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Las velas se apagan
Artículo correspondiente al numero 283 (27 de agosto al 9 de septiembre de 2010)

 

¿Cuándo fue la última vez que festejamos un cumpleaños como Dios manda? ¿Será que nos estamos poniendo viejos o, peor aún, nuestros amigos ya no nos invitan? ¿Estaremos muy aburridos? Por Mauricio Contreras

 

Hace un par de meses; un domingo, para ser más exactos, revisábamos con mi señora las actividades que habíamos realizado el fin de semana que estaba terminando: la liga, el asado, la visita a los papás, el almuerzo familiar, la misa, el supermercado y otros.

Sin darnos cuenta, nos pusimos a recordar cuándo había sido el último cumpleaños al que habíamos ido. ¡En abril! Claro, con las niñas chicas salir en la noche ya no es tan fácil. La duda se instaló: ¿no se celebran los cumpleaños como antes o ya no nos invitan? Esperábamos que ojalá fuera la primera hipótesis, para no deprimirnos.

Para ir sacando conclusiones fuimos conversando con amigos. Derechamente les preguntábamos por qué no se habían festejado: “no, ni loco, es una cantidad de pega tremenda, tienes que estar preocupado de todo y al final no lo pasas bien, porque estás siempre atendiendo a los invitados. Prefiero salir a comer con mi mujer, menos complicado”, fue la sentencia de un compañero de colegio que había hecho de su cumpleaños un clásico, pero que ya no lo celebra.

El resto de los que nos respondieron fue un poco en la misma cuerda: cansancio, mejor hacer algo con la familia, salir con los niños. Uno me dijo que los 38 años no tienen ninguna importancia, así es que quizás a los 40 tiraba la casa por la ventana; pero antes, no. Nuestra primera teoría se confirmaba: ya no es como ayer, nuestro ritmo de vida nos ha pasado la cuenta y lo que antes era motivo de pasarlo bien hoy es señal de sufrimiento, trabajo extra y preocupación.

Soy de la idea de que el cumpleaños es la mejor ocasión para reunir a gente que uno quiere y a la que no se ve con frecuencia. Quizás el error es esforzarnos porque todo salga como si se tratara de un matrimonio, cuando lo que uno busca como invitado es pasarlo bien. Con un trago y un pedazo de torta, basta. Estas dos últimas cosas no son para estresarse, creo. Aterricemos el tema y disfrutemos de los cumpleaños, casi como si fuéramos niños.

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