Reportajes y Entrevistas
Generando cambios

Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)

 

El equipo de Colbún, encabezado por Bernardo Larrain, quiere marcar pauta en la industria y el país, no solo levantando centrales de ultima generación, sino también liderando la batalla contra el cambio climático. De eso se trata el futuro y en Capital sus protagonistas cuentan los pormenores del cambio que pretenden generar. Por Paula Vargas; Fotos, Verónica Ortiz.


En poco más de diez años Colbún ha multiplicado por cinco su capacidad de generación y sus ventas, ¡por once! Cifras que hablan de la capacidad y empuje del equipo de esta empresa. Pero nada de dormirse en los laureles; menos, en esta competitiva industria, donde por proyectos nadie se queda. Por eso, de entrada, el gerente general de la firma, Bernardo Larraín, nos advierte el desafío que representan los ambiciosos planes de la compañía y, sin nombrar Hidroaysén –lo deja para más adelante–, explica que en los próximos cinco años la empresa pondrá en marcha una cartera de proyectos por 1.200 MW, que suponen una inversión estimada de 2.500 millones de dólares.


Todo terreno: En los últimos 4 años, Colbún ha sumado más de 600 profesionales a su planta. En la foto, los ejecutivos que hoy lideran el cambio: Eduardo Morel, Rodrigo Pérez, Patricia Gamboa, Enrique Donoso, Bernardo Larraín, Carlos Abogabir, Cristián Morales y Juan Eduardo Vásquez.
Pero más allá de las cifras, lo interesante está en cómo levantar estas nuevas centrales y el camino que hay que recorrer para ello. Al respecto, la palabra innovación es la más pronunciada por los ocho ejecutivos de la compañía que nos acompañan en esta conversación.

En esta dinámica innovadora, emblemático es el diseño que consideran para las centrales hidroeléctricas San Pedro (144 MW) y Angostura (316 MW), cuyos los embalses se ajustarán a la misma caja del río, disminuyendo la superficie inundada y el nivel de los caudales prácticamente no experimentará variaciones aguas abajo.

“Se trata de los primeros embalses en Chile que tendrán estas características… y aunque, a primera vista, técnica y económicamente convenía otra cosa, decidimos en estos casos que los cauces se mantuvieran en un nivel prácticamente constante. Esto lo definimos no sólo por un tema medioambiental, sino también porque era una expectativa de los habitantes de la zona; especialmente en el caso de la central Angostura, en el sentido de que el embalse se transformara en un polo turístico y recreacional”, aclara Larraín.

¿Y qué nombre recibe la innovación? Simple: centrales hidroeléctricas con embalses de tercera generación. Al respecto, el gerente de la división Generación de Colbún, Enrique Donoso, explica que San Pedro y Angostura producirán más del doble de energía que la Central Rapel, causando sólo un décimo de superficie inundada y sin afectar el caudal de los ríos aguas abajo.

Innovación que tiene más sentido aún cuando se trata de evitar cuellos de botella a la hora de la aprobación medioambiental, el gran dolor de cabeza de estos proyectos. “El desafío ahora es que desde la más temprana concepción de un proyecto empiecen a interactuar las distintas áreas dentro de la compañía (Ingeniería, Medioambiente y Relaciones con la comunidad) y así anticiparnos a los desafíos medioambientales y a las expectativas de las comunidades. En eso trabajamos fuertemente”, recala Larraín.

Ahora, este concepto no sólo aplica en las centrales hidroeléctricas. El gerente de la división Ingeniería y Proyectos, Eduardo Morel, puntualiza que la central a carbón que están levantando en Coronel (VIII Región) también incorpora elementos técnicos novedosos y mucho menos contaminantes. Aunque no se atribuye para nada el diseño, sí explica que buscaron la tecnología más eficiente y limpia disponible en el mercado.

“Viajamos a Australia (donde casi toda la generación es en base a carbón) a conocer los distintos tipos de centrales. Dada la magnitud del sector eléctrico en el país, seleccionamos el tamaño más eficiente (350 MW) en circunstancias que en Chile la mayor parte de las centrales a carbón es de entre 150 y 250 MW. Además, se trata de una central con tecnología que capta hasta el 99,8% del material particulado, desulfurizadores que funcionan con agua de mar, que no generan residuos y con quemadores de muy baja emisión de NOx”, detalla.

Y aunque su vocación es hídrica y renovable, en Colbún aseguran que el complemento térmico es relevante. Claramente, no quieren repetir los amargos momentos que vivieron durante la crisis del gas. En esa misma lógica, quién sabe si en diez años construirán centrales con gas sintético de carbón como las que ya se están levantando en el extranjero.

Mientras tanto, en la generadora dicen que se preparan para tener una construcción y operación de excelencia de la central a carbón. Para ello “importaron” a un grupo de ingenieros australianos que lidera la construcción del Complejo Santa María en Coronel, y están poniendo en práctica una licitación internacional para contratar un servicio de operación y mantención de la central por un período de 5 años, mientras capacitan al personal de la compañía para el manejo de este tipo de instalaciones.

Si de innovación se trata, este concepto incluso penetró hasta el área más insospechada: la financiera. La cabeza de esa división, Cristián Morales, revela cómo el año pasado crearon un seguro de cobertura híbrida único en su tipo y que hoy se está comercializando en otras partes del mundo. “Hicimos un producto bastante simple: opciones sobre petróleo que nos hicieran capear la crisis de este insumo, que llegó a 150 dólares el barril. Después, junto con el equipo de Gestión de Energía, que está metido en el centro del negocio, incorporamos una cosa inédita, que es el seguro híbrido”.

Este seguro combina dos variables claves como son la hidrología (agua caída para generación) y el precio del petróleo. Así fue como los equipos de Cristián Morales y Juan Eduardo Vásquez partieron a Nueva York el año pasado y, junto a los expertos del JPMorgan, dieron forma a este novedoso producto que permite mitigar en parte los efectos de la volatilidad de ambos factores: lluvias o precios del petróleo diésel ¿Qué tal

 

 


Colbún verde

 

Esto de hacer cosas distintas parece que les quedó gustando. Por eso ya se embarcaron en la cruzada mundial de empresas contra el cambio climático, al inscribirse en la iniciativa global que une esa problemática con el mercado financiero. Se trata del Carbon Disclosure Project (CDP), del cual participan como la primera empresa chilena que entrega información sobre sus emisiones de gases de efecto invernadero y de las acciones para mitigarlas.

Junto a la multinacional Masisa, también integran el Grupo de Líderes Empresariales para el Cambio Climático en Chile, entidad recientemente creada para definir un plan de trabajo que lleve a las industrias del país a reducir sus emisiones y mitigar sus efectos. Juan Eduardo Vásquez, gerente de la división Negocios y Gestión de Energía, explica que trabajan de la mano con otras empresas del sector para levantar propuestas de acción que se debieran adoptar en las negociaciones internacionales; por ejemplo, en la Cumbre de Copenhague y, junto con ello ayudar a delinear la estructura de la futura matriz energética de Chile.

Haciendo un poco de historia, vemos que desde hace varios años la generadora controlada por la familia Matte tratan de introducir proyectos sustentables que contribuyan a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Uno de ellos es la central de pasada Chacabuquito (26 MW), que fue la primera hidroeléctrica en el mundo en vender bonos de carbono por alrededor de 80 mil toneladas de CO2 al año. También lo hace con sus centrales Quilleco, Hornitos y Chiburgo, transformándose en uno de los principales emisores de bonos de carbono de Chile.

 


En esa línea también ha incursionado en materia de Energías Renovables No Convencionales, las famosas ERNC. Es más, tiene un equipo exclusivamente dedicado a la búsqueda de estos proyectos. La idea es analizar todas las alternativas posibles. El único requisito es que sean competitivas, por cuanto Colbún no esperará subsidios para su desarrollo. Hoy por hoy, está haciendo mediciones de viento en algunas zonas del país para eventuales proyectos eólicos, mientras participa en las licitaciones del ministerio de Minería para concesiones de exploración geotérmicas en conjunto con de uno de los líderes mundiales en esta industria, la norteamericana GeoGlobal Energy.

También estudian varios proyectos de mini centrales hídricas, siendo estas últimas dos alternativas las que más concentran la atención del grupo. “La idea es que, de aquí a 2015, cuando entre en vigencia la nueva ley, que obliga a las eléctricas a tener un 5% de energía generada por ERNC, superemos esa meta. Queremos generar 200 MW con ERNC y lo vamos a conseguir con proyectos que estamos analizando actualmente, más los que está viendo el Fondo de ERNC Aqua”, agrega Larraín.

 

 

 

Equipo en crecimiento

 

Para nadie es un misterio que el crecimiento de Colbún no ha estado exento de problemas, todo lo cual les ha valido ser caso de estudio en Harvard. Buenos dolores de cabeza tuvieron con la crisis del gas y, para qué hablar, con el incendio en Nehuenco I, que hoy los tiene enfrentados con varias aseguradoras por el monto de la indemnización. Ahora, lo que los tiene afanados es el proyecto Hidroaysén.

Pero Larraín y su equipo prefieren enfocarse en el futuro. Y ahí, en lo inmediato, emergen las centrales que hoy están levantando y que, sumadas, constituyen un hito en la historia de la compañía, ya que por primera vez tendrá en construcción varios proyectos de envergadura en forma simultánea (San Pedro, Santa María etapa 1 y San Clemente ya en construcción, además de Angostura y Santa María etapa II, que espera iniciar en los próximo meses). “Sacar adelante estas centrales es un trabajo tremendo. Cada una es única en su tipo y tienen sus complejidades. Aquí no hay sandías caladas”, acota con gracia Eduardo Morel.

Hablan de centrales como si se tratara de obras de arte. No es para menos, si el nivel de complejidad que conlleva cada uno de estos proyectos es de proporciones insospechadas: 3 ó 4 años con importantes inversiones para decidir si se construye o no. De ahí que en los últimos cuatro años –desde que el grupo Matte tomó el control– se hayan volcado a reclutar ejecutivos de la industria para armar la nueva estructura (ver recuadro). La misma que hoy enfrentan su mayor desafío: la primera gran fase de crecimiento de Colbún. “Junto con ello también estamos delineando lo que vendrá para el futuro más lejano, después de 2014: emprendimos estudios de proyectos hidroeléctricos en base a nuestros derechos de agua que esperamos nos permitan levantar una cartera equivalente a unos 500 MW. También pretendemos ser un actor relevante en la industria de la geotermia. Finalmente estamos participando en Hidroaysén, cuya ejecución deberá decidirse con un amplio consenso”, dice Larraín.

 

 

 

Las definiciones de Larraín


-¿Cómo ve el futuro de Hidroaysén de la mano de sus nuevos socios (Enel)?

-Recientemente estuvo el presidente de Enel en Chile y destacó la importancia de la hidroelectricidad y de Hidroaysén como proyecto de energía limpia, renovable, propia y que aporta contra el calentamiento global. Por lo tanto, no vemos cambios en nuestra estrategia de continuar con el proyecto y de lograr, a través del trabajo transparente con las comunidades de la región y con todos las partes interesadas, un consenso sobre su ejecución.

 

-¿Cuál es la mayor debilidad del sistema de evaluación ambiental?

-Si bien la institucionalidad ambiental vigente es adecuada, toda institucionalidad es perfectible. Celebramos el reciente acuerdo entre el gobierno y la Alianza para introducir cambios en la institucionalidad ambiental, creando un ministerio de Medio Ambiente que le da mayor importancia a este tema, y una superintendencia y tribunales medioambientales que representan un adecuado equilibro entre la necesaria supervisión y la capacidad de cualquier titular de un proyecto para defenderse en una instancia independiente y de alto estándar técnico.

 

-¿Las generadoras tienen algún déficit con el país?

-Si bien muchas veces vemos como antagónica la relación de las empresas eléctricas con las comunidades, ONG y las autoridades que evalúan los proyectos, creo que también se puede ver como un círculo virtuoso: esa interacción ha implicado que las empresas incorporen de mejor forma las dimensiones medioambientales y de relaciones con la comunidad en sus estrategias y toma de decisiones. Detrás de este comentario hay una autocrítica.

 

-¿Hacia dónde debieran apuntar las definiciones en materia de energía de los candidatos presidenciales?

-Los gobiernos, en todas las latitudes, dan lineamientos de largo plazo de política energética. Hoy, los desafíos están dados por promover las energías renovables que aporten a la cruzada del cambio climático y, desde el punto de vista doméstico tener fuentes energéticas propias, limpias y competitivas… Estimo importante destacar, entre las iniciativas que ha impulsado el gobierno, la promoción de ERNC que demuestren ser competitivas sin subsidios, la promoción de la eficiencia energética y el desarrollo de nuestro potencial hidroeléctrico.

 

-¿Qué es lo que Chile debiera defender en la próxima convención sobre cambio climático en Copenhague?

-Debemos posicionarnos aliados del mundo en desarrollo, no como partes del problema... El Banco Mundial lo dijo: Latinoamérica tiene un gran potencial de mitigación de emisión de gases invernadero, potencial que además es eficiente ambiental y económicamente. Con el control de la deforestación, la generación de energía renovable convencional y no convencional y con eficiencia energética, podemos contribuir con fuentes de mitigación de emisión de gases de efecto invernadero, que tienen menor costo que las disponibles en el mundo desarrollado.