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Siempre Elvis, hasta el infinito

Artículo correspondiente al número 259 (21 de agosto al 3 de septiembre de 2009)

 

Aunque las ediciones póstumas en torno al dueño de casa en Graceland han mantenido un ritmo constante desde 1977, esta temporada concentra algunas especialmente interesantes, y van desde su mejor biografía hasta un misterioso espectáculo a cargo del ubicuo Cirque Du Soleil. Por Marisol Garcia.


Tal vez Elvis Presley perdiera el rumbo, pero incluso en sus momentos más oscuros siguió conservando parte de la transparencia inocente que marcó, en primera instancia, la diferencia de aquella música y de aquel hombre”.

Nunca un retrato sobre el rey del rock había alcanzado la humanidad que le estampó el investigador Peter Guralnick a las 1.300 páginas de Ultimo tren a Memphis y Amores que matan, los dos tomos de la magnífica biografía sobre el hombre de Heartbreak hotel llegada este año a Chile. Presley se levanta de esas páginas en todo su talento, su ambición y su tristeza, acordonando en los espacios justos la trivia de excentricidad y autodestrucción que tanto gusto suele causar a los redactores de la nostalgia.

Ahora que la muerte de Michael Jackson ha vuelto a mostrar la carga infinita de especulación de la que puede ser capaz la prensa de alto impacto, quisiera uno que también el intérprete de Beat it tenga alguna vez su Guralnick: un investigador riguroso; con equivalente capacidad de atención para las tecnicidades de cada disco, los gestos de revelación emocional y la influencia de aquellas compañías –las benéficas y las nefastas– que se acoplan de modo inevitable a las vidas célebres.

“Elvis camina fuera de las páginas, puedes sentir su respiración”, describió sobre este hito de la biografía rockera el mismísimo Bob Dylan, hombre muy poco dado al elogio. Su sorpresa es la que siempre causa la revelación realista de un hombre olvidado en función de su simbolismo. Ahí están los elocuentes subtítulos de cada tomo: La construcción del mito, La destrucción del hombre. Guralnick empatiza con un sujeto al que simultáneamente admira y compadece, y cuya historia decide abordar con un fanatismo de rara elegancia.

 

 


Nuevos lanzamientos


Parece recomendable estar al tanto de los pliegues emocionales más profundos de Elvis Presley, justo ahora que nuevas iniciativas en torno suyo estiran un poco más el frío concepto de lucro póstumo que el padre de Lisa Marie redefinió para siempre. Este mes de agosto, el trigésimo segundo aniversario de su muerte vuelve a disparar ediciones de todo tipo, de entre las cuales sobresalen un par de títulos. El DVD Elvis Presley: The Ed Sullivan Shows-The Performances reúne las tres presentaciones que, entre 1956 y 1957, el cantante ofreció en ese programa televisivo, antigua plataforma de éxito garantizado para nombres venidos por igual de los puntos más pobres de la nación (The Jackson 5) como del otro lado del Atlántico (The Beatles, The Rolling Stones).

Con o sin pelvis –en la última de estas apariciones, el escándalo precedente obligó a filmarlo sólo de la cintura para arriba–, el dueño de casa en Graceland se hace cargo de electrizantes versiones para Don’t be cruel, Hound dog y Heartbreak hotel, entre otras. Es el Elvis que aún suponía un cierto peligro. La otra cara de la moneda, su vertiente más romántica, se puede apreciar en el DVD Love me tender, que recopila sus baladas y llegará a Chile en septiembre.

From Elvis in Memphis, en tanto, probablemente sea el mejor álbum que editó Elvis Presley en vida, y este mes se lanzará una edición de lujo (Elvis In Memphis: Legacy Edition) con sonido mejorado y un disco compacto añadido de tomas alternativas. Aunque no sea el trabajo suyo con más singles famosos, este álbum de 1969 mostró a un cantante que, como nunca antes ni después, quiso hacerse cargo de su identidad musical, escogiendo para ello un repertorio exigente (fuese por el pulso soul de Only the strong survive, por ejemplo; o por la crítica social implícita en In the ghetto), y trabajando, además, en la misma ciudad que lo proyectó al mundo a los veintiún años de edad. Aquí suena el Elvis maduro, capaz de levantarle la voz a su manager y a su sello discográfico; dispuesto a zafarse de la bobería proyectada, por ejemplo, en sus películas.

 


Regreso a Las Vegas


Pero el proyecto más llamativo de este año va siendo el que prepara el Cirque Du Soleil. La compañía canadiense de teatro, danza y malabarismo estrenará en diciembre en un nuevo casino de Las Vegas (ARIA Resort & Casino) una obra aún anónima que recorrerá la vida del cantante a través de coreografías inspiradas en sus canciones. Para el equipo a cargo, el espectáculo permitirá “devolver a Elvis a Las Vegas, el lugar en el que él realmente se elevó a un estatus de ícono”. La afirmación es discutible: Las Vegas fue la gloria pero también la condena para Presley, quien se convirtió en artista casi residente de la ciudad a partir de 1969, de acuerdo a una pauta de trabajo que sólo benefició las arcas de su manager, el infame coronel Parker.

Durante ocho años, Elvis ofrecería 1.126 conciertos en esa ciudad (muchas veces, a un ritmo de dos shows diarios), siempre con aforo completo. Frente a su audiencia de Las Vegas fue que el cantante comenzó a desplegar lo peor de sí mismo: su gordura, su paranoia, su desdén por las nuevas tendencias del pop. Así comenta Guralnick las últimas presentaciones en la ciudad, en diciembre de 1976: “Elvis estaba pálido y gordo, y, según los periodistas, en muchos de los conciertos mostró claros signos de agotamiento. Pero los fans seguían adorándolo y, tras dos semanas de actuaciones, entre Elvis y el coronel se repartieron 700 mil dólares de beneficios [...] La última actuación fue tan alarmante como las demás. Elvis se mostró claramente incapaz de concentrarse, e incluso hubo ocasiones en que parecía que nunca fuera a despertarse, escribió un desolado fan, explicando que la noche anterior, “en un comentario fuera de micrófono que hizo a los miembros del coro, murmuró: sólo queda una noche más, y puso una cara como si estuviera a punto de vomitar”. Cuando el telepredicador Rex Humbard fue a visitarlo al camerino, Elvis se aferró desesperadamente a su presencia, preguntándole si debía dejar de cantar y dedicarse al Señor”.

El crítico Bill Burk describió de este modo su desazón ante lo que atestiguó esa noche en el Hilton de Las Vegas: “uno se pregunta cuánto falta para que llegue el final, quizás súbitamente; y por qué el Rey del rocanrol tiene que arriesgarse a un más que posible ridículo, saliendo a escena en tan malas condiciones. ¿Por qué seguir? ¿Por fama? ¿Por dinero? [...] Quien fue una vez el rey siempre lo será. Quizás sea ésta la razón. Y quizás sigan acudiendo sólo porque creen que podría ser la última vez”.

Pero no hay última vez para los símbolos culturales. Son demasiados los intereses en juego que impiden su descanso en paz. De año en año, de edición póstuma en edición póstuma, el nombre de Elvis sigue persiguiendo hasta hoy el mismo infinito que lo agobió en vida.

 

 

Dos dvd, un libro y un disco de lujo



Ultimo tren a Memphis y Amores que matan.

Peter Guralnick. Global Rythm Press. 575 y 847 páginas / $58.400 (en librería Antártica).

Elvis Presley: The Ed Sullivan Shows: The Performances.
47 minutos. DVD blanco y negro. Incluye las presentaciones del 9/9/1956, 28/10/1956 y 6/1/1957.

From Elvis in Memphis. Legacy Edition.

2 discos. Grabado en los American Studios de Memphis, en enero y febrero de 1969.

Elvis: Love Me Tender. The Love Songs.
DVD color. 120 minutos. Presentado por Ashley Judd.

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Comentarios

1 Comentarios

Pablo :

Publicado Viernes 21 de Agosto, 2009 - 17:02 hrs

Excelente articulo de El Rey

 
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