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Artículo correspondiente al número 224 (21 de mar al 6 de abr 2008)
Como país, no enfrentamos una situación cambiaria positiva, pero tampoco tan negativa como la de la crisis asiática. Por José Ramón Valente
Con el tipo de cambio bajo 440 pesos por dólar, no es extraño que nos comencemos a preocupar y a analizar los efectos que esto puede tener sobre las exportaciones, nuestras actividades y bolsillos, haciendo para ello uso de la historia y los sucesos acaecidos en el pasado, cuando nuestra divisa alcanzó valores similares.
En este ejercicio, muchos simplemente comparan el valor de nuestra moneda respecto de su valor histórico. Esta comparación es claramente fatal. Es cierto que el dólar se ubica hoy en su menor valor desde hace 10 años, pero este paralelo tiene un error importante, cual es no considerar la inflación nacional y, por lo tanto, la pérdida de poder adquisitivo del peso a través del tiempo.
En el mismo intento, otros corrigen por inflación, y en vez de comparar el valor del peso respecto de sus niveles históricos, analizan la evolución de la UF respecto del dólar. Esta comparación no llega a resultados más favorables que la anterior. Una UF equivale hoy a 44 dólares, mientras que hace 10 años la relación daba que una UF equivalía a 32 dólares. La comparación del valor de la UF respecto del dólar es una buena medida cuando se analiza el precio de éste de un mes a otro, pero omite otro factor importante en las comparaciones de mayores plazos: la inflación de Estados Unidos, o pérdida de valor adquisitivo del dólar en el tiempo.
Los más avanzados realizan, entonces, una corrección por la inflación nacional y la de Estados Unidos, lo que permite determinar el llamado tipo de cambio real bilateral con esa nación. Esta medida permite, efectivamente, medir nuestra competitividad respecto de Norteamérica, pero omite que Chile también comercia con otros países del mundo.
La medida que internaliza todos los efectos anteriores y que permite medir en forma más certera lo que está ocurriendo con el tipo de cambio y, por tanto, la competitividad cambiaria de un país, es el llamado tipo de cambio real multilateral. Si miramos la evolución del tipo de cambio real multilateral, podemos observar que, efectivamente, éste ha tenido una caída importante, en especial desde el año 2003, aunque estamos todavía bastante lejos de los niveles que alcanzó en 1998, en plena crisis asiática, y cuando la paridad peso/dólar alcanzaba alrededor de 460 pesos por dólar.
¿Cómo compatibilizar entonces, que –mientras el tipo de cambio con Estados Unidos está en su mínimo en 10 años– nuestro tipo de cambio real o la competitividad real de nuestra moneda se encuentra sólo un 10% bajo el promedio 1986-2008?
La realidad es que nuestra competitividad con ciertos países y sectores, por ejemplo con Estados Unidos o con los mercados y países con los cuales el comercio se realiza en dólares y donde los precios de los productos de exportación no han subido, se encuentra seriamente dañada; mientras que otros sectores o países (como la minería, en especial la del cobre, y quienes comercian en euros o dólares australianos, entre otros, o donde los precios de los productos han subido en forma importante), han podido más que compensar la caída en el precio del dólar.
¿Dónde está el mito? Como país, no enfrentamos una situación cambiaria positiva, pero tampoco tan negativa como la de la crisis asiática. ¿Y la realidad? Dado que el tipo de cambio real que enfrenta cada sector y cada producto es distinto, no hay una única realidad.
José Ramón Valente es director ejecutivo de Econsult