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Buena vida: La mala educación
Artículo correspondiente al numero 317 (27 de enero al 1 de marzo del 2012)

Las buenas maneras, esos gestos simples que están en la base de una conducta civilizada, se han ido perdiendo. A menudo ni siquiera damos las gracias ni pedimos disculpas cuando nos equivocamos. Por Mauricio Contreras

Hace un par de años, en esta misma columna, nos referíamos al poco entusiasmo que mostramos al momento de abrazar a alguien o en la instancia de demostrar cariño a algún conocido. Claramente somos uno de los países con menos atributos y potencialidad en esta materia en el continente.

Lamentablemente, hemos ido perdiendo terreno en otro ámbito que perjudica nuestras relaciones sociales y laborales. La mínima educación (saludar, despedirse, agradecer, preocuparse por el otro) ha ido descendiendo a niveles inquietantes y no es necesario realizar un estudio de opinión pública para confirmarlo.

Es muy frecuente, por ejemplo, que a uno lo pisen o empujen en el Metro y que no le pidan disculpas o que, al menos, pongan cara de preocupación. Para qué decir al momento de manejar: son muy pocos los conductores que agradecen cuando les dan la pasada en algún cruce, y lo habitual es que te tiren el auto sin misericordia. Hace no muy poco un amigo del colegio me dijo que le había prestado su cabaña en la playa a un cuñado por una semana y nunca recibió agradecimientos; ni menos, un gesto de cortesía o la llamada telefónica que se estila en estos casos. Simplemente, nada a cambio.

Otro ejemplo: si antes, cuando uno daba la gracias, lo habitual era escuchar un “de nada” o un “no hay de qué” de vuelta, hoy lo más común es recibir un apático “ya” como respuesta. Eso, en el mejor de los casos, porque a veces no se dice nada y pueden escucharse hasta los grillos. Quizá sea un detalle –y tampoco queremos proponer el regreso del Manual de Carreño–, pero revela que los buenos modales, las frases civilizadas, se han ido perdiendo.

Conversando de este tema con un grupo de amigos, la explicación común para estas falencias fue el estrés, el ritmo enloquecedor de vida que estamos llevando y las presiones de todo tipo, que no nos permiten detenernos un segundo a dar las gracias o devolver un gesto cordial con otro de igual signo.

No sé si esa sea una excusa, pero lo cierto es que nos hemos empecinados en andar a 300 kilómetros por hora, sin preocuparnos del resto, y eso nos ha llevado a olvidarnos de elementos básicos de la convivencia. Lo grave es que si los adultos no mostramos el ejemplo, ¿qué les podemos exigir a nuestros hijos?

Para concluir: no estamos hablando de grandes esfuerzos, sólo de darnos el tiempo para los pequeños detalles que nos sirven para vivir en forma civilizada con nuestros vecinos y semejantes. No es mucho pedir.


 

Pregunta y responda

Qué Sé Yo 2, de Andrea Palet y Lidice Varas (Ediciones B, 268 páginas), es la segunda parte de un volumen que ya hemos aplaudido en estas páginas, con preguntas y respuestas para jugar y aprender. Es un libro hecho especialmente para las vacaciones, para compartir en familia. La nueva edición incorpora un símbolo para distinguir las interrogantes para niños, lo que facilita la interacción entre grandes y pequeños. Una de sus gracias es que las respuestas vienen en la página siguiente (sin necesidad de ir al final del libro) y se incluyen preguntas de cultura pop, como cuál es el nombre del bar donde toma cerveza Homero Simpson o de qué raza es el perro Snoopy.

 

Wifi olímpico

Para los Juegos Olímpicos 2012, entre julio y agosto, Londres dispondrá de conexión inalámbrica gratuita. Se trata de la zona wifi sin costo más grande de Europa, con puntos de acceso a Internet repartidos por el centro de la City. Será una implementación gradual,  que comenzó con la estación de Charing Cross en noviembre 2010, siguiendo con Westminster, Chelsea y Kensington. La red de cobertura incluirá 120 estaciones de metro. Estos Juegos Olímpicos se proyectan como pioneros en el uso de redes sociales y así lo entendió  Londres, que espera batir records de uso de Facebook y Twitter durante las competencias.

 

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