|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Guia + Cultura Las últimas horas del verano |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Es tiempo de pinot noir, la más delicada y compleja de las variedades tintas. Aquí ofrecemos una selección para disfrutar estas tardes. Por Marcelo Soto
Cuando uno piensa en verano, en términos de qué beber en una terraza al atardecer, quizá lo primero que se viene a la cabeza sea una cerveza fría o una copa de sauvignon blanc. Pero el pinot noir, la más difícil y coqueta de las cepas, también es una alternativa.
Ya lo hemos dicho: el mayor problema de los pinot noir chilenos es su tendencia a la sobremadurez y al exceso de barrica. En vez de frescos y delicados, suelen ser uniformes y dulzones. Pero hay excepciones. Ejemplares de Leyda o Casablanca –y también de Bío Bío- que apuestan a destacar la fruta y no la madera, y que en vez de rusticidad logran, en los mejores casos, esas pinceladas de complejidad que han hecho célebre a la variedad borgoñesa.
Si bien hay un puñado de botellas dignas de beberse y más que recomendables, todavía queda camino por recorrer. Como hemos comprobado en varias catas, el promedio sigue estando por debajo de las expectativas. Se nota cierta confusión sobre sus cualidades, sobre su factura y su personalidad.
Los buenos pinot nacionales pueden ser simples, directos, jugosos y vibrantes. En el último tiempo se han convertido en mi elección predilecta para beber estos días de calor, poniendo las botellas en una jarra con agua y hielo para mantenerlos frescos, pero no helados como a veces los sirven en algunos restaurantes. Si bebemos un pinot demasiado frío se pierde buena parte de su atractivo y, aparte de un pasajero dolor de cabeza, no sentiremos casi nada. Aquí van unas recomendaciones, de mi listado de favoritos. Ojalá les gusten.
Casa Marín Cartagena 2009, Lo Abarca. Un estupendo pinot noir donde los que mandan son la fruta roja, la suavidad, el equilibrio. “Es como un niño recién nacido, ingenuo y cautivantemente simple. Es fruta hecha vino, sin intervenciones y muy poca madera, ya que deseamos que quienes lo degusten se sorprendan con sabores y aromas genuinos e íntegros. Esto lo convierte en un vino muy fácil de beber y especial para aquellos que buscan calidad sin tanta complejidad”, explica la enóloga María Luz Marín. Perfecto para un sashimi de atún. 11.900 pesos.

Undurraga TH 2008, Leyda. La nariz es golosa y rica, pero a la vez muy fresca y frutal. Con notas minerales y una exquisita acidez, en un estilo moderno; el conjunto es súper agradable y fácil de beber. Lo probaría con una paella de mariscos. 9.000 pesos. Undurraga TH 2008, Casablanca. Otro gran pinot de la mano de Rafael Urrejola, en el que, aparte de frambuesa y una boca muy rica, hay notas como a tierra mojada cuya suma es elocuente, superior a las partes. Si consiguen un pollo de campo y lo hacen al “ladrillo” –es decir, cortado a lo largo de la pechuga, para dejarlo lo más plano posible y cocinado en aceite de oliva en una sartén grande con una tapa y un peso considerable encima- puede ser una gloria junto a este tinto. 9.000 pesos.
Leyda Lot 21 2008. Rico pinot, que huele a fruta fresca y tierra, frutillas ligeramente en almíbar, ligeramente dulces. En boca, jugoso, maduro sin excederse en su punto. La acidez es nerviosa pero no demasiado alta y se conjuga con un dulzor leve. Muy grato, para chuparse los dedos, junto a camarones de río. 21.500 pesos.
Leyda Reserva 2009. Muy bueno para su precio, este pinot noir no falla si se quiere conocer la variedad en su faceta más simple y directa. Tiene algo especiado y herbáceo junto a frutas como cerezas, en un contexto suave y dulce. “L
as uvas fueron cosechadas a mano durante las mañanas de los últimos días de marzo y la primera semana de abril, en diferentes días para lograr diferentes características en la mezcla final”, afirma la enóloga jefe de Viña Leyda, Viviana Navarrete. Denle una oportunidad, quizá con ostiones grillados. 5.490 pesos.
Vill ard Le Pinot Noir Gran Vin 2008, Casablanca. En otro estilo de pinot, más jugoso y profundo, más maduro y dulce, este ejemplar elaborado con la sabiduría de Thierry Villard es un imperdible. De gran carácter, largo y distintivo, habría que probarlo con una plato francés, un pollo al vino, digamos, o un confit de pato. 15.900 pesos.
Morandé Reserva 2008, Casablanca. Alguien podría decir en forma despectiva que este vino parece jugo de frutilla o frambuesa, pero precisamente esa es su gracia. Simple y delicioso, ideal para beber ahora, bien fresco, bien acompañando, disfrutando las últimas horas del verano, junto a jamón serrano con rúcula y quesos frescos. Qué mejor. 4.690 pesos.

