Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
Nadie dijo que esto sería fácil. Capital presenta un especial con los desafíos del próximo gobierno, un análisis internacional del triunfo de Piñera, una mirada histórica de la derecha política, las nuevas generaciones que irrumpen en el escenario del “cambio”, y mucho más.
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Al ritmo de Piñera
Por Guillermo Turner
“¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”
El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957)
"Haremos un gobierno que reestablezca la cultura de hacer las cosas bien. La cultura de hacer las cosas en forma honesta y la cultura de hacer las cosas con un sentido de urgencia"
Sebastián Piñera, discurso 17 de marzo 2010
Dos citas, para dos objetivos. Uno, que la promesa de cambio por la que votó el electorado no termine oliendo a “más de lo mismo”. Dos (para evitar lo anterior), que se desplieguen con fuerza los tres pilares que Piñera quiere imponer a su administración: gestión, probidad y urgencia.
Dicen que está en su ADN y así lo han comprobado sus colaboradores del comando. “No basta con hacer una sugerencia; para proponerle algo tienes que contar con cifras, datos, evaluaciones y costos”, cuenta un asesor. “Y que sea al hueso”, añade.
Es el estilo Piñera, el mismo que buscará marcar durante los que se avecinan como intensos 100 primeros días de gobierno. Un presidente todo terreno, con las botas puestas y la camisa arremangada, apoyado en un equipo que ya ha sido debidamente prevenido: “ni el presidente, ni los ministros, ni ninguno de nuestros colaboradores perderán un minuto de tiempo”, anticipó el mandatario electo a los miles de partidarios que lo vitorearon el día de su triunfo electoral.
“Velocidad y prudencia”, le recomiendan los analistas porque, antes que todo, debe lidiar con su más complejo enemigo: el exceso de expectativas. La amenaza está en el horizonte, con un Obama cuya popularidad cae bajo el 50% en la medida en que no consigue llegar a acuerdos con la oposición ni sacar adelante sus principales promesas.
En sus propias palabras
“Veamos en qué consiste tal cambio”, relató Piñera en su Carta abierta a los chilenos y chilenas y lo sintetizó en cuatro puntos:
1.- “Un presidente todo terreno, las 24 horas del día por 7 días a la semana. Que se arremangue las mangas, se haga cargo de los problemas y lidere las soluciones”.
2.- “Cargos asignados por capacidad y experiencia”, con una regla muy simple: “el que mete los pies, para su casa; el que mete las manos, a la justicia”.
3.- Una “cultura de hacer las cosas bien para la gente y no para las noticias de la televisión”.
4.- Y todo, marcado por ese omnipresente “sentido de la urgencia”.
En términos comunicacionales, se trata de un sello muy distinto al modelo “presidente protegido” o “gran estadista” que caracterizaron a algunas de las gestiones anteriores. “Tiene que marcar un estilo de gallo en terreno, que le saca trote al sector público”, dice un asesor y añade: “que arma reuniones, trabaja los fines de semana, cita de improviso a los jefes de servicio, monta gabinetes en regiones, etc”.
¿Se agotó de solo pensarlo? Pues eso no es todo, porque si nos centramos en los primeros 100 días de gobierno, entonces todo indica que ese esfuerzo y la urgencia se concentrarán en la generación de empleo (quizá la promesa que Piñera más repitió en campaña y que más le cobrarán sus detractores). Se trata de crear un millón de empleos en el período, lo que supone más de 200 mil por año, que se podrán originar –según las estimaciones internas del comando– gracias al crecimiento de la economía (unos 150 mil) y a los cambios en la relación trabajo/capital o aumentos en las fuerza de trabajo (más de 50 mil).
En términos de prioridades, al empleo le seguirá la seguridad, con planes que van desde un aumento gradual de la dotación de Carabineros en 10.000 efectivos en cuatro años, hasta la construcción de plazas, bibliotecas e instalaciones deportivas en los 100 barrios con mayor violencia y tráfico de drogas.

Cuestión de expectativas
Si algo tienen en claro al interior del futuro equipo de gobierno es que con las expectativas no se juega. Por eso, más que obras inmediatas, el objetivo es mostrar gestión. Desde nombramientos de excelencia (lo que implica resolver la compleja madeja de excelencia, transversalidad, sensibilidad política, género y derechos adquiridos) hasta una hoja de ruta definida y evaluable.
A cargo de lo anterior, dos figuras clave: el director del Instituto Libertad y Desarrollo, Cristián Larroulet, y su par del Instituto Libertad, María Luisa Brahm. Ellos han evaluado al equipo, el futuro y el existente, porque un gobierno que tiene por objetivo instalarse desde el primer día no puede pensar en reemplazar esos 1.300 cargos de responsabilidad presidencial. “Han estado revisando el perfil de los actuales funcionarios, quién se queda y quién se va”, cuentan en el comando. La continuidad es importante, no sólo como señal política (el gobierno de unidad y la democracia de los acuerdos, como convocó Piñera) sino también por eficiencia, incluso tomando en cuenta que buena parte de los nuevos ministros, subsecretarios o jefes de servicio procederán del sector privado, con poco conocimiento de las prácticas y limitaciones que supone el servicio público.
Si de cargos clave se trata, los cupos a completar se reducirían más bien a unas 200 personas. Pero más que los nombramientos, la clave estará puesta en la hoja de ruta y en una exhaustiva evaluación. Así, las 170 páginas del programa presidencial se transformarán a partir del 11 de marzo en un instructivo claro y preciso que será supervisado por una repotenciada secretaría general de la Presidencia. “Este ministerio tendrá el rol que tuvo con Edgardo Boeninger, como evaluador y coordinador de los compromisos presidenciales y no sólo como área de relación con el Congreso”, comentan.
El instructivo tendrá objetivos, de largo plazo e intermedios, con fechas de cumplimiento y responsables. Dos instituciones apoyarán la tarea de control: la Agencia de Auditoría Interna, que dependerá del presidente y tendrá la tarea de controlar la gestión interna y la evaluación del correcto funcionamiento de los ministerios y sus servicios, y la Agencia Autónoma de Calidad de las Políticas Públicas, que cumplirá la tarea de evaluar en forma ex post las políticas y programas desarrollados por las instituciones estatales.
Lo anterior no supone un segundo piso tan influyente como el que ha caracterizado a La Moneda en los tiempos de Lagos y Bachelet. “El diseño es más parecido al de Aylwin, con un gabinete de primer nivel y un equipo político, más Hacienda, muy coordinado”, explican.
La probidad
Todo indica que el fantasma de los conflictos de interés rondará, en mayor o menor medida, durante los cuatro años de futura gestión presidencial. El problema no se reduce al tratamiento que el presidente electo haga de sus inversiones. También están sus colaboradores (que en su mayoría provendrán del sector privado), sus acciones anteriores, redes de contacto, etc.
Por lo mismo, en el diseño del nuevo gobierno hay un objetivo claro: el sello de la excelencia tiene que estar acompañado por el sello de la probidad, tanto para marcar una diferencia con las administraciones concertacionistas como para evitar las más mínimas sospechas. Como consecuencia, los instructivos y las políticas sobre la materia ya están en marcha, a lo que se sumará la posibilidad de que los ciudadanos –mediante los consejos regionales– acusen de “notable abandono de deberes” a intendentes y gobernadores ante el Tribunal Electoral, lo que será sancionado con la remoción del cargo.
Es la trenza gestión, probidad y urgencia. El sello Piñera. ¿Se cansó?
El cheque de Piñera
| Las metas económicas |
| -Ingreso por habitante superior a los 22.000 dólares al año 2018 -Tasa de crecimiento promedio de la economía de 6% anual -Aumentar la inversión desde el 23% del PIB en 2009 a 28% en 2014 -Productividad total de factores pasará desde -0,5% a 1,5% en 2014 -Crecimiento moderado del gasto público: incremento promedio en torno al 4 a 5% real en el período 2010-2013 -Superar la pobreza extrema el 2014 y la pobreza hacia el año 2018 |
| Emprender hasta que duela |
| -Crear 100 mil nuevos emprendimientos -Tasa neta de creación de empresas mayor al 3% anual al final del gobierno -Reducir de 27 a 12 el número de días y de 9 a 3 los trámites necesarios para crear una empresa -Mantener en 0,6% la tasa de impuesto de Timbres y Estampillas -Gravar sobre la base de utilidades retiradas a las Pymes con ventas hasta 25.000 UF (y gradualmente hasta 100.000 UF) -Sistema de depreciación acelerada hasta 2012 -Eliminar los impuestos a la exportación de servicios financieros -Mayor flexibilidad en la oportunidad del pago de IVA y los Pagos Provisionales Mensuales para las Pymes -Elevar inversión en investigación y desarrollo (I+D) desde 0,7% del PIB actual a 1,2% del PIB a fines del gobierno y sentar las bases para que pueda volver a duplicarse en los siguientes 8 años (2,4% del PIB al 2021) -1.000 becas adicionales de doctorado y 400 becas adicionales de post doctorado en 2013 -Convertir a Chile en uno de los 10 países líderes en exportación de alimentos |
| Los nuevos organismos |
| -Sernac financiero -Oficina Nacional de la Innovación y el Emprendimiento -Ministerio del Emprendimiento y la Innovación -Consejo Nacional Pyme -Ministerio de Desarrollo Social -Ministerio Secretaría General de Gobierno reestructurado -Ministerio Secretaría General de la Presidencia con rol potenciado -Agencia de Auditoría Interna -Agencia Autónoma de Calidad de las Políticas Públicas |
| Los compromisos sociales |
| -Creación de un millón de empleos, “buenos” y con salarios “justos” -Un millón doscientas mil personas capacitándose anualmente al final del período - Ingreso Ético Familiar, compuesto por el Subsidio Único Familiar, el Bono de Capacitación y un Subsidio al Trabajo -Salas cunas financiadas al menos en un 50% por el Estado en las empresas medianas y pequeñas -Flexibilidad para que las madres puedan administrar de acuerdo a su mejor conveniencia el beneficio pre y post natal -Extensión del post natal hasta seis meses -Ampliación de la negociación colectiva a materias como flexibilidad horaria, sistema de turnos y otros -Duplicar gradualmente la subvención escolar por niño atendido -Crear una red de a lo menos 50 liceos de excelencia como el Instituto Nacional -Reducción gradual del descuento del 7% que se efectúa a los jubilados para su salud |
| Y si de bonos se trata… |
| - Bono de Capacitación para 100 mil trabajadores en una primera etapa (luego serán 300 mil), para que puedan utilizarlo en el programa que elijan -Bono Marzo por un monto de 40.000 pesos por carga familiar. Beneficio para cuatro millones de personas -Bono de Garantía Auge, para que el usuario elija el hospital público o privado de su preferencia, cuando no se cumplan los plazos garantizados por el Auge -Bono de Asistencia Judicial, para que personas pobres puedan pagar un abogado cuando las Corporaciones Judiciales no los atiendan adecuadamente -Bono Bodas de Oro para todos los matrimonios que cumplan 50 años de casados |
| Por un país más seguro |
| -Aumento gradual en 10.000 efectivos de la dotación de Carabineros en la calle durante los cuatro años -Monitoreo electrónico a distancia (brazalete de seguridad) en casos de delitos de violencia intrafamiliar y otros de naturaleza grave -Programa Barrio en Paz en los 100 barrios con mayor violencia y tráfico de drogas. Implica construir instalaciones deportivas, plazas, bibliotecas y espacios públicos iluminados |
| Pero esto no es todo… |
| -Facilitar la emisión de bonos, fondos mutuos y fondos de emisión, a través de regímenes de autorización automática de contratos estandarizados -Entidades financieras extranjeras podrán ofrecer directamente sus servicios -Supervisión consolidada de los grupos financieros -Sistema de Alta Dirección Pública para la selección de los altos cargos de las superintendencias -Fiscal Nacional Económico propuesto por la Alta Dirección Pública al presidente de la República y contar con la confirmación del Senado -Más del 29% de la matriz eléctrica chilena proveniente de energías renovables al año 2020 -Aumento de la forestación a una tasa de 200 mil hectáreas por año, perfeccionando y prorrogando el DL 701 -Crecimiento del 80% en los ingresos derivados del turismo receptivo al término del gobierno, de 30% en los del turismo emisivo y 70% en los originados del turismo interno -Red nacional de docentes expertos para apoyar a los niños y niñas que se estén quedando atrás en los procesos de aprendizaje -Nueva carrera docente -Dotar gradualmente a todas las salas de clases del país con un computador y un data show, una pizarra interactiva y conexión a internet de banda ancha -Iniciar la construcción de 10 hospitales y 76 consultorios, utilizando el sistema de concesiones -Invertir al menos 620 millones de dólares en recuperar, modernizar y ampliar más de 50 hospitales y 200 consultorios -45 hospitales autogestionados al año 2014 -Eliminar las listas de espera en todas las enfermedades Auge -600.000 soluciones habitacionales, aumentando tamaño, calidad y focalización -Ampliación o reparación de viviendas de 150.000 familias que viven en casas obsoletas, muy pequeñas o de baja calidad -Tamaño mínimo de las viviendas de 50 metros cuadrados para la familia promedio -Erradicar los 533 campamentos aún existentes -Creación de 200 plazas en todo Chile -Sistema de tarificación vial por congestión, para usar esos recursos en mejoras de la infraestructura vial y el transporte urbano -Reconocimiento en la Constitución de los pueblos indígenas -Inscripción automática y voto voluntario -Extender el derecho a voto a los chilenos que residen en el extranjero y que mantengan vínculos y pertenencia con el país -Sistema de primarias voluntarias y vinculantes, bajo el control del Servicio Electoral, para elegir a los candidatos a presidente, senador, diputado y alcalde -Tribunales Vecinales para facilitar el acceso a la justicia -Reforma a la justicia civil -Modificar el Código de Justicia Militar -Incremento de las horas de educación física a un mínimo de 30 minutos en etapa preescolar y 1 a 4 horas semanas en escolar en un lapso de 4 años -Programa Chile se pone en forma para duplicar el número de personas que practican deporte regularmente -Plan Maestro de Ciclovías y Ciclobandas para las principales ciudades del país |
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El futuro está aquí
Primer dato: los verá en el próximo gobierno. Segundo: son jóvenes, talentosos, no piden permiso y su desempeño resultó clave para el triunfo electoral de Sebastián Piñera. Son, en definitiva, los verdaderos “rostros del cambio”. Por Federico Willoughby Olivos.
>> Ignacio Rivadeneira
Algo así como el jefe de gabinete del presidente electo. Al día siguiente de haber sido elegido Sebastian Piñera y mientras buena parte del comando intentaba sacarse de encima la resaca de las celebraciones, Ignacio estaba en la cancillería recibiendo las felicitaciones de Nicolas Sarkozy, Alvaro Uribe, José Luis Rodríguez Zapatero y otros tantos gobernantes que llamaban para dar sus parabienes al nuevo mandatario.
Ignacio es el miembro más joven del comité político de Piñera (compartió asientos con Andrés Allamand, Marcela Cubillos, Andrés Chadwick, Alberto Espina, Rodrigo Hinzpeter y José Miguel Izquierdo), y si bien aterrizó en el comando en junio (directo desde Harvard, donde realizó un master en políticas públicas) como director de contenidos, se empoderó inmediatamente de su cargo. Cuentan que, pese a ser el más joven del comité, nunca le tembló la voz para dar su opinión o contradecir a Allamand, Chadwick o a cualquier otro con quien surgiera una divergencia. Ignacio es el vivo ejemplo de uno de los dogmas del nuevo presidente a la hora de armar sus equipos: “a Sebastián le gusta revisar cada curriculum con calma, es de aquellas personas que invierten mucho tiempo en contratar a alguien, para así no perder tiempo controlándolo”, cuenta uno de sus cercanos.
Su ingreso al comando coincidió con el reordenamiento al que se vieron obligados en la casona de Apoquindo después de que la encuesta CEP de mayo-junio mostrara una preocupante baja en los atributos del candidato. En ese escenario, la cercanía de Ignacio con Piñera permitió tender puentes con las nuevas generaciones, desbloquear la toma de decisiones en los equipos y permitir un trabajo mucho más ejecutivo. Así se pudo desarrollar una serie de ajustes, como agudizar la coordinación por región, afinar el discurso (una de las tareas de Rivadeneira fue aterrizar a nivel de campaña el programa de gobierno, aspecto que coordinó directamente con Cristian Larroulet) y, básicamente, “no dejar nada al azar”.
Hijo del abogado y fundador de Renovación Nacional Ricardo Rivadeneira, Ignacio no sólo es uno de los tipos más fogueados en política de esta generación (fue vicepresidente de RN en 1998), sino que es reconocido transversalmente por su capacidad intelectual. Fue uno de los ideólogos detrás del cuidado trabajo de campo que comenzó tras las desafortunadas declaraciones de Piñera en la radio Millarai de Parral (ocasión en la que habló del accidente de la hija de Andrés Velasco). A partir de ese momento se estableció que “no había espacio para más errores” y se profesionalizó completamente la campaña. A modo de ejemplo, se controló todo para que el candidato apareciera siempre hablando con personas detrás, de manera que trasmitiera una imagen cálida y muy humana. La idea de que los seguidores levantaran carteles con las propuestas programáticas vino del propio Rivadeneira.
>> Francisco Irarrázaval
Hombre clave en el trabajo territorial de Piñera. Es un tipo que se siente cómodo con los desafíos y lo suyo es el trabajo de terreno, sobre todo si está ligado a lo social. Menos político que Ignacio Rivadeneira y Hernán Larraín, sus mayores credenciales provienen, primero, de haber ideado y dirigido Un Techo para Chile y, segundo, que trabajando por Piñera no sólo fue clave en el trabajo territorial de la campaña sino que también se la jugó por la total incorporación de los comandos juveniles de todo el país. Duro y hábil negociador, logró que, a diferencia de campañas anteriores, los segmentos juveniles recibieran recursos y materiales. Su camino en el futuro gobierno de la Alianza debería estar ligado al nuevo ministerio de Desarrollo Social
Mientras estaba en Harvard (donde obtuvo un master en desarrollo internacional) conoció a Ignacio Rivadeneira. Al enterarse por la prensa de que Rivadeneira estaba ejerciendo el rol de headhunter para la campaña presidencial, le envió un par de mails contándole sus ganas de participar. Pese a tener un pasado más ligado a la Concertación (en su época estudiantil le ganó un par de veces la presidencia de la Feuc a los gremialistas), le llamó la atención el proyecto de Piñera y la posibilidad de tener un rol importante en n el desafío de lograr que la Alianza eligiera a su candidato.
Rivadeneira lo puso en contacto con José Ignacio Pinochet, el hombre que históricamente ha administrado las campañas electorales de Piñera. Su primer encargo fue coordinar y trabajar en el Mójate por Chile, en que operó codo a codo con Sebastián y Cristóbal Piñera. A partir de ahí sentó las bases de la red territorial que se utilizó posteriormente en la campaña. Después, el mismo grupo del Mójate se instaló en el primer piso del comando para coordinar la logística y buena parte de los encuentros del entonces candidato con los adherentes. Si bien su nombre fue “destapado” mediáticamente días después de que Frei presentara a Sebastián Bowen (también, un ex Techo para Chile), lo cierto es que Irarrázaval llevaba meses trabajando en el comando, rodeado de jóvenes y con un cartel que todavía está pegado en la puerta: “templo de la juventud: se trabaja sin envejecer”.
>> Hernán Larraín
En el comando lo definen como el tipo que le puso rock&roll a la campaña. ¿Su futuro? Desde Piñera para abajo han reconocido que su trabajo fue clave y eso le asegura un rol importante en el área de comunicación y estrategias del próximo gobierno. Ya está trabajando en el diseño de imagen de éste y sus más cercanos reconocen que si bien Larraín está feliz y entusiasmado con lo que pueda hacer por el presidente Piñera, en el fondo tiene una vocación política más ejecutiva que de asesor, por lo que no sería raro verlo como candidato a diputado en próximas elecciones parlamentarias.
Larraín fue uno de los “nuevos” que más sobresalieron en la campaña. Pese a su conexión inherente con la derecha (es hijo del senador Hernán Larraín), no es tan cercano al futuro presidente como Ignacio Rivadeneira o la propia Magdalena Piñera. De hecho, llegó al comando casi fortuitamente, cuando la empresa donde trabajaba (Storm) ganó la licitación para hacerse cargo de los contenidos en la página web.
Desde ahí planteó una estrategia que se alejaba de las campañas tradicionales de la Alianza. Rompió absolutamente con la lógica del desalojo y se la jugó por una campaña ciudadana, colorida, cercana, afectiva y que apelara a la unidad. La idea, como aclara un miembro de su equipo, era “robarle las banderas a la Concertación”. La campaña ideada por Larraín y los suyos tuvo aceptación y empezó a ser muy bien evaluada por el equipo político, a diferencia de lo que ocurría con el trabajo de marketing que estaba haciendo Larraín y Asociados, la empresa de Carlos Alberto Délano.
Por eso, cuando se entregaron los resultados de la encuesta CEP mayo-junio, el sismo en el comando también alcanzó al área de marketing. Délano optó por encargarse de la campaña de Lavín en la V Región y Rodrigo Hinzpeter, como jefe del comando, insistió en su tesis de profesionalizar el trabajo. Ambas situaciones determinaron el desembarco total de Larraín como responsable de marketing del comando. Desde ahí, trasladó el espíritu de la campaña web al despliegue territorial. Larraín se dio cuenta de que la derecha estaba sedienta por un símbolo. Si la Concertación había acuñado el arco iris en la más exitosa de sus campaña (la del No, en el 88), la derecha tenía que ser capaz de levantar su propio símbolo. Con esa idea en mente llegaron a la estrella, que el propio Piñera apoyó desde el día uno, usándola en su solapa hasta el domingo 17 de enero.
>> Magdalena Piñera
Para entender la importancia y la influencia de la hija en el presidente electo hay
que considerar que entre los familiares cercanos fue la única que sobrevivió a la profesionalización del comando. Si bien sus hermanos también participaron de distintas maneras, Magdalena fue la más fundamental en la estrategia de la campaña. Instalada junto a su padre en el exclusivo piso 18 de Apoquindo 3000 (lugar donde también tiene oficinas Ignacio Rivadeneira), se convirtió en la encargada de la agenda y de producir los grandes eventos.
Conoce hace años a Ignacio Rivadeneira y su trabajo fue, junto a Carla Munizaga (asesora de prensa), pulir la agenda del candidato para que fuera altamente eficiente. En esta función se coordinó con Irarrázaval y se tomaron decisiones como privilegiar la visita del candidato a comunas con buena votación aliancista (Ñuñoa o Puente Alto) sobre comunas históricamente concertacionistas, como La Pintana, donde había pocas opciones de ganar y se perdía la oportunidad de un buen encuentro con la gente. Magdalena tuvo la gran ventaja de que venía conversando el diseño de la campaña con su padre desde hacía un año y medio, por lo que la manejaba al dedillo.
También su influencia abarcó marketing, la web y el trabajo con los jóvenes.
| Sin espacio para amateurs |
Lectura obligatoria dentro del comando fue No Place for amateurs (Sin espacio para los amateurs), del norteamericano Dennis W. Johnson. El autor es decano de la escuela de Politcal Managment de la George Washington University. En más de 300 páginas describe todas las etapas de una campaña (desde conseguir fondos, investigar a los rivales o manejar los medios de comunicación). A partir de este libro, y también por experiencias previas, se optó por un equipo joven que no tuviera “agenda” y que, sobre todo, no filtrara lo que estaba sucediendo. En la primera vuelta, el comando tenía que trabajar para Piñera y no para los candidatos al Congreso. La idea era evitar que emergieran confrontaciones y que los partidos entraran en la definición de la agenda del candidato. Además, la fuerte presencia de jóvenes evitó un vicio detectado en los políticos más tradicionales: el filtrar todo a la prensa. Básicamente, Piñera buscó juventud, dedicación, preparación pero, sobre todo, gente carente de vicios políticos. |
Nunca es malo que un presidente se rodee de gente preparada y con experiencia, para que lo aconseje. El problema es que quizás algunos ya no estan con nosotros o están muy ocupados en sus países. Por eso, aquí un puñado de consejos y experiencias para nuestro futuro presidente.
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“La mirada del gobierno sobre la economía puede resumirse en pocas frases: si se mueve, que pague impuestos. Si se sigue moviendo, hay que regularla y si deja de moverse, es el momento de subsidiarla”. Ronald Reagan |
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“Sólo después de ser presidente eres odiado. Morse, Hoffa, Al Hayest, etc., todos me odiaron por culpa de una ley. Los presidentes están destinados a ser odiados a menos que sean blandos como Ike”. John F. Kennedy |
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“Los tratados son como las rosas y las jovencitas, duran lo que tienen que durar”.
Charles de Gaulle |
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“El gobierno no es una razón, tampoco es elocuencia, es fuerza. Opera como el fuego; es un sirviente peligroso y un amo temible”. George Washington |
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“Una de las cosas que descubrí, y que las elecciones del 94 me terminaron por demostrar, es que cuando fui elegido en 1992 el país estaba en sintonía conmigo y había abandonado mentalmente las políticas económicas de los años de Reagan. Querían volver a un presupuesto equilibrado, querían que la clase media tuviera un buen pasar, querían que la gente pobre tuviera un camino para alcanzar a la clase media y no mantenerse ahí para siempre. Pero claro, el problema fue que culturalmente todavía existía una cierta vulnerabilidad a la política de la división, y también una cierta propensión a creer que el gobierno podría hacerlo mal. Y así, en ese ambiente, tengo que asumir la responsabilidad de que por tratar de cambiar tantas cosas al mismo tiempo terminé siendo castigado en las elecciones. Si bien el plan económico había considerado un cambio en los impuestos y la mayoría de la gente obtuvo una rebaja y no un aumento de impuestos, lo cierto es que la gente no sintió inmediatamente la mejoría de la economía o la reducción del déficit, y me castigó”. Bill Clinton |
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“Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra”. Don Quijote de la Mancha, consejos del caballero a Sancho para gobernar |
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“Hay que vigilar a los ministros que quieren hacerlo todo sólo con dinero”.
Mahatma Gandhi |
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“Al gobernar aprendí a pasar de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades”.
Felipe González Márquez |
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“Hay que tener ojo y visión. Los votantes nunca se van a sentir responsables de los fracasos del gobierno que han votado”. Alberto Moravia |
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“En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar”. Francis Bacon |
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Piñera en la encrucijada
Cuatro miradas para cuatro desafíos: los conflictos de interés, las relaciones internacionales, la agenda social y el manejo de las expectativas. ¡Uf! Nadie dijo que esto fuera simple…
| Conflictos de interés: Cuando se nace chicharra… |
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Por Jorge Navarrete Abogado. Del Río Izquierdo. |
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Siempre he tenido la percepcion de que para Sebastian Piñera esta es una cuestion menor. |
| El reciente resultado electoral desató una frenética carrera para que el presidente electo traspase la propiedad de las acciones que posee en varias empresas. Sin duda hubiera sido deseable que dicho proceso se materializara con anterioridad, evitando así cualquier suspicacia o sospecha por las especulaciones de último momento; en especial, aquellas que versan sobre el precio y las condiciones de venta. Nadie podría declararse sorprendido por este escenario. La condición empresarial de Sebastián Piñera, y en particular los posibles conflictos de interés que derivaban de su participación política, fue un tema largamente debatido no sólo durante toda esta campaña electoral, sino también en la anterior. ¿Por qué, entonces, se esperó hasta el último momento? Una posibilidad es pensar que el empresario no estaba seguro de que finalmente alcanzaría la presidencia de la República y, en ese escenario, no quiso correr el riesgo de añadir un gravamen adicional al ya duro hecho de ser derrotado. Sospecho, sin embargo, que esta explicación es algo ingenua. Ya hacía muchos meses que la derecha derrochaba entusiasmo y confianza en el triunfo electoral. Su gran mayoría pensaba que, de no mediar un hecho tan extraordinario como impredecible, el arribo a La Moneda era una cuestión de plazo. Otra alternativa es suponer que se dilató el momento para obtener un mejor precio. La crisis económica golpeó fuerte al mercado nacional y a la mayoría de nuestras empresas. Vender en el peak de la incertidumbre financiera era a todas luces un pésimo negocio, por lo que valía la pena postergar lo más posible el proceso, especialmente de cara a la tan anunciada recuperación. Aunque se trata de una razón más plausible que la anterior, ambas dejan entrever una mirada algo liviana de la función pública o, dicho de otra manera, la escasa importancia que se asigna a estos eventuales conflictos de interés. En efecto, siempre he tenido la percepción de que para Sebastián Piñera esta es una cuestión menor. Por lo mismo, pareciera que los continuos reclamos y exigencias que se le hacen –tanto sus adversarios como sus colaboradores– en torno a la necesidad de separar la actividad política de los negocios se los tomará sólo como infundados prejuicios de una clase dirigente trasnochada, que no alcanza a comprender las bondades de un mundo globalizado y de las inevitables ambigüedades de la política moderna. De hecho, tengo serías dudas de que el próximo presidente estaría desprendiéndose de la administración de algunas de sus empresas o vendiendo la propiedad de otras tantas, sin que hubiera mediado una fuerte presión –por cierto, políticamente transversal–, lo que hace suponer que estamos frente a una medida más motivada por la resignación que por la convicción. Así por ejemplo, incluso dicho con algo de orgullo, el presidente electo ha resuelto no vender su propiedad en Blanco y Negro S.A., más conocida como Colo-Colo. En alguna columna anterior, yo hacía referencia al conflicto de interés por la eventual decisión que debe adoptar el intendente de Santiago –representante directo del presidente en la región– ante a la posibilidad de clausurar o inhabilitar temporalmente el estadio del club, con motivo de algún problema específico. Incluso más, para no darle tantas vueltas, ¿no parece obvio que la persona que debe nombrar al próximo superintendente de Valores y Seguros –éste, entre otras cosas, es quien vigila por el buen desempeño de las sociedades anónimas– no tenga ninguna relación con las empresas fiscalizadas? A partir del próximo 11 de marzo, Sebastián Piñera tendrá que adicionalmente nombrar al director del SII, al fiscal nacional económico, al director del Trabajo, al presidente del Tribunal de la Libre Competencia, a los superintendentes de Bancos, Isapres, Previsión Social, Casinos, Electricidad y Combustibles, suma y sigue. Ninguna legislación, por más estricta que sea, puede funcionar si no está en sintonía con los estándares de comportamiento que deben tener los ciudadanos; menos, los funcionarios públicos y, para qué decir el presidente de la República. Bienvenido que un empresario exitoso llegue al sillón de O´Higgins, siempre y cuando no pretenda influir o decidir sobre cuáles son las reglas y, al mismo tiempo, servirse de ellas en beneficio propio. Que se olvide de intentar, en forma simultánea, arbitrar y jugar el mismo partido. |
Posibles acciones internacionales del nuevo gobierno |
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Por Juan Emilio Cheyre Director del Centro de estudios internacionales UC. |
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Será tarea desmitificar la erronea visión de ciertos gobernantes y grupos, vinculados a la izquierda. |
| El gobierno del presidente electo está próximo a debutar. Un factor de su triunfo estuvo en la preparación de planes con objetivos claros. Su propuesta en lo internacional concitó el interés de expertos en el tema. Marca énfasis en lo vecinal y regional; da importancia a la relación con nuestros socios lejanos del Asia Pacífico; valora el vínculo con Estados Unidos y Europa; apuesta al mundo global; asume la importancia de lo multilateral y es clara en los derechos soberanos de Chile. Adicionalmente, tiene amplitud, pues va más allá de lo diplomático y de lo económico, incluyendo temas de seguridad, cultura y educación, asumiendo la característica multidimensional de las relaciones internacionales del mundo de hoy. Entre las primeras acciones que derivan de este plan está la necesidad de modernizar y profesionalizar la cancillería. Los desafíos actuales y el contexto internacional exigen una organización y funcionamiento internos diferentes a los actuales. Ajustar el motor para que sea capaz de imprimir al vehículo la potencia y sincronización necesarias para correr a la velocidad deseada y sortear baches por caminos difíciles, es un imperativo en el futuro accionar internacional. Debería potenciarse la función de planificación y de construcción de estrategias para temas vitales en que una política de Estado no es sinónimo de una política cupular, sino que de la contribución de varias instancias que definan, con claridad, los objetivos y las formas de obtenerlos. Generar una capacidad prospectiva para adelantar escenarios requiere capacitar y optimizar personal y sistemas. Es importante unir esta iniciativa con el quehacer del ministerio de Defensa, en el que se requerirá dotar de una planta de alto nivel al plano dibujado en la ley recién promulgada. Hacer converger ambos ministerios y unirlos con otros, como Agricultura y Hacienda, es condición necesaria para llevar adelante el actuar internacional que se concibió. Hay que sacarles provecho a los TLC y apoyar a medianas y pequeñas empresas para que lleguen allí donde hoy no alcanzan. Generaría empleos y una actividad productiva diferente. Es urgente transformarnos en una plataforma financiera regional, tarea que exige remover obstáculos regulatorios, tributarios y laborales para cumplir una vieja meta declarada pero nunca ejecutada. Resulta prioritario incrementar la confianza con nuestros vecinos, cambiando la caricatura que nos presenta como aislacionistas por la de nuestro verdadero rostro. Abrirse, entre otros, a proyectos comunes de energía, infraestructura y becar a estudiantes de la región contribuiría al efecto deseado. Deberíamos jugar más fuerte en la agenda regional y multilateral, compartiendo buenas prácticas con aquellos que deseen implementarlas. Sería conveniente unirse a países como Brasil, México y otros, a fin que en la región proliferen procesos de desarrollo exitosos, se reformule la OEA y logremos redefinir acuerdos que nada aportan. Es necesario consensuar una posición que haga exigible el respeto por la democracia en el ejercicio y fomente una zona de paz regional. Será tarea desmitificar la errónea visión de ciertos gobernantes y grupos, vinculados a la izquierda, que copa organizaciones internacionales y prensa, quienes presentan a la nueva administración como heredera del gobierno militar. Consolidar el activo de Chile como democracia en forma y moderna exigirá una acción firme, prudente y con contenidos, precaviéndose de caer a la confrontación que otros tratarán de provocar. La política exterior del nuevo gobierno estará basada en sus lineamientos básicos con decisiones concurrentes a un fin. Pienso que buscará contribuir al logro de alcanzar la meta de país desarrollado. |
A construir diálogo social |
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Por Zarko Luksic Abogado. Coordinador de la Defensoría Laboral. Ex subsecretario del Trabajo. |
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El futuro gobierno debera demostrar una gran habilidad politica para construir acuerdos nacionales. |
| En los temas laborales, el presidente electo ha puesto énfasis principalmente en la creación de un millón de empleos para el cuadrienio de su gobierno, objetivo loable y necesario en nuestro país. Para el cumplimiento de la meta, además de los esfuerzos de inversión económica que pudieren desarrollar gobierno y privados, se ha señalado, por parte de algunos personeros estos últimos días, la necesidad de mayor flexibilidad laboral, sin especificar si ésta es de jornada, salario u otra, y el reforzamiento del seguro de cesantía en desmedro del sistema de indemnizaciones. Por otra parte, se ha instalado en algunos actores políticos y sociales, principalmente parlamentarios y organizaciones sindicales, la firme creencia de que es necesario acometer una agenda laboral que comprenda la ampliación de la negociación colectiva, el fortalecimiento de los sindicatos, la institucionalización de la Defensoría Laboral y la constitución de mesas institucionales o sectoriales de diálogo social. A primera vista, podría pensarse que ambas agendas son incompatibles. Sin embargo no son necesariamente contradictorias. Muy por el contrario, una agenda de creación de empleos potente y que busque incorporar a millones de jóvenes y mujeres al mercado laboral debería insertarse en un acuerdo nacional dentro del marco de un fecundo diálogo social. Asimismo, la ampliación de la negociación colectiva, además de los temas recurrentes vinculados a remuneraciones, asistencia en salud, educación, locomoción y otros, podría incorporar otras materias propias de la empleabilidad, como son jornadas laborales, bancos de horas, formación continua, certificación de competencias laborales, reforzamiento de la intermediación laboral y, por qué no, la capacitación de todos los dirigentes laborales a través de una escuela sindical. En cuanto a la Nueva Justicia Laboral –y particularmente la actuación de las Defensorías Laborales en todo el país– la evaluación, tanto de los trabajadores y empleadores, es positiva, más allá de algunas pequeñas modificaciones que habría que hacer para su mejor funcionamiento. Después de veinte meses de la instalación de la reforma, se hace imprescindible una ley que le dé institucionalidad a estas defensorías, y es posible de antemano augurar un buen respaldo parlamentario a este proyecto. Por lo tanto, el gran desafío del presidente electo será caminar de la mano de iniciativas destinadas a más empleo, al mismo tiempo que legislar para que en Chile los sindicatos tengan mayor relevancia y exista una ampliación de las materias sujetas a negociación colectiva. Reitero que para ello la única herramienta es lograr un gran acuerdo nacional tripartito, gobierno, trabajadores y empresarios, en el marco de un diálogo social. En el objetivo de la creación de nuevos empleos, temas controvertibles serán la flexibilidad laboral y el traspaso y modificación paulatina, respetando los derechos adquiridos, del sistema de indemnizaciones hacia un buen programa de seguro de desempleo. Ambos puntos tienen un gran rechazo por parte de las organizaciones sindicales; sin embargo, estas materias podrían tratarse en conjunto con las otras que son de mayor interés de las organizaciones de trabajadores. Ante esta situación, el futuro gobierno deberá demostrar una gran habilidad política para construir acuerdos nacionales, nuevamente diálogo social, y así obtener el respaldo de los trabajadores, empleadores, Parlamento y de la ciudadanía en general. La tarea no es fácil, pero tampoco es imposible y sí, muy necesaria para el país. |
El manejo de las expectativas: La lección de Brunelleschi |
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Por Sergio Espejo Y. |
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Las presiones y tensiones del primer año de mandato serán significativas |
| Se afirma que fue el pintor florentino Filippo Brunelleschi quien, en las primeras décadas del siglo XV, incorporó la perspectiva en la pintura. Todos sentían la carencia, nadie había sido capaz de definirla. Con esta invención clave, el espectador adquiere una mirada privilegiada que recoge en su complejidad y verdadera dimensión la escena que contempla. Perspectiva es, precisamente, la virtud que con más fuerza requerirá Sebastián Piñera. En primer lugar, perspectiva para comprender que esto no es sobre el “año uno”, sino que más bien sobre el “año cuatro”. Las presiones y tensiones del primer año de mandato serán significativas. En esos momentos, la tentación recurrente consistirá en evitar conflictos, esquivar las decisiones difíciles y procurar mantener altos niveles de aprobación. Sería un error. La experiencia indica que es el inicio del mandato el momento para asumir las decisiones más difíciles, cuando se cuenta con más aprobación y los ciudadanos comprenden que sus autoridades viven un proceso de aprendizaje. El capital político hay que utilizarlo con inteligencia en el momento en que se dispone de él. Luego se diluye. Esa convicción es la que llevó a Aylwin a aceptar el consejo de su ministro Foxley e impulsar al inicio de su mandato una reforma tributaria que obviamente sería muy resistida. Aceptó arriesgar su capital político y logró el financiamiento que luego sería indispensable para la estrategia de crecimiento con equidad que cambiaría la cara de Chile. La perspectiva exige identificar con claridad los ámbitos en los que se juega el éxito del mandato. Pero también demanda la serenidad y el coraje necesarios para resistir los cantos de sirena que, con el argumento de proteger el capital político, no hacen más que privar de él en el largo plazo. Piñera también requerirá perspectiva para construir una relación constructiva con la oposición. La Concertación y sus aliados fueron derrotados, pero aún así representan prácticamente a la mitad de la población y controlan la mitad del Congreso. No hay éxito para el gobierno si sus relaciones con la futura oposición quedan marcadas por el sino del enfrentamiento. Desafortunadamente, no será fácil evitar este riesgo después de que Andrés Allamand invirtiera tanto tiempo y energía en desandar el camino de la democracia de los acuerdos para instalar la lógica de la oposición del desalojo. Siembra vientos… Tampoco ayudará el embarcarse en niñerías como el intento fallido por sumar a los radicales en la mesa de la Cámara de Diputados. Cuando la Concertación pactó con la UDI en 1990 para definir las mesas de la Cámara y el Senado, lo hizo con el partido más duro de la oposición y aquel que contaba con el liderazgo más pragmático. Pactó porque entendió que sin acuerdos estructurantes como aquel no habría ni gobernabilidad ni cumplimiento del programa. Es obvio que el episodio con los radicales se ubica en una sintonía muy distinta. Perspectiva requerirá finalmente el nuevo presidente para resolver, alguna vez, la cuestionada relación que ha construído entre política y negocios. Con franqueza, en cualquier democracia desarrollada habría sido un escándalo un episodio como el de las alzas en el valor de las acciones su propiedad ocurrido inmediatamente después de ser electo. Desconozco la solución que encontrará el presidente electo para resolver esta situación, pero no es necesario conocer los secretos del Tarot para anticipar que estamos frente al talón de Aquiles presidencial, y que salvo que Piñera entienda la sensibilidad del tema y actúe en consecuencia, nos encontraremos más temprano que tarde debatiendo sobre lo mismo. Si Piñera me preguntara, le sugeriría aprender de Brunelleschi. |
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La derecha politica
o la presencia de una ausencia
Que Chile no sea un país proclive a las ideas de derecha es algo discutible. Al menos, si se echa una mirada a su desenvolvimiento histórico, a las decenas de elecciones que perdió por muy pocos votos y a las innumerables ocasiones en que sus divisiones internas y caudillismos le impidieron convertirse en alternativa. Una tesis, con el debido respaldo de los hechos, de Patricia Arancibia Clavel.
La mayoría de los analistas políticos ha señalado que el triunfo de Sebastián Piñera es un hito histórico, dado que desde 1958 la derecha no había llegado a La Moneda por la vía electoral. Esto es efectivo, pero convendrían algunas precisiones y matices para dimensionar mejor este acontecimiento. Porque me parece que las fuerzas de derecha y sus ideas han estado mucho más presentes de lo que se supone en la historia política de estos doscientos años, y sus fracasos electorales han obedecido más bien a las divisiones y personalismos de sus dirigentes que al grado de vigencia de su cosmovisión.
Desde un punto de vista histórico, es evidente que las creencias y comportamientos, tanto de los actores sociales como individuales, se han modificado acorde con los cambios que ha experimentado el mundo. También, en la derecha chilena.
De partida, durante los primeros 100 años de nuestra existencia como país
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| Arturo Alessandri Palma Gobernó en 1920 y en 1932 |
independiente, la derecha tuvo la hegemonía social, económica, cultural y política que había heredado del período colonial y fue ella, como única integrante de la élite dirigente, la que dio su impronta a la nación chilena. Los conceptos de autoridad, orden, apego y respeto a la ley, junto a un ardiente patriotismo, caracterizaron a los forjadores de la República, quienes –superando algunos cortos períodos de anarquía– dieron a Chile estabilidad política y prestigio en el concierto de los países latinoamericanos.
Bicéfala desde su origen, la derecha surgió aglutinada en torno a dos sensibilidades: una conservadora y otra liberal que, mutatis mutandis, siguen siendo perceptibles en la actualidad. Ambas tendencias, representadas en el inicio por pelucones y pipiolos, y luego por conservadores y liberales, se disputaron el poder durante el siglo XIX y las primeras dos décadas del XX, prácticamente sin oposición. Ambas tendencias compartían, además, un mismo estilo de vida, una misma forma de hacer política, un fuerte personalismo y una misma concepción económica liberal.
Como era poco dada a organizarse en movimientos bien estructurados, sus simpatizantes tendían a agruparse en torno a figuras o caudillos locales independientes, quienes se bastaban a sí mismos y hacían valer sus pensamientos e intereses personalistas por sobre cualquier orden de partido. Junto con el “bicefalismo”, el carácter díscolo de sus miembros ha sido un rasgo constante de la mentalidad de derecha que, como veremos, permitió que fuerzas de centro y de izquierda –mucho mejor organizadas y con mayor sentido de disciplina– la desplazaran en su carrera para llegar a La Moneda.
Divididos hasta mimetizarse
Al igual que hoy, lo que diferenció a estas dos derechas en un comienzo fue el tema religioso o, expresado en términos modernos, su postura valórica frente a la familia y a la sociedad. Los conservadores, hasta entrados los años 30 del siglo XX, se sintieron interpretados por los principios de la Iglesia Católica y obedecieron fielmente las directrices que emanaban de la jerarquía eclesiástica. Ello los llevó a formar un partido confesional que luchó incansablemente por la defensa de la moral cristiana, el matrimonio indisoluble, la libertad de enseñanza y la mantención de la tradición. Los liberales, por su parte, de tendencia más progresista y laica, aspiraban a disminuir dicha influencia en la vida social y cultural del país, otorgando mayor peso en estas materias al discernimiento personal.
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| Gustavo Ross Santa María En 1938 fue derrotado por cuatro mil votos por Pedro Aguirre Cerda |
En materias políticas también hubo diferencias, porque el ideal conservador estuvo más cerca de los gobiernos fuertes, autoritarios y centralizadores. Ello se plasmó en la Constitución del 33 y en los decenios de Prieto, Bulnes y Montt, que encarnaron perfectamente ese espíritu, llamado más tarde portaliano. Los liberales, en cambio, preferían –siguiendo el modelo de la democracia europea– el régimen parlamentario en que las grandes decisiones son adoptadas en el Congreso –lugar de negociación por excelencia– pasando a ser el jefe del Ejecutivo quien las materializa. Entre sus figuras más emblemáticas se encuentran Domingo Santa María, Benjamín Vicuña Mackenna y Diego Barros Arana.
Estas diferencias provocaron fuertes tensiones al interior de la élite dirigente, pero se fueron resolviendo paulatinamente a lo largo del siglo XIX. El triunfo de la visión liberal respecto al tema religioso se formalizó a través de la promulgación de las llamadas leyes laicas en 1886, acatadas a regañadientes, pero acatadas a fin de cuentas por los conservadores. Las diferencias políticas, en cambio, tuvieron un desenlace mucho más dramático: la guerra civil de 1891. En adelante, y luego del triunfo congresista, nuevamente el pragmatismo de los conservadores los llevó a aceptar el hecho consumado. A poco andar, volvieron a participar activamente en el sistema, haciéndolo suyo. Atrás quedaron 10 mil muertos.
El período parlamentario fue la época de plenitud de la derecha histórica, la cual mantuvo, sin mayores variaciones y hasta 1920, un régimen político regular y estable, con todas las instituciones funcionando, en un clima de aparentes democracia, libertad y tolerancia. A estas alturas, ya nada esencial la dividía.
El control del poder político ejercido por esta élite, que en el intertanto ya había devenido en plutocracia, los ensimismó al punto de no advertir que, más allá de su mundo de privilegios, existía una inmensa masa popular que estaba tomando conciencia de sí misma y de su valor político, especialmente en los territorios ganados en la guerra del Pacífico.
Ni siquiera se sintieron amenazados cuando personas de singular mérito provenientes de la clase media, formada a su alero, accedieron a las fuentes del poder civil y militar. Con todo, fue precisamente una de éstas, Arturo Alessandri Palma, diputado liberal, quien encabezaría el proceso que en 1920 puso fin a la hegemonía de la tradicional y orgullosa aristocracia decimonónica. Efectivamente, acaudillando a las clases populares –su querida chusma– el candidato del “Cielito Lindo” se enfrentó a la “canalla dorada” en una elección cuyas consecuencias marcarían un hito en la historia política chilena. Nunca antes una elección había suscitado tanto entusiasmo y tantos temores. Luis Barros Borgoño, su contendor y representante del viejo estilo, fue derrotado por fallo fotográfico, discutiéndose hasta el último voto de los electores ante un tribunal de honor creado al efecto por insinuación militar.
Cambios y más cambios
Los acontecimientos de la década del 20 en Chile engranaron con la serie de cambios sociales, económicos culturales e ideológicos que se estaban produciendo en diversos lugares del mundo como consecuencia de esa catástrofe moral que fue la Gran Guerra de 1914- 1918. El Partido Comunista comenzó su expansión, entre otras zonas, en América latina; el sistema democrático perdió legitimidad frente al avance del totalitarismo fascista y comunista en Europa y la viabilidad del capitalismo fue puesta en jaque por la Gran Depresión del 29. En Chile, el año 1922 se creó la filial del PC; la continuidad democrática fue alterada por un golpe militar liderado por Ibáñez en 1924 y el problema social se agudizó con la desaparición del mercado salitrero, lo que obligó a la intervención del Estado para paliar la emergencia.
Frente a estos nuevos desafíos, la derecha no fue capaz de articular un proyecto de sociedad que la revitalizara y, por el contrario, se limitó a reaccionar defensivamente y a adecuarse a las nuevas circunstancias. De hecho, el único de sus hombres con estatura de estadista en este período fue Gustavo Ross Santa María, quien acompañó a Alessandri en su segundo gobierno (1932-38) como ministro de Hacienda. Es mérito suyo que los efectos de la crisis mundial no hayan devastado la capacidad productiva del país, llamado por ello “el mago de las finanzas”. Curiosamente, la elección presidencial de 1938 fue disputada entre dos ministros de Alessandri: Pedro Aguirre Cerda y el propio Ross.
Lejos de lo que pudiera pensarse, la pérdida de la hegemonía de la derecha no significó la desaparición de su cliente: la política, y así fue que todas las fuerzas de centro-izquierda, que incluían a comunistas, socialistas y radicales, agrupados al igual que en Francia y en España en un Frente Popular, vencieron en 1938 al candidato de la derecha por sólo cuatro mil votos. Es más, Ross renunció a ejercer su derecho ante el Tribunal Calificador de Elecciones, presionado en esa dirección nuevamente por los militares. Esta vez, la amenaza de un alzamiento popular incontrolable tuvo éxito. Fue en tales circunstancias que se generaliza el uso de los términos derecha e izquierda para individualizar los dos bandos en pugna.
Otra vez divididos
El carácter bicéfalo de la derecha se hizo presente nuevamente en las elecciones presidenciales de 1946. En esa oportunidad, el Partido Liberal llevó a Fernando Alessandri como candidato, mientras el Partido Conservador hacía lo propio con el doctor Eduardo Cruz Coke. Esa división les costó la victoria, pues Gabriel González Videla obtuvo el 40,22% de las preferencias, mientras que los votos de los hombres de derecha sumaron 57,23%. Este resultado –un suicidio político– ratificó que en el ADN de la derecha chilena había un personalismo tan insensato que prefería no acceder al gobierno antes que deponer una bandera partidista. Nadie les pidió cuenta a sus dirigentes, pero de ahí en adelante su capacidad electoral dependió de la masa independiente que compartía, con mayor o menor intensidad, su cosmovisión frente a la alternativa de centro-izquierda.
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| Jorge Alessandri Rodríguez Gobernó en 1958 |
En 1952 y 1958 la ciudadanía castigó severamente a los partidos políticos, tanto de izquierda como de derecha, eligiendo a dos presidentes ajenos a las máquinas partidistas, Carlos Ibáñez y Jorge Alessandri, quienes –más que plantear proyectos de sociedad globalizadores e ideológicos– hicieron gobiernos de administración. En el caso de Alessandri, la derecha sirvió de escudero al presidente, papel que durante la segunda parte de su mandato tuvo que compartir con el Partido Radical.
Por esos años se hizo evidente que la solución de los graves problemas del país requería algo más que gestión. Un gran programa, un proyecto… una ideología. En este terreno, la derecha tenía muy poco que ofrecer. En realidad, la única fuerza no marxista que poseía un programa de esa naturaleza era la Democracia Cristiana y, ante la eventualidad de un triunfo de Allende, que competía por tercera vez a la presidencia, la derecha se resignó a apoyar a Eduardo Frei.
Gracias a los votos de la derecha, Frei alcanzó una contundente mayoría nacional (56,08%). Esta elección y los resultados de las parlamentarias efectuadas en marzo de 1965, en que la derecha sufrió una de sus derrotas más aplastantes, fue un golpe mortal para un sector que venía agonizando desde los años 50. Una parte significativa de la masa independiente que hasta ese momento se identificaba con ella prefirió ahora elegir un parlamento para Frei, permitiéndole así llevar adelante la revolución en libertad que evitaría la revolución marxista.
Nada de eso sucedió y el programa de reformas estructurales –especialmente, en el campo– acentuó la conciencia en la derecha del grave error cometido al apoyar a la Democracia Cristiana. De hecho, en 1970 los programas de las candidaturas de Tomic y de Allende eran similares. Mientras tanto, en reemplazo de los desvanecidos partidos Liberal y Conservador, había surgido en 1966 un combativo Partido Nacional, que –mucho más contestatario y proclive a la acción directa que a la negociación– se convirtió ahora en un temido adversario, tanto de Frei como de Allende, resucitando las banderas de la libertad individual, la democracia y la propiedad privada. En definitiva, dicho partido surgió como una reacción a la radicalización de la centro-izquierda y a la Democracia Cristiana.
Apenas 1,4% fue la diferencia entre Jorge Alessandri y Salvador Allende, algo más de treinta mil votos. La decisión de quien asumiría la presidencia quedó en manos del Congreso. Allí la Democracia Cristiana inclinó la balanza a favor de la izquierda. Sin embargo, ante el peligro extremo de que Chile entrara en la órbita soviética y estableciera una dictadura comunista, la Democracia Cristiana se unió con la derecha y juntos resistieron a la Unidad Popular. Su expresión concreta a nivel político fue la creación de la Confederación Democrática, la CODE, en 1972.
El Partido Nacional acató el receso político dispuesto por la junta militar, que el 11 de septiembre de 1973 asumió en plenitud el poder político en Chile. Sin embargo, los cargos civiles del nuevo gobierno fueron desempeñados, a título personal, por personas afines a dicha sensibilidad. Ellos proporcionaron al gobierno un proyecto económico social, conocido como El Ladrillo, que contenía las bases de un programa de desarrollo nacional que reemplazaba la agotada estrategia de crecimiento hacia adentro, vigente desde la década del 30, por la apertura de nuestra economía al mundo.
Este ideario, consistente con los principios de la derecha de siempre (Estado subsidiario, emprendimiento, libertad individual, derecho de propiedad y respeto al Derecho), pero que había tenido que dejar de lado por el avance de las ideas estatistas de izquierda, sirvió ahora de caballo de batalla, uniendo tras de sí a esta nueva derecha.
Esta, una vez más bicéfala, se articuló en dos partidos: Renovación Nacional, que aglutinó en líneas globales a los antiguos miembros del Partido Nacional, y la UDI, surgida del movimiento gremialista de la Universidad Católica y liderada por Jaime Guzmán. Ambas tendencias comparten la misma visión de mundo, el modelo económico y político, pero sus diferencias, como antaño, se centran en aspectos valóricos en torno a la familia y a la sociedad, y en personalismos que a veces han entrabado la acción conjunta.
A fin de cuentas, quizás la explicación de fondo del triunfo de Sebastián Piñera estriba en que por primera vez alguien logró que las cúpulas partidistas trabajaran unidas tras un mismo objetivo, poniéndose en sintonía con la ciudadanía de sensibilidad de derecha que, como hemos visto, ha estado siempre latente.
En síntesis, la nueva derecha chilena ha logrado representar las aspiraciones de una base social cada vez más amplia, legitimando para la sociedad entera los principios de orden económico, político y social que fue haciendo propios a lo largo de estos dos últimos siglos.
| Los rostros y sus biografías |
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| Luis Barros Borgoño (1858-1943). Abogado, fue elegido candidato a la presidencia en 1920 por los conservadores. Hector Rodríguez (1887-1967). Abogado, fue presidente del Partido Conservador en 1925 y candidato a la presidencia en 1932. Gustavo Ross Santa Maria (1879-1961). Ministro de Hacienda en el gobierno de Arturo Alessandri, fue clave para sacar a Chile de la Gran Depresión de los años 30. Candidato presidencial por la derecha liberal-conservadora en 1938. Eduardo Cruz-Cocke Lassabe (1899-1974). Médico y político de tendencia social cristiana, fue elegido candidato a la presidencia en 1946 por los conservadores. Fernando Alessandri Rodríguez (1897-1982). Abogado, fue elegido candidato a la presidencia en 1946 por los liberales. Presidente del Senado entre 1950 y 1958. Arturo Matte Larraín (1893-1980). Abogado, fue elegido candidato a la presidencia en 1952, apoyado por los partidos Conservador y Liberal. Jorge Alessandri Rodríguez (1896-1986). Ingeniero civil y empresario, se presentó a la presidencia como candidato independiente, aunque fue apoyado por los partidos Conservador y Liberal. Salió electo y gobernó entre 1958 y 1964 y volvió a presentarse como candidato en 1970. Hernan Büchi Buc (1949). Ingeniero civil y economista, candidato presidencial en 1989 del conglomerado de centro derecha UDI y RN. Arturo Alessandri Besa (1923). Abogado, ex miembro del Partido Nacional, fue elegido candidato a la presidencia en 1993, por UDI Y RN. José Piñera (1948). Economista, candidato independiente a la presidencia en 1993. Joaquín Lavín infante (1953). Ingeniero comercial, candidato a la presidencia en 1999 por la UDI y RN, y en 2005 como candidato de la UDI en primera vuelta. Sebastián Piñera Echenique (1949). Economista, candidato a la presidencia el año 2005 por RN en primera vuelta, sumándose la UDI en la segunda. Fue presentado nuevamente como candidato de la Coalición por el Cambio el 2009- 2010 y logra convertirse en presidente electo para el período 2010-2014. |
En la urna se ven los gallitos…
Y el dato es que si no fuera por las divisiones internas, quizás la centroderecha tendría mejor performance en la historia de las elecciones presidenciales chilenas.
| 1920 | Votantes: 354 (electores) | ||||||||||||
| Arturo Alessandri Palma Luis Barros Borgoño Luis Emilio Recabarren |
50,5% 49,5% 0% |
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| 1932 | Votantes: 339.764 | ||||||||||||
| Arturo Alessandri Palma Marmaduke Grove Héctor Rodríguez Elías Lafferte |
55,30% 17,91% 12,62% 0,26% |
||||||||||||
| 1938 | Votantes: 447.964 | ||||||||||||
| Pedro Aguirre Cerda Gustavo Ross Santa María Carlos Ibáñez del Campo |
50,1% 49,2% 0,02% |
||||||||||||
| 1946 | Votantes: 447.785 | ||||||||||||
| Gabriel González Videla Eduardo Cruz-Coke Lassabe Fernando Alessandri Rodríguez Bernardo Ibáñez Aguila |
40,22% 29,81% 27,42% 2,53% |
||||||||||||
| 1952 | Votantes: 954.131 | ||||||||||||
| Carlos Ibáñez del Campo Arturo Matte Larraín Pedro Enrique Alfonso Salvador Allende Gossens |
46,79% 27,81% 19,95% 5,44% |
||||||||||||
| 1958 | Votantes: 1.225.126 | ||||||||||||
| Jorge Alessandri Salvador Allende Eduardo Frei Montalva Luis Bossay Leiva |
31,52% 28,91% 20,75% 15,43% |
||||||||||||
| 1964 | Votantes: 2.512.147 | ||||||||||||
| Eduardo Frei Montalva Salvador Allende Gossens Julio Durán Neumann (Liberales y conservadores apoyan a Frei) |
56,08% 38,92% 4,98% . : |
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| 1970 | Votantes: 2.937.743 | ||||||||||||
| Salvador Allende Gossens Jorge Alessandri Rodríguez Radomiro Tomic 27,9% |
36,3% 34,9% 27,9% |
||||||||||||
| 1989 | Votantes: 7.588.346 | ||||||||||||
| Patricio Aylwin Hernán Büchi Francisco Javier Errázuriz |
55,17% 29,40% 15,43% |
||||||||||||
| 1993 | Votantes: 6.968.950 | ||||||||||||
| Eduardo Frei Ruiz-Tagle Arturo Alessandri Besa José Piñera |
57,98% 24,41% 6,18% |
||||||||||||
| 1999 |
Votantes: 8.220.897
|
||||||||||||
| Ricardo Lagos Joaquín Lavín |
51,31% 48,69% |
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| 2005 | Votantes: 7.207.278 | ||||||||||||
| Primera vuelta: Michelle Bachelet Jeria Sebastián Piñera Echenique Joaquín Lavín Infante Tomás Hirsch Goldschmidt Segunda vuelta: Michelle Bachelet Jeria Sebastián Piñera |
45,96%
25,41% 23,23% 5,40% 53,5%
46,5% |
||||||||||||
| 2009 | Votantes: 7.264.136 | ||||||||||||
| Sebastián Piñera Echenique Eduardo Frei Ruiz-Tagle Marco Enríquez-Ominami Jorge Arrate MacNiven |
44,5% 29,6% 20,13% 6,21% |
||||||||||||
| 2010 | |||||||||||||
| Sebastián Piñera Echenique Eduardo Frei Ruiz-Tagle 48,38% |
51,68% 48,38% |
||||||||||||
El giro de Chile...
A los ojos de Washington
Quizás no seamos la mayor preocupación de Obama, pero el triunfo de la centro derecha no pasó desapercibido en la capital estadounidense. Ya lo sabemos: Chile es visto como aliado y ejemplo para la región, pero hay que tomarlo con mesura. Piñera ya probó la ira de Chavez. Por Gabriel Sanchez Zinny y Viviana Giacaman
Gabriel Sánchez Zinny cuenta la historia del presidente de derecha que podría convertirse en un gran aliado para el mandatario demócrata. El primer aniversario del presidente Obama en el poder y la derrota demócrata en Massachussetts (que obligó a revisar la agenda de la Casa Blanca para 2010) han hecho pasar algo desapercibida en Washington la victoria de Sebastián Piñera.
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| Gabriel Sánchez Zinny es director de Blue Star Strategies y corresponsal de Capital en Washington. |
Sin embargo, tanto los medios de comunicación como analistas y think tanks han dedicado un sinnúmero de artículos al tema. Por su estabilidad política, económica y social, Chile es considerado casi “aburrido” desde el punto de vista geopolítico, si bien en realidad es uno de los principales aliados de Estados Unidos en América latina. A pesar de que se esperan algunas diferencias ideológicas con la administración demócrata de Barack Obama, los estrechos lazos entre ambos países y el panorama regional a largo plazo tendrán mucho más peso para la cooperación de Chile con Estados Unidos. El nombramiento de Arturo Valenzuela, de origen chileno, para manejar los asuntos hemisféricos en el Departamento de Estado y la presencia de ex canciller Insulza al frente de la OEA también son factores que construyen en esa línea.
La victoria de Piñera confirma la madurez política de Chile, de acuerdo a varios analistas locales. Riordan Roett, experto en América latina de la Johns Hopkins University, asegura que Piñera caracteriza “la llegada al poder de una derecha democrática”, finalizando una transición iniciada veinte años atrás. Shannon O’Neill, de la revista Forbes, explica que la victoria transformó a la derecha de Piñera como “una alternativa electoral viable, capaz de liderar un país abierto y dinámico, sin el miedo de volver al pasado”. Además, pareciera existir, tanto en Chile como a nivel regional, una notable disminución de posiciones radicales entre los votantes. Como afirma Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, el centro político es la única parte del electorado que ha crecido en Latinoamérica en la última década.
En Estados Unidos, la llegada de la derecha al gobierno también se percibe como el resultado de una mayor preocupación por la economía entre los votantes. Roger Noriega, ex subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, explica que “los chilenos sienten que el país ha empezado a perder el momentum económico de la última década, con el crecimiento anual desacelerándose a un 3,7%” el pasado año. Por ende, el voto por Piñera tuvo mucho que ver con hacer frente a la competencia de los tigres asiáticos y la reducción de ineficiencias que han mermado el crecimiento de la economía.
En términos de política exterior, el triunfo de Piñera también brindará una posición menos pasiva frente a los avances populistas del presidente Hugo Chávez en la región, por lo que podría presentar una oportunidad para el gobierno estadounidense de contar con nuevos aliados en la confrontación con el eje bolivariano en la región.
Otros logros recientes de Chile, como ser el primer país de Sudamérica en ingresar a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) o la firma del Trans-pacific Strategic Economic Partnership Agreement (TTP) entre Chile, Brunei, Singapur y Nueva Zelandia, en el cual se ha involucrado Estados Unidos desde noviembre del año pasado, seguirán estrechando las relaciones diplomáticas con Washington, y consolidando el lugar de Chile como socio estratégico en la región.
Como lo expone Alvaro Vargas Llosa, la administración Obama debe estar preparada para “un extraño escenario en el que un presidente estadounidense de izquierda podría encontrar más puntos de acuerdo con líderes latinoamericanos de derecha” para ampliar el hasta ahora limitado compromiso de Washington con la región.

Viviana Giacaman escribe sobre el presidente que tendrá que evitar predicar las bondades de su modelo para entenderse con una región donde la izquierda predomina. El 17 de enero, las urnas dijeron que la renovación de la derecha es lo suficientemente creíble como para que Piñera sea presidente. Si a nivel nacional el nuevo gobierno necesita construir alianzas que le permitan gobernar, a nivel internacional el forjar relaciones constructivas será un imperativo.

Viviana Giacaman es directora para América latina de Freedom House en Washington, DC.
América latina, declarada prioridad por el presidente electo a pocas horas de su victoria, presenta un escenario complejo para un gobierno de derecha. La misma región que a comienzos de la década mostraba una inusual armonía y consenso en la Cumbre de las Américas de Quebec, ya para la de 2005 en Mar del Plata tenía divisiones indisimulables. La más reciente, en la caribeña Trinidad, evidenció la profundidad de las fracturas en la región, con una polarización que se manifiesta constantemente.
El escenario latinoamericano que recibe a Piñera se encuentra dividido entre tres tendencias:
1) Una izquierda ruidosa que mezcla recetas socialistas con populismo y nacionalismo, liderada por Venezuela y seguida por Ecuador, Bolivia, Nicaragua y, más tímidamente, Argentina.
2) En contraste, gobiernos de origen conservador o con políticas de derecha que están mejor representados en la Colombia de Uribe, el México de Calderón y el Perú de García, todos de estilo tan diferente como variopintas y diversas son sus sociedades.
3) En medio de los dos está la izquierda moderada que representan Lula en Brasil, Tabaré Vásquez en Uruguay, Bachelet y, en menor medida, Alvaro Colom en Guatemala y Mauricio Funes en El Salvador. Esta tendencia, la llamada “buena izquierda” (the right left) ha servido tanto de voz moderada en la región como de amortiguador del de otro modo inevitable choque violento entre los dos primeros grupos.
El peso de estas tres tendencias a nivel regional está sujeto a los resultados de la ola de elecciones presidenciales que desde octubre del año pasado está teniendo lugar en la región, y que tocan a Uruguay, Honduras, Bolivia, Chile, Costa Rica, Colombia y Brasil. De las siete presidencias que serán votadas, sin embargo, la chilena es la única que se anticipa genere cambios importantes en la configuración regional.
Las ya celebradas elecciones en Uruguay mantienen a ese país en la izquierda moderada. Sin novedades, Honduras se aparta de la era Zelaya con Pepe Lobo, mientras que Bolivia –que se ha vuelto más evista luego de las elecciones de diciembre— mantiene a ese país andino cerca de la izquierda populista. Al mismo tiempo, todo indica que la heredera de Arias en Costa Rica, Laura Chinchilla, ganará las elecciones de febrero. Alvaro Uribe se apronta a lograr su tercer mandato en mayo, luego que se hayan cumplido los legalismos que le permitirían ser candidato nuevamente. En Brasil, la popularidad de Lula no ha impedido que su rival, el gobernador de Sao Paulo, José Serra, lidere por mucho las encuestas y se apronte a llegar al sillón presidencial. No se espera que Brasil cambie de bando, aunque su alianza con el conservador Frente Liberal pueda cargar piezas clave del Ejecutivo hacia la derecha.
El giro a la derecha de Chile aparece entonces como el cambio más significativo de esta ronda electoral. La llegada de Piñera debilita por un lado al grupo de izquierda pragmática y moderada y fortalece al bloque de derecha. Sin embargo, si Chile mantiene un perfil bajo, es probable que el cambio de color político del país no genere transformaciones de balance importantes en la región. Si, por el contrario, el gobierno siente la tentación de ser vocero de su campo ideológico, Piñera arriesga subir la polarización del vecindario y dar combustible para una embestida mediática de la izquierda nacionalista populista. Al día siguiente de ser electo presidente, Piñera ya criticaba al hipersensible presidente venezolano y sólo la muy difícil situación doméstica que vive ese país impidió un retruque más agresivo.
Si quiere avanzar en su agenda de “diplomacia comercial” en la región, Piñera tendrá que evitar predicar las bondades de su modelo, mantener un estricto pragmatismo y cultivar buenas relaciones con la izquierda moderada. Su base de apoyo interna le da latitud para criticar a la izquierda populista sin arriesgar descontento en sus bases, pero abalanzarse contra la izquierda radical debilitará sus posibilidades de acercamiento con la izquierda moderada. Ella, a su vez, necesita que Piñera se desligue real y simbólicamente de la dictadura para bajar los anticuerpos y crear relaciones de colaboración.
A pesar de las diferencias ideológicas, hay señales que indican que Buenos Aires quiere mantener lo avanzado durante el gobierno de Bachelet. Piñera tiene una opción real de lograr entendimiento con la Casa Rosada y debe esforzarse, ya que una relación constructiva al otro lado de la cordillera le va a ayudar en la región.
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¿Quo Vadis Concertación?
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| Ricardo Solari, ex ministro de Estado RS
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Claudio Orrego, alcalde de Peñalolén CO
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| El recambio generacional en la Concertación | |
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RS
Un proceso de cambio generacional requiere reconstruir los acontecimientos que modelaron la generación que gestó el triunfo del No y los cuatro gobiernos de la Concertación. Este es un núcleo que se formó en torno a grandes transformaciones de la sociedad chilena: la reforma agraria y universitaria, el gobierno de Frei Montalva, luego la UP y sus cambios. Que sobrevivió a la dictadura en la cárcel, el exilio o la resistencia. Y que luego protagonizó la recuperación de la democracia y un ciclo de veinte años de gobierno. Reemplazar a esa generación en su experiencia y combinación de voluntad y pragmatismo no será fácil. Los requisitos son tres: vocación de acción colectiva (cuestión que implica limitar el individualismo); vocación de poder (que en el caso de Chile significa capacidad de construir mayorías) y apropiarse de un discurso que sintonice con la sociedad chilena y sus complejidades y que enfrente con valentía frases y lugares comunes. En la hora actual esto remite a descifrar el acertijo de moda: cuál es el verdadero significado de la palabra progresismo. |
CO La Concertación pierde luego de 20 años en el poder, y muchos se preguntan cuál es su futuro. Los agoreros de siempre (los mismos que volvieron a tragarse sus pronósticos de “funeral de Estado para la DC”) sostienen que ésta sólo puede desaparecer. Que ante la ausencia de un gobierno que liderar, las fuerzas centrífugas de díscolos y autoflajelantes terminarán por pulverizar lo que ha sido la coalición política más exitosa de la historia de Chile. Sólo el tiempo dirá. Mi pronóstico, sin embargo, es optimista. Esta crisis puede ser la oportunidad que necesitamos para renovarnos lejos del poder y luego reconcursar la confianza ciudadana. La clave es si seremos capaces de ello. Lo primero que tenemos que hacer es impedir que conceptos prometedores se transformen en monedas de cambio desprovistas de contenido. Como “la renovación” pasó a ser políticamente correcta, usarla está hoy de moda. Pero no todos entendemos lo mismo y ya es hora de empezar a definirla. Desde ya me declaro en contra de la caricatura que significa creer que la sola edad es garantía de nuevas prácticas, nobles valores y buenas ideas. Extremadas las cosas, prefiero mil veces a un viejo con espíritu joven que a un joven con prácticas viejas. Es obvio que urgen caras nuevas y jóvenes en política, pero no todo califica como renovación. |
| Los Errores |
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| RS El desencanto masivo respecto de lo público, la desconfianza respecto de las instituciones y las causas de este estado de situación son el principal déficit del ciclo de la Concertación. El abandono del Estado como terreno de lo meritocrático, la convivencia con malas prácticas, un cierto desdén por la probidad y el gobierno como único campo de la acción partidaria se conjugaron para pavimentar el desgaste y una creciente distancia de los ciudadanos con la Concertación en las urnas. La falta de mecanismos de participación y control ciudadanos en todos los niveles de la función pública fue crucial, porque es en aquel espacio donde se determina la calidad de su relación con los usuarios y la competencia de sus prestaciones. Lo mismo, en los partidos y sus precarios procesos de toma de decisiones. |
CO Para renovar la política, primero debemos tener una interpretación certera de la derrota y una visión clara de los desafíos futuros. Sólo entonces podremos decidir quiénes lideran. Hacer lo contrario es poner la carreta delante de los bueyes. En mi concepto, perdimos por tres razones: no fuimos capaces de leer a tiempo el desgaste político que demandaba una forma más abierta de elegir al candidato entre viejos y nuevos liderazgos; las malas prácticas en el ejercicio del poder (gobierno, parlamento y partidos); mal diagnóstico sobre la cultura, necesidades y expectativas de la nueva clase media trabajadora. |
| El estilo de la nueva oposición | |
| RS Es muy difícil definir como actuará la nueva oposición antes de que el gobierno se ponga en marcha. Pero es evidente que el país tiene un aprendizaje duro en desencuentros y valora positivamente la cooperación. Por otra parte, no sirve a nadie una oposición que no cumpla con energía su rol de fiscalizar, tanto actos de la administración como el cumplimiento de promesas electorales. Frei dijo a sus partidarios el 17 de enero que el rol de la nueva oposición será defender derechos y libertades. Ese es un buen marco. Y simultáneamente, los dirigentes deben transmitir al 48,4% que no votó por Piñera confianza, no temores, y valorar el proceso democrático de estos veinte años. El campo privilegiado de la relación entre gobierno y oposición será el Parlamento, donde existen mayorías muy estrechas y eventualmente muy volátiles. El otro terreno será el de la relación con las organizaciones sociales, donde los niveles de conflictividad dependerán de la agenda que promueva el Ejecutivo y del tiempo y valor que le otorguen a la interlocución. Existe otra conflictividad asociada a nuevas temáticas, ambientales, culturales, étnicas, urbanas, cuyo desarrollo es imprevisible pero que pueden adquirir gran relevancia en consonancia con los nuevos medios de comunicación que surgen de Internet. |
CO Respecto al futuro, hoy estamos tensionados entre distintas visiones del tipo de oposición que debiéramos ser y el universo electoral al cual debemos hablarle. Mientras algunos apuestan a una oposición centrada sólo en fiscalizar y defender los derechos adquiridos, otros creemos que, además, debemos ser desde ya capaces de elaborar un nuevo proyecto positivo y convocante en temas claves para el futuro de Chile: delincuencia, educación, emprendimiento, educación superior, desigualdad, medioambiente, etc. De igual forma, mientras algunos apuestan a recuperar los tres puntos porcentuales de diferencia con Piñera, otros apostamos al 44% de chilenos que no votan por nadie. En este contexto, la renovación no puede ser discursiva. Esta no se declara, se actúa. No se promete, se realiza. No es del futuro, es del presente. La renovación parte como un malestar frente a algo que no gusta, luego se transforma en una idea de cambio y, finalmente, se logra sólo cuando se transforma en una práctica. Por eso es que la renovación, más que anunciarse o comentarse, hay que mostrarla en hechos concretos y sólo desde allí será creíble. La primera tarea es para los partidos. Ahí se requiere un equilibrio entre diagnóstico y proyecto y los liderazgos creíbles para comunicarlo al país. |
| El nuevo orden de la Concertación |
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| RS El proceso de renovar la Concertación va a ser largo y atravesará distintas etapas. Probablemente, las mismas que viven los seres humanos enfrentados a la certeza de la muerte, la negación, la ira, el regateo, la depresión y la aceptación. Desde la Concertación va a surgir algo distinto, otra coalición, proceso que exige autocritícas previas, relevos directivos y procesos refundacionales que permitan armar un nuevo proyecto nacional más actual que aquel que constituía el mínimo común posible para gobernar. En este proceso, los partidos fundadores del pacto deben resolver los difíciles dilemas valóricos y socioeconómicos que los separan o aceptar la compleja convivencia en la diversidad. El otro gran asunto es la ampliación de la coalición y la incorporación de nuevos actores. La necesidad de crecer es definitiva a la hora de disputar la mayoría. El tema es hacia adónde. Urge también un gran proceso de legitimación. Por ello, una cuestión definitiva es la necesidad de incorporar las primarias abiertas en todos los procesos de selección de candidaturas, desde concejales a presidente. |
CO Este tipo de renovación debemos hacerla de abajo hacia arriba. Eso es lo que está haciendo una generación de alcaldes y parlamentarios, que han optado por un camino más largo (y probablemente) efectivo de renovación. Esa que se hace en terreno, que aprende a reconocer los méritos del adversario, que cree en el mérito por sobre la militancia, que sabe escuchar tanto como hablar, que cree que la eficiencia en la gestión es parte esencial de la ética pública, que sabe reconocer errores y pedir perdón por ellos, que rescata la innovación y el emprendimiento para la política, que se la juega por causas impopulares… pero con sentido, que cree en valores y los defiende, pero que también respeta a quienes piensan distinto. Con esta elección presidencial se cierra definitivamente un ciclo de la política chilena y se abre otro, cuyo contenido todavía no está escrito. La capacidad de la Concertación y sus partidos de renovarse será la clave para la política chilena de los próximos 20 años. |