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Artículo correspondiente al número 275 (07 al 21 de mayo de 2010)
Leonardo Padura, uno de los pocos escritores cubanos de fama internacional que se mantiene en la isla, afirma que la situación en su país "exige cambios importantes, que se vana tener que producir en un plazo breve". Además, habla de su última novela, que recrea el asesinato de Trotski.
Hace un tiempo, Leonardo Padura se enfrentó en una polémica con Zoé Valdés, la autora cubana radicada en París. Padura sacó a relucir que ella había sido funcionaria del régimen (trabajó, de hecho, en la misión de Cuba en la Unesco y en la revista Cine Cubano), ante lo cual Valdés respondió en su blog: “Padura sí fue funcionario de alto rango, con plaza fija, en la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), durante larguísimos años, y hasta fue militante del Partido, lo que yo nunca fui. Para colmo, ¿quién no es funcionario en Cuba? Sólo aquellos que dejan de trabajar, porque en Cuba se trabaja para un solo empleador, el estado castrista”.
A Padura, el conocido autor de las novelas policiales protagonizadas por Mario Conde, lo han descrito como “medio castrista, medio disidente”, porque es de aquellos autores que caminan, como equilibristas, en la delgada línea roja que separa a opositores y ofi cialistas en la isla. El autor de Adiós Hemingway vive en La Habana y por eso su visión de la crisis que afecta al país gobernado por los Castro desde hace medio siglo cobra particular relevancia.
“Acabo de llegar ayer de viaje, imagínate tú, y esto es una locura aquí”, dice al teléfono desde su casa, con ese acento único que poseen los que viven frente al mar del Caribe. Padura acaba de publicar la que seguramente es su mejor novela a la fecha: El hombre que amaba a los perros, una voluminosa recreación del asesinato de Trotski en México en 1940, organizado por los servicios secretos soviéticos.

El libro repasa la vida de Ramón Mercader, el español que enamoró a una de las secretarias de Trotski para así entrar en el círculo del ex líder bolchevique y matarlo vilmente con un golpe de martillo en la cabeza. Un homicida que pasó 20 años en la cárcel en México sin reconocer su ligazón con el KGB y que murió en Cuba en 1978, poco después de ser condecorado como héroe de la URSS.
De paso, la novela revive episodios de la revolución rusa, de la guerra civil española y de la irrupción de Stalin, logrando un fresco sobre una de las mayores perversiones del siglo pasado. En cierta forma es una indagación en la razones por la cuales la utopía comunista se convirtió en una pesadilla.
1. Fidel y los otros
-Aquí en Chile se sigue con mucho interés la situación cubana, ¿cómo se vive la crisis desde adentro?
-Yo creo que la situación en Cuba en estos momentos está exigiendo un cambio. De hecho, se han producido cambios en los últimos 3 o 4 años; no todos los cambios que esperábamos, no todos los cambios que algunos quisiéramos. Otros no quieren cambios. Pero, bueno, se ha movido la sociedad cubana, y aunque en el nivel de la superestructura las cosas se mantengan igual, creo que al nivel de la población la gente piensa, reacciona y actúa de otra manera. La situación económica cubana apunta a que es imprescindible realizar cambios que deben ser importantes. El propio Raúl ha reconocido que el salario que paga el Estado, que es el principal empleador en Cuba (el 90 por ciento de las personas depende de salarios estatales), es insufi ciente para vivir, lo cual abre una interrogante: si es insufi ciente para vivir ese salario, ¿cómo viven las personas? Se está hablando mucho del tema de la corrupción, no sólo de una alta corrupción. Hay una corrupción cotidiana, en la cual participan muchas personas. La gente no tiene interés en trabajar para el Estado, porque con los salarios que entrega no se puede vivir, y todo eso va generando una expectativa de cambio. Yo creo que los cambios se van a tener que producir en un plazo bastante breve.
-¿Esos cambios serán hacia un sistema democrático?
-Siempre digo que las cuestiones políticas se las dejo a los políticos, yo soy un escritor que hace literatura. No tengo información sufi ciente sobre qué cosas se mueven en las esferas políticas, porque no participo en ellas. Lo que sí creo es que debe haber cambios en Cuba que incluyan una mayor posibilidad de participación de la gente en las decisiones. Si eso se llama democracia, pues bienvenida sea la democracia.
-¿Hay un riesgo de estallido social?
-No lo creo, de momento, pero no se puede descartar.
-¿Qué sabe del ejecutivo chileno muerto hace poco en La Habana?
-Estaba fuera y he leído una información sobre el tema, pero no tengo mayores antecedentes.
-¿Conoce a Max Marambio?
-Sé quién es, pero no lo conozco personalmente. Aquí en Cuba prácticamente todo el mundo sabía quién era. Produjo aquellas películas de García Márquez de la serie Amores difíciles. A Marambio se le conocía como amigo de Fidel Castro y como empresario, porque tenía que ver con una agencia de viajes que se llama Sol y son y porque además fabricaba unos jugos que son los que se venden en todas las tiendas en Cuba (se ríe).
-¿Existe una decepción sobre lo que ha hecho Raúl Castro?
-Hay una expectativa de cambio, se espera que se produzcan esos cambios. Se han dilatado demasiado los términos de ese movimiento económico que se espera y que es necesario. Pero te digo: a nivel de la población la gente está mucho más preocupada por resolver el día a día que por los grandes movimientos económicos o políticos.
2. Vivir y morir en La Habana
-En su novela, el protagonista es un escritor que ha sido marginado por escribir libros que no gustaron al régimen. ¿Qué tanto hay de usted en ese personaje?
-Es totalmente de ficción. No soy yo. El personaje de Mario Conde de mis novelas policiales está más cerca de mí que este personaje que se llama Iván. Es un hombre que yo necesité crear para que toda esta historia tuviera una relación directa con Cuba. Yo quería escribir un libro sobre el asesinato de Trotski, sobre las razones que habían llevado al crimen y sobre las consecuencias, pero visto desde la perspectiva cubana; y por eso creo a este personaje, que es un hombre de mi generación, un poco mayor que yo. Muchas de las experiencias que él vivió las he vivido yo; otras, no. El, de alguna manera, es como un compendio de muchas de las cosas que ocurrieron en Cuba durante estos años. Algunas cosas similares me ocurrieron a mí, otras les ocurrieron a personas que De paso, la novela revive episodios de la revolución rusa, de la guerra civil española y de la irrupción de Stalin, logrando un fresco sobre una de las mayores perversiones del siglo pasado. En cierta forma es una indagación en la razones por la cuales la utopía comunista se convirtió en una pesadilla. conozco, pero creo que es un personaje esencialmente verosímil.
-¿Ha tenido alguna vez problemas con autoridades, con la censura?
-En lo esencial, no. Mi producción fundamental arranca a partir de los 90. El 91 publico en México la primera novela de la serie de Mario Conde, Pasado perfecto. Todos mis libros han sido publicados en Cuba, todos han ganado premios en Cuba, han sido editados y reeditados, a pesar de que muchos de ellos tienen una visión bastante crítica de la realidad y de la actualidad cubana. Como cualquier otro escritor cubano, he vivido algún momento en que determinados niveles de decisión oficial han pensado que uno ha escrito algo que no debería. Pero he escrito los libros que he deseado de la manera que he deseado, y he tocado el tema político hasta el punto que he deseado, que es justamente el punto en que creo que el escritor debe detenerse. El otro territorio se los dejo a los políticos.
-Usted en su libro narra como se pervirtió, según sus propias palabras, la “gran utopía” del siglo XX. ¿El comunismo fracasó totalmente o hay algo que rescatar?
-Tal y como se vivió históricamente, es evidente que fracasó. ¿Dónde está la Unión Soviética, dónde está la RDA, dónde está el comunismo chino… ? Porque si lo de China es comunismo, que venga Dios y lo vea. Creo que como proyectó fracasó porque planteaba una sociedad donde iba a haber un máximo de libertad e igualdad para todos los ciudadanos y, finalmente, el estalinismo y su práctica pervirtieron esa posibilidad.
-¿En Cuba se vive hoy un ambiente estalinista?
-Se vive un sistema socialista en el cual hay muchas cosas que han cambiado con respecto a lo que era en los años 70 y 80. Por ejemplo, en Cuba hoy existen personas que tienen mayor poder adquisitivo y viven mejor que otras. El igualitarismo que se practicó durante años ha ido desapareciendo. El gobierno dice que debe desaparecer mucho más. Algunas subvenciones y gratuidades que se les daban a las personas, y que según nuestro entendimiento eran parte del sistema socialista, se han mantenido en la educación, en la salud pública, en la seguridad social, pero hay otras muchísimas que han ido desapareciendo y que van a desaparecer en los próximos años. El costo de la vida se ha multiplicado y el salario no es suficiente para vivir y muchas personas dependen de ayuda que no tiene que ver con el gobierno. Por ejemplo, mucha gente depende de las ayudas que llegan de los familiares que viven en los EEUU, los llamados “gusanos” que se fueron en los 60 y 70, o los que en los 80 fueron expulsados de Cuba como escoria.
-En su libro, usted critica al estalinismo pero, curiosamente, nunca menciona a Fidel Castro. ¿Por qué?
-Porque no lo necesitaba.
-¿Pero usted, personalmente, sigue apoyando a la revolución?
-No… esas son opiniones políticas personales.
-En los países democráticos los escritores tienen opiniones políticas.
- (Se molesta) Yo hago declaraciones como escritor, no como político, porque no soy político ni practico la política ni pertenezco a ningún partido político.
| Los rastros del estalinismo |
| -Uno de los aspectos interesantes de su novela es que refl eja cómo el estalinismo se vivió en Cuba. -El problema fundamental es que el modelo socialista que conocemos es el que fundó Stalin, no el que fundó Lenin. El que fundó Lenin, que apenas pudo establecerse, tenía unas ciertas bases democráticas que empezaban a tambalear desde esa misma época. Incluso el propio Trotski y Lenin ayudaron a que tambalearan esas bases democráticas. Pero el sistema conocido es el que funda Stalin, tanto política como económica y socialmente. Es Stalin quien le da forma a la sociedad socialista que se conoce después en la Unión Soviética, en Europa y en el resto del mundo. En los años 70 hubo un periodo de mucha cercanía entre Cuba y Moscú, en el cual ocurrieron acontecimientos que se han ventilado mucho en los últimos tiempos en Cuba, en el mundo artístico, en el mundo social, que tenían unas clarísimas resonancias estalinistas. -¿El caso Padilla? -Desde el caso Padilla hacía acá. Todo lo que ocurrió con Padilla, con la marginación de intelectuales y artistas en los 70, porque eran homosexuales o religiosos, o porque no tenían una actitud sufi cientemente combativa según se consideraba en esa época. Todo eso tenía una clara resonancia estalinista. Por otra parte, hay un elemento importantísimo que es la economía; la economía cubana es una economía socialista fundada en ese concepto que patentó Stalin a partir de la colectivización, que fue el desastre económico para la URSS y que es el responsable de la mayoría de las inefi ciencias y de las incapacidades de la economía cubana contemporánea. |