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Artículo correspondiente al número 212 (07 al 20 de sept 2007)
Técnicamente la confianza empresarial dejó de ser tal y hoy se podría denominar desconfianza empresarial. Un fenómeno inquietante y que invita a las autoridades a actuar con prudencia. Por William Díaz.
Se veía venir. La marcada tendencia a la baja en el Indice de Confianza Empresarial (ICE) que calcula el Centro de Investigación de Empresas y Negocios, CIEN, de la Universidad del Desarrollo era la antesala a que por primera vez se registrarían valores negativos, es decir, desconfianza a nivel empresarial.
Los empresarios y ejecutivos encuestados todos los meses, ya venían advirtiendo sistemáticamente que la Confianza Empresarial se estaba deteriorando y las razones estaban al alcance de todos. Conflictos por la aplicación de la ley de subcontratación, el caso Codelco, precio de los insumos, crisis energética, presiones inflacionarias y política monetaria contractiva, justificaban las aprensiones de los empresarios.
Ilustrativo de lo anterior es que la Industria, el Comercio y la Agricultura siguen marcando valores negativos en lo que va del segundo semestre (-7, -12,2 y -38,7 cada uno en el mes de agosto), mientras que Minería y Construcción también marcaron valores menores en este mes, 1,6 y 9,1 respectivamente, comparado con julio.
Pero además esta vez se sumó un hecho inédito, ya que el sector que tradicionalmente ha tenido el mejor comportamiento en términos de este índice, el Financiero, mostró su mayor caída en los últimos doce meses al pasar de 40,9 a 15,9 puntos, es decir 61% de disminución en su nivel de confianza.
Esto explica el que hoy es el menor valor del año (-21,1 puntos), en cuanto a lo que proyectan los empresarios y ejecutivos sobre la influencia de la situación global de la economía en sus respectivos negocios, lo que a su turno da cuenta del impacto de los conflictos sociales y laborales que marcaron los meses anteriores, sobre todo el conflicto de Codelco tanto en su duración, como en la intensidad y resolución, factores que dieron una mala señal al resto de los sectores económicos.
Por otro lado, el precio de los insumos aun es un factor de preocupación para la confianza empresarial, tanto que muestra el menor valor de este indicador para el mismo mes de los últimos tres años. Lo más preocupante para la confianza empresarial es la amenaza inflacionaria y su latente ajuste vía incrementos –aunque paulatinos– de la tasa de interés rectora de la economía. Ello va a provocar una desaceleración de las colocaciones y un menor acceso a financiamiento del consumo privado. Por otro lado, las tasas de interés más altas influyen en aumentos de costos de financiamiento de inversiones y capital de trabajo, con el obvio deterioro de la actividad empresarial en los meses venideros.
En definitiva, la política monetaria contractiva, la cual funciona bien para frenar las presiones de demanda agregada, genera también mayores complicaciones en la capacidad de pago de los deudores, derivado del menor ritmo de actividad que implica esa política. Con ello, deberíamos estar atentos a las señales que se envíen a la economía y sus agentes en la próxima discusión de la Ley de Presupuestos 2008, esperando que ella sea prudente y racional con la menor expansión del gasto privado que implica un alza sistemática en las tasas de interés.
Economista, Facultad de Economía y Negocios, Universidad del Desarrollo.