Netflix estrena la segunda parte de la serie española que se hizo muy popular a finales del año pasado.

  • abril 6, 2018

Probablemente la máscara de Dalí y un overol rojo sean la tenida estrella del próximo Halloween o da alguna fiesta de disfraces, y si no sabes por qué, déjame preguntarte en qué cueva has estado viviendo. No, broma, pero es que es difícil creer que alguien no se haya enterado de una de las series que más dio que hablar el año pasado. Sí, me refiero a La Casa de Papel, y si no has visto la serie o aún no ves la segunda parte, no te preocupes porque no haré ningún gran spoiler durante los siguientes párrafos.

La producción española fue adquirida por Netflix y nos presentó una primera temporada de 13 capítulos de cerca de 50 minutos cada uno, que fue un alivio, ya que la versión original eran nueve capítulos de 70 minutos. Aún así, está tan bien contada que al final de cada uno te deja con ganas del siguiente y el siguiente, y es que el plan es tan perfecto y el profesor tan inteligente y los atracadores tienen tantos matices que termina por atraparte al 100%.

La serie está narrada por una mujer, Tokio, que participa en un atraco junto a otras siete personas que también tienen nombre de ciudades, bajo el mando del Profesor. Pero alto, que el asalto a la Casa de Moneda termina siendo un secuestro, y el secuestro en realidad es una pantalla para ganar tiempo para fabricar miles de millones de euros. Durante los primeros capítulos estás al borde del asiento, luego la historia afloja un poco para volver a dejarte con el alma en un hilo y el corazón palpitando a mil hasta el final.

Lo interesante es que está centrada en los “malos”, los atracadores, pero a medida que va avanzando la historia, empiezas a cuestionarte quiénes son realmente los villanos, porque Berlín, Denver, Tokio, Río, Nairobi, Helsinki, Oslo y Berlín, además del Profesor, terminan por robarte el corazón, al contrario de otros personajes como el director de la Casa de Moneda, Arturo (que debo confesar que en cada capítulo quería que muriera) o el Coronel Prieto, porque cada palabra que salía de su boca era más machista que la anterior. Me acuerdo y me da rabia.

En fin, que a lo largo del atraco, los personajes tienen mayor o menor protagonismo, y si al principio creías que era Tokio la que la protagonista, después Berlín se lleva la posta, pero entonces un capítulo se centra en Denver y otro en Nairobi, y cada uno tiene una historia compleja y una forma de ser que a veces es odiable, otras te enternece y en otras desearías estar en el atraco junto a ellos, ayúdandolos aunque seas uno de los secuestrados.

Por otro lado está la inspectora Raquel Murillo, quien se debe hacer cargo de este caso y que además tiene la presión de que su exesposo golpeador también debe trabajar con ella y la llama mentirosa, y al final, que sea prácticamente la única mujer a cargo de tantos hombres que a veces ni le hacen mucho caso o le echan culpa de todo (en ti estoy pensando, Prieto) hace que te pongas un poco en su lugar y también quieres que salga todo bien para ella, pero sabes que no puede ser, porque si su bando gana (que a cada momento te preguntas si los policías son los buenos o no) pierden los secuestradores, y sabes que se supone que eso es lo que debería pasar, pero en el fondo quieres que a los atracadores les salga todo bien y se te enreda el corazón y los valores.

Porque finalmente, este atraco a la Casa de Moneda española es un símbolo de la decepción hacia los gobiernos corruptos y los bancos centrales, que muchas veces nos engañan sin que nos demos cuenta, y levantan en nosotros ese espíritu antisistema que quiere que, por una vez, tomen de su propia medicina a través de un grupo de personas que, al final, no quieren hacer daño (al menos físico) a nadie.

Ya, no sé si se habrá notado, pero a mí me encantó la serie en muchos sentidos, tanto por la historia (que a veces se hacía un poco pesada, pero volvía a repuntar) como por la dirección, la música y la fotografía, además de las espectaculares escenas de acción y disparos. Sí, a veces las cosas que pasaban eran un poco surreales, o sea el profesor era tan, pero tan genio que a veces parecía adivino. O sea, la policía avanzaba un paso y el ya venía de vuelta. Seco, pero a veces como que no te lo creías tanto porque, cómo tanto. Aunque es una serie de ficción, así que todo bien.

A algunos les molestó el acento español de sus protagonistas y no pasaron el primer capítulo. A ustedes les pido, por favor, denle una oportunidad. Mientras van avanzando  los capítulos ya te acostumbras a su forma de hablar porque te atrapa la historia y hasta terminas maldiciendo en español, c*ño.

En fin, que es una historia muy buena y ojalá la vean y se cuestionen también cuál es el límite entre el bien y el mal y de qué serían capaces ustedes para darle una lección a los corruptos (y llevarse algo a cambio, claro).