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Artículo correspondiente al número 218 (30 de nov al 13 de dic 2007)
Colombia tiene enorme potencial y la evidencia disponible indica que la brecha que tiene con Chile disminuiría en los próximos años.
Por Manuel José Balbontín.
Desde hace cinco años Colombia vive una asombrosa recuperación en muchos aspectos, políticos, económicos y sociales, que no han pasado inadvertidos en Chile. Experiencias de empresas como Sodimac, Cencosud, Falabella y Forus son evidencia de que la historia y expectativas de Colombia son sólidas y creíbles. Sin embargo las mejoras allí ya no son noticia. Lo crítico es analizar el desempeño reciente y entender qué tan proyectable es la transformación. En otras palabras, ¿será Colombia capaz de convertirse en el próximo Chile? En las siguientes líneas trataré de aclarar mi opinión, reconociendo sus logros pero resaltando también sus retos.
El interés extranjero sigue en alza, apoyado en las sorprendentes cifras de crecimiento de niveles de 7,7% para el segundo trimestre de 2007, basadas en el gran dinamismo de los sectores industria, construcción y consumo. Analistas creen que esta tendencia continuaría. Existen, entonces, buenas razones para el optimismo.
Repasemos las claves para entender qué posibilidad de éxito existe a largo plazo. Es indudable que lo ocurrido en Colombia se debe en gran parte a la notable gestión del presidente Uribe. La política de seguridad democrática, bandera de su gobierno, ha traído un ambiente de renovada tranquilidad que sumado a un sólido marco de normas pro mercado e inversión sigue generando dividendos.
No obstante, también hay factores de riesgo en el corto plazo. El segundo gobierno de Uribe termina el 2010 y es natural preguntarse ¿qué pasará? ¿Dará Colombia un giro hacia la izquierda populista? Dejando de lado rumores sobre una segunda reelección, recientes resultados electorales indica que emerge un “peor escenario posible” tranquilizador, en el que si bien la izquierda gana poder y aparece incluso posicionada para presidencia, la posibilidad de una izquierda populista estilo Chávez es pequeña. Potenciales candidatos del Polo Democrático como el saliente alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón mantienen vigente la opción de un gobierno de izquierda viable, con una inversión social enmarcada en una gran disciplina macro, respeto a la propiedad privada e incentivos a la inversión. En política, tres años son una vida y obviamente, en el próximo par de años habrá que ver con atención estos temas.
Más críticos en el corto plazo son los desarrollos de su vecino Venezuela y las relaciones comerciales con EE.UU.
El deterioro del aparato productivo de Venezuela ha convertido a este país en el principal socio comercial de Colombia, ha ayudado a atraer inversiones a sectores como el petrolero, que antes se destinaban a Venezuela y han convertido a Colombia en un importante destino de la fuga de capitales e inversiones de los venezolanos. Esta situación tiene doble fi lo, dada la fragilidad de Colombia en el evento de una dislocación de la economía vecina. Los responsables del manejo económico colombiano seguramente seguirán con atención estos desarrollos.
Finalmente, es claro que el TLC entre EE.UU. y Colombia se hará esperar debido al ambiente electoral americano. Aunque es bastante probable que el proceso reciba un segundo (y definitivo) aire una vez se establezca el próximo presidente de EE.UU., aquellos países que ya cuentan con TLC y que como Perú viven un momento económico similar gozan hoy de una ventana de oportunidad para el desarrollo, mientras que Colombia tendrá que seguir esperando.
Colombia tiene enorme potencial y la evidencia disponible nos indica que la brecha entre Colombia y Chile disminuiría en los próximos años. Sin embargo, la habilidad de las autoridades locales en el manejo de los obstáculos va a ser crítica para que esta brecha desaparezca.
Manuel José Balbontín es socio de Compass Group.