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Sin aliento
Artículo correspondiente al numero 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010

 

Anagrama rescata la obra breve pero imperecedera de Jane Bowles. Un testimonio literario de inusual belleza. Por Macerlo Soto.

 

 

 

Dos damas muy serias, de Jane Bowles, es la clase de novelas que leídas en la juventud provocan un impacto colosal, definitivo. A riesgo de sonar dramático, ningún lector es el mismo al terminar sus breves páginas. Una narración que resulta ocioso describir, porque produce una resonancia emocional que se queda en la memoria como uno de esos instantes –una risa, un comentario, el golpe de una puerta cerrándose- que sin motivo aparente perduran para siempre.

Bowles –que fue esposa del famoso autor de El cielo protector- escribió una novela, seis cuentos, una “escena para títeres” y una obra de teatro. Eso le bastó para ser considerada una de las escritoras más finas, más talentosas -y menos reconocidas- que haya dado la literatura de Estados Unidos el siglo pasado.

Editorial Anagrama, en su estupenda colección Otra vuelta de tuerca recupera esta novela y los seis relatos que dan vida al volumen Placeres sencillos, junto a la escena para marionetas Una pareja quisquillosa. La edición permite constatar que la autora mantiene plena vigencia, y que su obra, en ciertos casos, sobrevive mejor que algunos de los textos de su igualmente talentoso marido.

Dos damas muy serias
cuenta la historia de Christina Goering, una solterona de familia acomodada, que se entrega a aventuras con desconocidos tratando quizá de encontrarse en los otros, en las experiencias extremadas. En forma paralela se deshilvana la existencia aparentemente equívoca de Frieda Copperfield, quien abandona a su esposo durante un viaje por Centroamérica y se va a vivir con Pacífica, una chica panameña de la calle.

Nada en los relatos de Bowles es predecible. Todo sucede con esa rara cualidad de la vida misma. La excentricidad de lo cotidiano llevada a sus últimas consecuencias. Tampoco pueden esperarse lecciones de moral ni menos apologías del tipo sigue tus instintos y serás libre. Por mucho que la autora reivindique la libertad individual como único refugio ante la debacle existencial, no entrega falsas ilusiones. Ni siquiera los personajes alejados de toda norma social de sus relatos encuentran consuelo. A lo más, revelan el desconcierto.

En su obra, aparece agazapado un rumor, una especie de presencia no vista que da miedo, el terror de la carne y el deseo, que siempre es inasible. Así describe una escena en un salón de juegos, en Dos damas muy serias: “La señorita Goering desde donde estaba, podía ver los muslos de Bernice que sobresalían de las medias a cada violenta inclinación fuera de su cubículo. Este espectáculo no la hubiera turbado en absoluto, de no observar que el jugador de bolos había abandonado su juego y miraba fijamente la carne desnuda de Bernice, cada vez que se le presentaba la ocasión. El hombre tenía la cara alargada y roja, la nariz angosta y algo congestionada y unos labios muy finos. El color de sus cabellos era casi anaranjado. La señorita Goering no pudo determinar si era hombre de gran integridad moral o si tenía una naturaleza perversa, pero la intensidad de su actitud la asustó. No consiguió determinar si miraba a Bernice con interés o con desprecio”.

Bowles empezó a escribir y publicar antes que su esposo, Paul, pero tras un comienzo prometedor sufrió un bloqueo legendario del que no pudo recuperarse. En efecto, Dos damas muy serias fue publicada en 1943 con reseñas mixtas. El compositor Paul Bowles, que había ayudado a editar el libro de su mujer, comenzó a escribir sus propias historias, que cosecharon inmediatos aplausos. En 1947 Paul viaja a Marruecos, donde escribe El cielo protector (que Bertolucci llevaría al cine en 1990). Jane lo sigue. Trata de escribir una novela mayor, pero no puede. Se involucra en intensas y desafortunadas relaciones amorosas.

Ensombrecida por la fama de su esposo, entregada a una prolífica vida social en Tánger, víctima del alcoholismo y la tensión nerviosa, en 1953 sufre un colapso y empieza una peregrinación por diversos centros de salud. En 1977, sin haber podido escribir esa novela grande que anhelaba, muere en una clínica en España. Nacía una leyenda.

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