

¿Por qué Lincoln? Sencillamente porque él fue quien comenzó a cambiar la historia.

Abraham Lincoln (1809-1865) probablemente no habría tenido en ningún país la posibilidad de ser presidente de la república, como lo llegó a ser de los Estados Unidos. El mismo señaló en una oportunidad, pasada las dos décadas de vida, que “sabía leer, escribir y contar, y hasta la regla de tres, pero nada más. Nunca estudié en un colegio o academia. Lo que poseo en materia de educación lo he ido recogiendo aquí y allá, bajo las exigencias de la necesidad”. Leía por su cuenta, se recibió de abogado e incluso fue exitoso en varios de sus pleitos, orientó posteriormente su vida a la política, donde tuvo que sufrir el amargo sabor de la derrota, pero también una serie de victorias que lo llevaron a la cúspide del poder.

En un libro magistral, Team of rivals, Doris Kearns narra de manera amena y completa el camino de Abraham Lincoln hacia el gobierno de los Estados Unidos. Aparecen las dificultades de diverso tipo (entre ellas, la misma personalidad algo depresiva del líder), los debates que debió enfrentar (especialmente, el histórico choque verbal sostenido en 1858 contra Stephen A. Douglas, candidato demócrata al senado) y la llegada a la Casa Blanca en 1860. Un tema central queda reflejado en la decisión de Lincoln de convocar a su gabinete precisamente a personas que habían sido previamente sus oponentes. Si bien sólo William H. Seward lo acompañó hasta el final de la guerra civil, y aunque es discutible el éxito de las nominaciones, lo cierto es que ilustra sobre un estilo y una decisión de enfrentar unidos, sin resquemores ni discusiones pequeñas, los momentos más difíciles de la vida de un pueblo.
Lincoln, quien no compartía las creencias habituales de los norteamericanos, recurrió a la Biblia para expresar sus temores de disolución de su nación: “una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse”. Efectivamente, una guerra civil no sólo es un drama para el pueblo que la sufre, sino también para el gobernante que se enfrenta a ella. El caso de Lincoln fue dramático, al luchar en la guerra de secesión (que también podría llamarse “de la unión”, así como “de la esclavitud”, o “de la libertad”), cientos de miles de muertos y una división dolorosa en la que el Presidente tenía muy claro cuál era su deber en la hora decisiva: “mi objetivo supremo en esta lucha es salvar la Unión y no salvar o destruir la esclavitud. Si pudiera salvar la Unión sin librar ningún esclavo, lo haría; si pudiera salvarla liberando a todos los esclavos, lo haría; y si pudiera salvarla liberando algunos y dejando a otros como están, también lo haría”.

Sin embargo, el resultado fue doble: la victoria de Lincoln significó por una parte la conservación de la unidad de la república norteamericana (y el fracaso “del sur”, de los Estados Confederados de América), así como también la libertad de los esclavos, proclamada solemnemente en 1863. Luego se atrevió incluso a sugerir la participación política de los negros en las convenciones que definirían candidaturas y el futuro de los Estados Unidos.

Para el dirigente político, en su etapa formativa, en sus candidaturas más importantes y durante su gobierno, había un problema moral relevante en la decisión de defender la primacía de la libertad de los negros en un momento en que las posiciones estaban abiertamente divididas en su país; era necesario luchar por esa libertad aunque de ello no se derivara ningún beneficio concreto para su postura. Quizá exagere Paul Johnson cuando afirma, en su reciente libro Héroes, que Abe “convirtió la bondad en un principio político, en una forma de vida pública y en un código de comportamiento gubernamental”, pero no cabe duda de que esa afirmación tiene fundamentos en la realidad de la época y que así fue percibido por un grupo muy considerable de la población.
A pesar de la victoria en la guerra civil y de la elección para un nuevo período presidencial, los odios acumulados en el conflicto fratricida llevaron a la muerte al gobernante: una mano asesina, bajo el grito sic semper tyrannis (“así siempre a los tiranos”) disparó y mató al republicano. Pero con ello logró otra efecto no buscado: que pocas cosas sirvan tanto para comprender el siglo XIX, no sólo en los Estados Unidos, sino también en el mundo, como la muerte del presidente de la guerra civil.

 

 


Actualidad de su mensaje


En una ocasión Lincoln señaló que lo que separaba a su partido, el republicano, de sus opositores demócratas era, precisamente, la cuestión de la esclavitud, rechazada por los primeros y aceptada por los segundos. Puede llamar la atención que hoy la población afroamericana en los Estados Unidos vote por los demócratas más que por los republicanos. O bien, que el primer gobernante “de color” de la potencia del norte sea precisamente demócrata. ¿Qué significado tiene esa aparente paradoja? ¿Se durmieron en los laureles los herederos partidistas de Lincoln? Probablemente la explicación vaya por otro camino. Resulta, simplemente, que las ideas del presidente de la guerra de la unión, del gobernante de la libertad de los cautivos, del orador por excelencia de la política norteamericana, no son restringidas a un grupo excluyente. El sentido moral de la libertad, la valoración de la igualdad esencial de todos los hombres, las consecuencias políticas prácticas de esa libertad y esa igualdad, el valor de la democracia como régimen político, entre otros factores, son principios donde todos tienen cabida y donde no hay lugar para partidismos.

En su breve y famoso discurso de Gettysburg, el presidente Abraham Lincoln anunció que “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra”. Ha pasado casi un siglo y medio y sus proféticas palabras siguen teniendo vigencia.
Precisamente en junio de 2009 el Senado norteamericano ha resuelto pedir perdón por la esclavitud y la segregación racial de los afroamericanos con sus dolorosas consecuencias: separación de las familias (ventas de esclavos por separado), la persistencia de linchamientos y discriminación después de la abolición de la esclavitud, con situaciones que permanecieron hasta la década de 1960. En 2003, George W. Bush declaró que la esclavitud fue “uno de los más grandes crímenes de la historia”, y aunque es imposible borrar los efectos del pasado en este tema, el senado decidió reconocer la injusticia y crueldad del racismo y sus distintas manifestaciones contra los afroamericanos, a quienes pide perdón por las faltas cometidas contra ellos y sus ancestros.

Han pasado muchas décadas e historias, y felizmente hoy todos rechazan la esclavitud y sus herencias, como la segregación o la discriminación racial. El actual presidente de los Estados Unidos, de ancestros africanos, es precisamente demócrata y admirador de Lincoln, en una manifestación de la permanente vitalidad de un pueblo capaz de comprender sus errores pasados y apostar por el futuro. Con ello también se realiza el sueño de Luther King, premiando la lucha de Lincoln y dando nueva vida a la promesa de los padres fundadores.

 

 

En papel y en la pantalla
Team of rivals. The political genius of Abraham Lincoln. Doris Kearns. Simon & Schuster.
Libro notable sobre el presidente norteamericano, especie de biografía colectiva que incluye a sus rivales políticos y después ministros de Lincoln. No sólo se trata de una excelente revisión de la vida del gobernante norteamericano entre 1860 y 1865, sino también ilustra muy bien sobre la política norteamericana del siglo XIX, las discusiones de ideas y de personalidades, los dramáticos momentos de su gobierno, así como también de la guerra civil y del asesinato del gobernante.
Lincoln en Illinois. Dirigida por John Cromwell, con la actuacion principal del canadiense Raymond Massey.
Película que narra la etapa formativa de Abraham Lincoln y el camino, a veces difícil y tortuoso, que lo llevó a dirigir a los Estados Unidos de Norteamérica. Aparecen la vida sencilla del joven Lincoln, sus primeros años como abogado, así como aspectos de la personalidad del “honesto Abe”, que se reflejaban tanto en su vida política como en su vida matrimonial y personal. La película culmina con la elección de Lincoln como Presidente de los Estados Unidos. Producida en 1940, acaba de ser editada en un DVD conmemorativo.

 

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Comentarios

4 Comentarios

andres sanches hernandez :

Publicado Sabado 18 de Junio, 2011 - 21:19 hrs

el artículo me parece excelente, hojala que las persons que nos representan (mexico) se percataran de los alcences, ya que en nuestro pais existe descriminacion y no existe justicia, ejemplos tenemos muchos el caso hank, el caso de la meneor paulette y otros

Pedro Marsella :

Publicado Domingo 10 de Abril, 2011 - 21:26 hrs

cada vez que leo y releo cualquier articulo donde escriben sobre la vida del decimo sexto presidente de USA, siento que lo admiro mas. su tenacidad lo convirtieron en gran Señor. y me inspiro en su personalidad para vencer obstaculos.

jose maria :

Publicado Jueves 29 de Julio, 2010 - 19:57 hrs

desde montevideo.- notable, conciso, especial para difundir enlas escuelas.-

maria Piiah :

Publicado Martes 1 de Diciembre, 2009 - 13:53 hrs

La imformacion esta muy muy buena !

 
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