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Artículo correspondiente al número 257 (24 de julio al 6 de agosto de 2009)
Se publica una versión para coleccionistas de Atlantic crossing, un disco de Rod Stewart de 1975 que mantiene vivo el talento que en los siguientes años el músico inglés llegaría casi a dilapidar.
Se publica una versión para coleccionistas de Atlantic crossing, un disco de Rod Stewart de 1975 que mantiene vivo el talento que en los siguientes años el músico inglés llegaría casi a dilapidar.
Hay ciertos discos que nunca aparecen en las listas que hacen los críticos con lo mejor de un año o de una década, que pasan inadvertidos debido a prejuicios o a situaciones ajenas a la música. Discos que merecen una nueva oportunidad como es el caso del notable Atlantic crossing, de Rod Stewart, lanzado en 1975 y recién reeditado en una versión de lujo que, aparte de los temas originales incluye versiones alternativas y descartes.
El álbum marcó un antes y un después en la vida del cantante inglés: fue su primer trabajo en que asumió por completo su categoría de figura internacional, aficionado a las modelos y a las fiestas, vistiendo ropas ajustadas y brillantes, una especie de estereotipo del rock star. El peligro de esta opción se hizo evidente después, cuando Stewart comenzó a ser visto como un personaje del jet set antes que como un artista de real talento.
El nombre del disco tiene un sentido literal: el músico -nacido en 1945 en Londres- dejaba Inglaterra y cruzaba el charco para instalarse en EEUU, escapando de la pesada carga impositiva en su país y también siguiendo a su novia de entonces, la actriz Britt Eckland, con quien apareció en una portada de Rolling Stone, verificando su nuevo estatus estelar. Si quedan dudas, el diseño de arte de la tapa del álbum muestra una caricatura de Stewart llevando un balón de fútbol y una botella desde el mar hacia una gran ciudad iluminada.
Desde entonces, los medios comenzaron a seguir más los líos de su vida amorosa y sus eternas parrandas, mientras la música quedaba en segundo plano. Aquí el mayor culpable no fue tanto la prensa sino el propio cantante, que en los próximos años iría optando por un pop cada vez más intrascendente, en un intento no siempre exitoso de colgarse de las sucesivas modas (disco, new wave), relegando casi al olvido sus brillantes discos de la primera mitad de los 70.
Atlantic crossing, aún 34 años después, sigue siendo un trabajo de pop adulto de alto nivel, fino y sofisticado, en el que Stewart deja atrás el folk rock de Every picture tells a story (su obra maestra de 1971) para abrazar un estilo mucho más pulido y orientado a las radios. Algunas interpretaciones –como I don’t want to talk about it– están entre las más brillantes del cantante, que en este disco entrega su faceta rockera y sentimental en partes iguales.
El lado A, conocido como “la parte rápida”, no es demasiado memorable, aunque contiene un par de temas “stoneanos” que serían la envidia de Mick Jagger y Keith Richards: Three times loser y Stone cold sober son piezas de rock aguardentoso que se resiste a morir. La otra mitad del disco –“la parte lenta”- es la más consistente y ofrece grandes versiones y golosinas, incluyendo la melosa Sailing, que llegó el número 1.
La joya del disco, sin embargo, es It’s not spotlight, un tema de Barry Goldberg y Gerry Goffin, cantado a fuego por Stewart, que suena como si estuviese en un bar una noche de jueves, sin máscaras ni poses de estrella. La letra puede leerse como la primera señal de que algo andaba mal en su frenética existencia, no obstante las fiestas, el dinero y la fama: “si alguna vez siento la luz de nuevo brillando sobre mí, no tengo que decirte que será bienvenida. Sentí la luz antes, y dejé que se escapara. Pero sigo creyendo que volverá algún día”. Los discos siguientes de Stewart recuperarían esa luz sólo en muy contadas ocasiones y en algunos momentos de su carrera habría de desaparecer por completo. Esta nueva edición de Atlantic crossing permite volver a escucharla.
| Trilogía perfecta |
A principios de los 70 Rod Stewart se despachó al hilo tres discos soberbios. Gasoline alley (1970). Folk y rockabilly en una mezcla que tiene el humor y la desesperanza de los viejos artistas de carretera. Every picture tells a story (1971). Maggie May, sobre el amor de un adolescente y una chica mayor, es la punta de lanza de esta espléndida declaración de principios. Never a dull moment (1972). Siguiendo la fórmula del disco anterior, Stewart –alternando covers y originales- demuestra que es un intérprete mayor. |