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Artículo correspondiente al número 258 (7 al 20 de agosto de 2009)
¿Cuánto tiempo y energía estamos gastando en lamentarnos todo el día? ¿De qué manera contaminamos el ambiente con esta mala onda? Chile es un país de quejumbrosos. Por Mauricio Contreras.
A petición expresa de mi señora, que muchas veces funciona como editora asociada en esta columna, dedico este espacio, partiendo por mi propia experiencia, a las quejas que lanzamos todo el día sin darnos cuenta y contra todo: al taco, al frío, a la cantidad de trabajo, a la televisión, a lo caro de las cosas, etc. Una tonelada de carga negativa que, sin lugar a dudas, nos está empeorando nuestra calidad de vida.
Puede que algún lector de Capital diga que este 2009 -un año marcado por la crisis y las elecciones- no es el mejor momento para dejar los lamentos a un lado, ya que la coyuntura nos empuja a funcionar como parlantes de malos pensamientos y augurios desprovistos de optimismo. Puede ser, pero lo importante es calibrar cuántos dolores estamos sumando al cuerpo o cuánto estamos perdiendo en capacidad de disfrutar.
A propósito de este tema, se puede encontrar en librerías una publicación muy reveladora: Un Mundo sin quejas, de Will Bowen, (Grijalbo, 190 páginas) relato de la historia de un norteamericano de Kansas que, a través de su grupo pastoral, logró construir un movimiento en torno a dejar las lamentaciones como acción recurrente y buscar serenidad en todos los aspectos. Lo que comenzó con un pequeño clan de seguidores hoy cuenta con 6 millones de personas que colaboran en esta idea y que han adquirido una pulsera morada que sirve para desterrar –según ellos- la pesadumbre. ¿Cómo funciona? No deja de ser un negocio, pero uno pide por Internet la pulsera y la usa en cualquiera de las dos muñecas. A la primera queja, se cambia de mano y así, sucesivamente. La idea es enfrentar un reto de 21 días sin recriminaciones ni autocompasión, tarea que no es nada fácil y que puede llegar a tomar un par de meses.
Chile es un país muy bueno para quejarse. Somos una sociedad que tiende a mirar el vaso medio vacío y no medio lleno, y no pasa un rato en el día en el cual no escuchemos algún tipo de reclamo, chisme o comentario negativo (contra los políticos, contra el Estado, contra los vecinos, contra las empresas). Sin percatarnos, el acto de pelar y culpar a otros se ha transformado en un hábito arraigado en nosotros, característica que no ofrece ningún motivo de orgullo y que, por el contrario, deberíamos empezar a abandonar. Propongo tratar de quejarse menos, cada día. No dudo de que nos irá mejor.
| El turista accidental (datos para viajeros) Barcelona con WI-FI. La ciudad catalana cuenta desde julio con 170 puntos estratégicos con conexión gratuita a Internet. Quienes visiten esta hermosa metrópolis podrán reconocer el logo del servicio, una W muy similar al del metro. Las autoridades aspiran a sumar cerca de 500 ubicaciones para que los turistas y habitantes puedan conectarse a la web. Belgica sobre ruedas. Amberes y Bruselas acaban de implementar un novedoso sistema de transporte para turistas. Se trata del Belgium Segway Tour, vehículo que habrá visto en más de un mall. Hasta el 27 de septiembre, y por un precio de 35 euros, durante dos horas se puede conducir este transporte ecológico, en una innovadora forma de turistear. Más datos en www.belgium-segwaytour.be/index.cfm. Biblioteca rockera en Londres. El ex guitarrista de The Clash, Mick Jones, inauguró hace pocas semanas The Rock and Roll Public Library, una biblioteca pública del rock y pop. En ella se pueden encontrar más de 10.000 documentos y objetos del archivo del músico, como libros, películas, discos y cómics, además de recuerdos de su banda. Está ubicada en 2 Acklam Road, Portobello Green. |