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Alberto Fuguet. "Con Missing cerré mi primer ciclo”

Artículo correspondiente al número 265 (15 al 26 de noviembre de 2009)

 

-Igual, en Chile es difícil perderse. Si tu tío se hubiera perdido acá alguien lo hubiera descubierto, tengo la sensación de que para desaparecer hay que irse a otro país.

 

-Sí, pero por otro lado uno ve a cada rato gente que se reencuentra. Es como el comercial del celular con Don Francisco, existe gente que no se ha visto en 40 años.

 

 

-Pienso que aquí la gente no desaparece sino que se desvanece socialmente.

 

-Pero eso también es una forma de perderse. Ahora, uno efectivamente podría buscarlos, saber más o menos donde están. Pero el caso de mi tío Carlos ya es el límite.

 

 

-Además, cuando lo empezaste a buscar no sabías qué iba a pasar. Pudo haber estado muerto, por ejemplo. Encontrarlo no estaba escrito.

 

-Para nada. Mi meta era conocer a alguien que lo hubiera conocido y yo poder hacer un update de lo que había sido su vida, durante los últimos 20 años. Ahora es muy raro hablarlo, porque ya sé todo. O sea, ayer estuve hablando por mail con él. Pero sí, yo creo que efectivamente es más fácil perderse en otro país. Y también fue más fácil para mi tío perderse porque no había mail, Internet y todo eso. Acá yo creo que hay harta gente perdida y harta gente que no tiene contacto. Supongo que el tema siguiente es una desaparición más social. Gente que desaparece en su departamento, en la red, ese fenómeno que en Japón se llama hikikomorie y tiene que ver con los adolescentes que se aíslan totalmente del mundo. Se quedan en sus computadores y se ausentan y pierden total comunicación con las personas del entorno.

 

 

-Es lo que tú defines en el libro como una de las ventajas de ser escritor: el poder desaparecer.

 

-Sí. Mucha gente piensa que yo no vivo acá (en Santiago), algo que me parece insólito. Y cuando me lo dicen, me río a gritos, no puedo creerlo. Yo estoy todos los días en este Starbucks, leyendo. Ahora, si me buscan en un mall, difícil que me encuentren. No sé, voy muy poco al bar Cienfuegos, pero por otro lado hay millones de personas que van poco a Cienfuegos. Me niego a creer eso de que Chile es un pañuelo y de que todos se conocen. Yo no conozco a nadie. El otro día me topé con alguien y sólo porque yo soy escritor. Era compañera de universidad, una colega que no veía hace 25 años que ahora está en la campaña de Arrate. Y eso te demuestra que Santiago es una ciudad grande y Chile, un país largo.

 

 

-Pero ser escritor ayuda a desaparecer...

 

-Ser escritor me permite desaparecer. Tengo un cumpleaños y digo que estoy escribiendo. Lo digo en el libro, ser escritor permite no estar. Es como un free pass para no tener que cumplir socialmente. Hay un tema que me interesa a futuro: la soledad en los departamentos, el estar conectado pero no necesariamente presente. Mi próxima película es sobre eso. Lo que López (Nicolás, el director de cine) llama “el amor en los tiempos del Facebook”.

 

 


Después de McOndo

 

-Cambiando de tema, ¿qué te parece la literatura actual chilena o latinoamericana?

 

-Yo cada vez hablo menos de literatura. Me niego ha hablar de literatura chilena porque no me siento necesariamente chileno, me siento más como contemporáneo. Siento que toqué techo con McOndo; ahí claramente yo estaba muy interesado en lo que
significaba ser latinoamericano, cuál era el estereotipo latinoamericano. Y claro, post McOndo –ya han pasado 12 años desde que publiqué esa antología– siento que escribo y vivo en mi propio planeta y voy leyendo distintos autores de otros idiomas, otras edades y continentes. La idea de sentirme parte de la nueva narrativa chilena me parece outdated. Con la globalización uno puede estar preocupado de nuevos autores y sentirse cercano a ellos, aunque nunca los conozcas.

 

 

-Me dices que ya no te interesa ser referente y quizás nunca te interesó, pero con McOndo, que fue percibida como una declaración de principios de una generación ajena al realismo mágico, lo fuiste.

 

-Y pagué las consecuencias. Pero ahora me divierte, sé que va estar en mi wikipedia. Además fue una talla, que trascendió y todo, pero fue una talla. Es cierto, trascendió, se estudia mucho y la mitad de las clases, estudios y tesis ligados a mí hacen referencia con McOndo. Como un punto de inflexión. Antes me provocaba cosas porque era casi todo en contra, pero hoy es al revés. Actualmente es casi un tema canónico en las universidades... y eso nunca lo esperé.

 

 

-¿En serio?

 

-Mucho de pasar a una segunda etapa tiene que ver con haber sobrevivido y con haber aguantado. Por ejemplo, McOndo nunca iba a ocurrir de verdad pero fíjate que después de McOndo y por mucho tiempo, me quedé callado. Me quedé callado como 7 años sin sacar nada y fue un silencio a propósito, porque estaba a lo mejor bloqueado, cansado, quizás asustado de sacar otro libro para que me sacaran la chucha. El libro que yo estaba escribiendo se me cayó, que era el único libro que se me había caído, sobre un traficante de películas. Después me di cuenta de que la cosa se fue calmando, pero efectivamente a veces el terreno no es fácil y uno también es humano. Tampoco estoy arrepentido de haberme quedado callado ese tiempo, porque pude hacer otras cosas.

 

 

-¿Ya eres capaz de aguantar cualquier tipo de crítica?

 

-Claro, si ya fui capaz de aguantar todo lo que trajo Mala Onda… pero uno nunca está sobre la crítica.

 

 

-¿Cuando sale Perdidos, la novela gráfica?

 

-Durante el 2010, yo creo que más hacia fines del 2010. Y efectivamente temas como el de Perdidos, familiares, temas como de deudas, incluso de Mala Onda, mi impresión es que estoy menos interesado en ellos. Tengo más ganas de hacer comedia y creo que se junta con cierta edad. Estoy en lo que los gringos llaman mid career. Ahora vienen cosas nuevas.

 

 

 

Al filo del vacio
En Missing, Alberto Fuguet habla de las ganas de perderse y de cómo la literatura puede salvarnos. Por Marcelo Soto.


En Lejos de la ley, de Sidney Lumet, River Phoenix era el hijo de dos fugitivos buscados por el FBI que trataban de perderse
en la inmensidad de Estados Unidos, yendo de ciudad en ciudad, viviendo otras vidas, en un intento desesperado por burlar
a la policía. Pero desaparecer no es fácil, ni siquiera en un país tan grande. Y nadie sale indemne.

 
Missing: una investigación.
Alberto Fuguet. Alfaguara,
386 páginas.
Santiago, 2009.
Tal sensación mixta recorría la cinta de 1988 y es la que también se intuye en la novela de Alberto Fuguet Missing: Una investigación, que recrea la búsqueda llevada a cabo por el autor tras su tío Carlos, quien decidió esfumarse de la faz de la tierra en 1986. ¿Se pueden cortar raíces y vivir para contarlo? ¿Cuál es el precio que hay que pagar? ¿Hasta qué punto podemos escapar de lo que fuimos? Son algunas de las preguntas que intenta responder Fuguet y el camino lo conduce a zonas oscuras, insospechadas.

Así, el libro no es tanto sobre Carlos sino sobre su sobrino, un chico criado en California que aterriza en Santiago en una época dura. A golpes aprende español y empieza a sentirse a gusto, cuando su familia se quiebra: el padre vuelve
a EEUU, dejándolos a él y a su madre enrabiados y perplejos. El chico, entonces, rompe con Norteamérica y afianza lazos con Chile, ese país tan extraño y lejano que empieza a sentir suyo.

Y sucede que a los 17 años, cuando termina el colegio, el muchacho vuelve a Los Ángeles, a reencontrarse con su padre, pero el quiebre es irreparable. Allí, por suerte, está Carlos, el tío simpático que le convida trago y le presenta mujeres; el tío que pasa una temporada en la cárcel y que se pelea con el abuelo, un personaje detestable. Hasta que un buen día Carlos decide desaparecer, cortar todos los lazos. Y el chico de nuevo sufre la pérdida.

Lo que sigue es el viaje vital de este adolescente que se convierte en escritor y en cineasta chileno, en una figura pública que puede desconectarse, vivir en Santiago sin que nadie lo sepa y pasar años sin hablar con su padre. Pero el fantasma de Carlos reaparece una y otra vez. Entonces decide ir a buscarlo. Y allí empieza la novela.

Hay algo liberador y a la vez agobiante en el esfuerzo por romper con el pasado (o con el padre), y eso es algo que el autor conoce bien, porque el libro no es tanto sobre la búsqueda del tío, sino sobre la soledad y sobre la literatura como una manera de remediarla. Missing es una aventura sin retorno, que deja al lector remecido, golpeado, pero de alguna forma mejor. Quizá menos solo. Si ese es uno de las máximos logros a los que puede aspirar un libro, Fuguet tiene el don.

Lo ha conseguido.

 

 



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Comentarios

6 Comentarios

Daniel :

Publicado Martes 12 de Abril, 2011 - 09:34 hrs

mala onda es bastante adolecente, es cmo una obra hecha po un rockero, pero... es muy bueno un sentimiento universal muy grande. 
lo malo esque muchos ya no somo adolecentes y tenemos que avanzar lamentablemente hay que salvarse ....y mala onda no puede seguir siendo nuestra biblia u.u jkajkajak lo dificil es preguntarse yque viene depsues¡? porfavor rebbobinar? ja ja :P elñ que es bueno y entretenido es sobre dosis cuentos de lo mejorsh para el metro 
saludos.

andrea calquin :

Publicado Jueves 18 de Noviembre, 2010 - 20:24 hrs

leí "mala onda" cuando tenía esa edad, ahora que tengo 35 años leo "Missing" , muy buen libro, hace tiempo lo esperaba.

andrea calquin :

Publicado Jueves 18 de Noviembre, 2010 - 20:24 hrs

leí "mala onda" cuando tenía esa edad, ahoraque teng 35 años leo "Missing" , muy buen libro, hace tiempo lo esperaba.

Rohenri :

Publicado Jueves 13 de Mayo, 2010 - 21:49 hrs

Gran escritor, Mala onda y todas sus historias son muy interesantes, estaba perdido Fuguet, espero tenerlo pronto y saber que tal es esta nueva creacion de este gran narrador.

carol :

Publicado Miercoles 6 de Enero, 2010 - 19:49 hrs

Me encanta Fuguet, me sentí tan identificada con lo que dice acerca de "Mala onda" yo lo leí a los 16 años (tengo 17) luego de haber leído "The Catcher in the Rye" en español y realmente me marcó, quedé enamorada de lo que escribe Fuguet sobre todo por sen tan realista, tan profundo,y con su largomentraje "Se Arrienda" me pasa lo mismo, vivo sintiéndome identificada con sus personajes. 
No he leído Missing, el otro lo vi en la biblioteca y me llamó mucho la atención porque no había oído escuchar de él asi que con ansias de leerlo solamente y deleitarme con una más de sus obras.

Nicolás :

Publicado Viernes 13 de Noviembre, 2009 - 15:47 hrs

Voy a comprar este libro y leerlo, de verdad que he crecido con este "narrador", y hace poco ví por tvn la película "se arrienda"... no tenía idea que era de este "mala onda", le dije a un amigo que es profesor de historia y que se dedico a hippie que leyera el libro para que se de cuenta de la otra cara de la moneda y que tener ISAPRE y AFP es parte del juego, pero obviamente es detractor de Fuguet. Solo decir "excelente escritor". 
 
NRB

 
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