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Inversiones
El mundo está bien, pero está caro

Artículo correspondiente al número 207 (29 de jun al 12 de jul 2007)


Hoy en el mundo hay claramente dos bandos de analistas: los optimistas y los pesimistas. Hasta el momento la apuesta la están ganando los optimistas, pero habrá que ver si pueden llegar celebrando hasta fin de año.
José Ramón Valente, director ejecutivo de Econsult

Los mercados accionarios han sorprendido gratamente a los inversionistas este año. Después de cuatro años seguidos de retornos espectaculares (el mercado mundial de acciones medido por el índice MSCI ha rentado 104% desde enero de 2003), a fines del año pasado y comienzos de éste se creía que los retornos se moderarían significativamente en 2007. Habiendo transcurrido casi la mitad del año, la situación es mucho mejor de lo esperado. En efecto, al momento de escribir este artículo, el índice MSCI de acciones mundiales había subido casi 9% durante el año y países como Chile, México, Brasil e incluso Alemania superaban el 20% de rentabilidad medida en dólares.

Como de costumbre los economistas tenemos explicación para todo, pero lamentablemente para nosotros, y para nuestros clientes, solo podemos explicar los eventos con certeza después de que estos ocurren y no antes. La historia es la siguiente: los analistas, gurús, economistas o como quieran llamarlos, han estado desde hace algún tiempo divididos en dos bandos. Por un lado están los que ven el mundo color de rosa. De acuerdo a este grupo, la incorporación de millones de chinos e indios a labores productivas, los progresos de Brasil y Rusia en el manejo de sus economías, el despertar del largo sueño de la economía japonesa y el renovado espíritu del viejo continente, compensan de sobra las eventuales malas noticias que pudieran venir de la gigantesca economía norteamericana y del descalabro de su mercado inmobiliario.

Por lo mismo, creen que hay razones de más para estar optimistas respecto del futuro de la economía mundial y sus empresas. De esta manera, no trepidan en recomendar a sus clientes que inviertan con confianza en los mercados accionarios y particularmente en aquellos de economías emergentes, tradicionalmente consideradas más riesgosas, porque en este nuevo escenario mundial habrían dejado de serlo. Así se explica que índices accionarios de países como Brasil hayan rentado más de 350% desde principios de 2003 y que el premio por riesgo exigido a sus bonos se haya reducido de más de 10% a poco más de 1,5%.

Los que se encuentran en el lado oscuro de la fuerza, los pesimistas, creen que Estados Unidos sigue siendo la palanca que mueve a la economía mundial. De acuerdo a su tesis el fuerte impulso propinado al gasto de los consumidores norteamericanos, como consecuencia de la reducción en la tasa de interés aplicada por Alan Greenspan para salvar a Estados Unidos de una recesión inducida por el reventón de la burbuja de internet, estaría pronto a llegar a su fin. De acuerdo con esta tesis gran parte de la bonanza de la economía internacional se ha sostenido en las exportaciones que países como China han enviado para saciar el voraz apetito de los consumidores de Estados Unidos, lo que quedaría demostrado por el alto déficit de su cuenta corriente, de US$ 900 mil millones al año, es decir más de un 6% de su PGB. Es decir, los gringos gastan, los chinos les venden lo que ellos quieren comprar, pero en vez de gastarse la plata, la ahorran comprando bonos que los mismos gringos emiten para financiar su fiesta. El descalabro del sector inmobiliario en Estados Unidos, reduciría el consumo y marcaría el comienzo del fin del ciclo descrito. Estados Unidos podría eventualmente entrar en una recesión y con ello arrastrar al resto del mundo y sobre todo a las economías emergentes que tanto se han beneficiando del aumento en el precio de las materias primas generado por la fuerte expansión de la demanda china. Los analistas que tienen esta visión obviamente les han recomendado a sus clientes que reduzcan sus posiciones accionarias.

¿No le parece interesante que instituciones de prestigio mundial y analistas altamente califi cados, puedan llegar a conclusiones tan radicalmente opuestas respecto del futuro de la economía mundial? ¿Será posible que ambos bandos tengan la razón? Creo que sí. En mi opinión los optimistas tienen una buena descripción de la tendencia de largo plazo de la economía mundial, estoy con ellos en que la revolución tecnológica y la incorporación del modelo de economía de mercado en China e India generarán una explosión de riqueza en el mundo por los próximos 20 a 30 años. Pero por otro lado creo que los optimistas olvidan que no es lo mismo una buena empresa que una buena inversión. En otras palabras la economía mundial está bien pero está cara. Y en ese sentido estoy con los pesimistas. El alza de las tasas de interés mundial que se ha producido en los últimos dos años y que podría continuar en los próximos meses a medida que aumenta el gasto en consumo e inversión en todo el mundo, unido a la fuerte desaceleración que ya ha tenido la economía de Estados Unidos sí tienen, en mi opinión, la magnitud y la potencia para producir una disminución en el valor de los bonos y las acciones a nivel mundial. Al parecer se puede estar bien con Dios y con el diablo.

En todo caso hasta el momento la apuesta la están ganando los optimistas, habrá que ver si pueden llegar celebrando hasta fin de año.

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