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Los terremotos de Isabel Allende
Artículo correspondiente al numero 272 (26 de marzo al 8 de abril de 2010)

La escritora deja un momento sus ficciones y habla de la situación en el país y de cómo se ha manejado la crisis. "Hoy llamaría a la unidad", dice la narradora. Sobre los primeros días de Piñera, observa: "Otra cosa es con guitarra". Por Marcelo Soto.

 
Cuando Isabel Allende apareció donando medio millón de dólares en la cruzada televisiva Chile Ayuda a Chile, organizada por Don Francisco, alguien escribió en Twitter: “Le puso la vara alta a los empresarios”. Tampoco faltaron los maliciosos que dijeron: “Claro, si es multimillonaria. Le sobra la plata”.

Ella, sin embargo, le baja el perfil al asunto y declara: “los chilenos son muy generosos, la teletón que organiza Don Francisco es la mejor prueba. Lo curioso es que los que tienen menos están dispuestos a dar más, en proporción, que los ricos. Nunca somos más grandes, solidarios y dadivosos que en una emergencia”.

La autora de La casa de los espíritus (una novela que ha vendido millones de ejemplares en el mundo y que, de paso, recrea un terremoto) es famosa por las imaginativas fi cciones que ha creado, pero no deja de estar con los pies en la tierra. Desde el primer momento, siguió las noticias sobre el sismo grado 8,8 en Chile y habla con propiedad de la catástrofe, aunque estaba a miles de kilómetros de distancia, en su casa en California.

“Mi hijo Nicolás me llamó al amanecer, cuando supo la noticia por su padre, quien se dio cuenta de la magnitud al sentir el primer remezón y le avisó a Nicolás antes de que se cortaran las comunicaciones”, explica la escritora. “Yo no pude hablar con mis padres, que se encontraban en la playa, hasta dos días más tarde; estaba preocupada, por supuesto, sobre todo por el tsunami. Por suerte, a ellos no les pasó nada. Entretanto, estuve pegada a la televisión. En los Estados Unidos, especialmente en los canales hispanos, pasaban noticias muy alarmantes, pero no tanto como las de Haití, con sus 200.000 muertos. En Chile, donde el terremoto fue mucho más fuerte y más largo, hubo un número relativamente bajo de víctimas”. Con todo, piensa que la tragedia no ha sido entendida en el extranjero en su real dimensión: “no creo que afuera se sepa cuán grave es la destrucción que hemos sufrido ni el hecho de que sigue temblando a cada rato”.

Su participación en Chile Ayuda a Chile fue igual de rápida y contundente. “Supe de la campaña porque me avisó mi madre, llamé al padre Felipe Berríos, le anuncié que quería hacer un aporte y le pedí que me pusiera en contacto con los organizadores para conseguir los credenciales para entrar al teatro. Una amiga, Mariana Hales, se encargó de todos los detalles. Llegué el mismo viernes del programa con mi nuera, Lori Barra, que maneja mi Fundación. Después del largo viaje desde California, comimos algo, nos duchamos y partimos con Mariana a la teletón. No sé cómo pudieron organizar ese evento en cinco días, ni cómo Don Francisco puede soportar la fatiga y el esfuerzo de todas esas horas con el micrófono en la mano”.

Mientras aún no se recupera del impacto emocional de la visita (“cuando llegué a Chile se sentía la depresión y la angustia de la gente en el aire, pero la teletón levantó el ánimo y puso énfasis en la unión y la solidaridad”, dice), la autora hace un alto en la escritura de su próxima novela para hablar, ya no de mundos de ficción, sino del país real que sufrió uno de los movimientos telúricos más fuertes de la historia.

-En su obra usted ha descrito terremotos; en La Casa de los espíritus un sismo derriba la mansión patronal de los Trueba, la familia aristócrata que protagoniza la saga. ¿Cuál es su relación con estos cataclismos? ¿Cómo los ha vivido?

-Como a todo chileno, me han tocado temblores al por mayor y algunos terremotos, como el de 1960, el más fuerte registrado en la historia. Estaba en Santiago, donde no se sintió como en el sur, pero se nos cayó una pared. En esa época Chile era mucho más pobre y atrasado, la devastación fue horrenda y costó un esfuerzo de años para volver a poner en pie las zonas afectadas. Estos cataclismos son trágicos para un país, pero pueden ser estupendos recursos literarios, porque colocan a los protagonistas en situaciones extremas. Por eso los he usado en más de una novela.

-¿De qué manera cree que los sismos influyen en el carácter nacional? ¿Hay algo ahí que pueda relacionarse con nuestra manera catastrófica de ver las cosas, que gusta de la improvisación y rehúye el pensar a largo plazo?

-Responder esto es un atrevimiento, porque no soy psicóloga ni socióloga y no he estudiado el asunto, pero el instinto me indica que nuestra histérica geografía nos hace fatalistas. Sabemos que en un suspiro telúrico podemos perder todo, incluso la vida, y que no hay seguridad en este mundo, especialmente para los pobres. Esto también nos hace estoicos y fuertes, porque sabemos que se puede empezar de nuevo.

La isla bajo el mar, Isabel Allende. Editorial Sudamericana, 512 páginas.
-¿Cree que la imagen de Chile como un país serio, avanzando al desarrollo, ha quedado en el suelo con este terremoto, con la reacción dubitativa de las autoridades y, sobre todo, con las escenas de saqueo y vandalismo?

-Lamento mucho la incomprensión de la prensa respecto a la forma en que reaccionaron las autoridades. Al comienzo había confusión, no se sabían la extensión ni la gravedad de lo ocurrido. Michelle Bachelet fue tomando las medidas necesarias a medida que surgían los problemas. Sacó a los militares a la calle y detuvo el vandalismo muy pronto, visitó varias veces las zonas afectadas, movilizó todos los recursos del gobierno y las Fuerzas Armadas, estuvo con la gente y al mando del país en todo instante. Con razón tiene 84% de aprobación por su mandato. En los dos primeros días el gobierno, no estaba organizado para recibir ayuda internacional, por eso pidió que esperaran un poco. No creo que fuera por soberbia; la prueba es que después la ayuda se ha recibido y distribuido. Respecto al vandalismo, no olvidemos que se produce siempre en una situación de crisis como ésta, no sólo en Chile, en todas partes. Y esto no es propio del lumpen solamente. El 11 de septiembre de l973, cuando los militares golpistas bombardearon la casa de Salvador Allende en Tomás Moro, los vecinos, gente del barrio alto, asaltó la casa y se robó desde los cuadros hasta los calcetines

-Al informarse de la anarquía que se vivió en las zonas más dañadas del sur, muchos expresaron sorpresa e indignación. Pero Ricardo Solari, en esta misma revista, escribió que los chilenos, así como pueden ser generosos, también tienen rasgos de violencia y oportunismo que pueden verse a lo largo de nuestra historia. ¿Cuál es su opinión?

-No somos más vándalos que otros pueblos. La violencia, el oportunismo y la maldad son inherentes a los seres humanos, por eso se requieren un código moral y leyes que los mantengan bajo control. El desorden invita a la delincuencia, así como la impunidad. Los alemanes, uno de los pueblos más cultos del mundo, son un ejemplo de cómo la barbarie emerge cuando se dan las circunstancias y hay impunidad; nunca podrán borrar la mancha del Holocausto. Los chilenos tampoco podremos borrar las atrocidades que hemos cometido en nuestra historia, sólo podemos estar vigilantes para que no se repitan.

-Usted llamó a votar por Frei. Sin embargo, en estos momentos algunos sectores hacen un llamado de unidad y apoyo nacional a la reconstrucción. ¿Qué piensa de Piñera y de sus primeros días en el gobierno?

-Llamé a votar por Frei para apoyar a la Concertación, que hizo una gestión espléndida durante 20 años. Hoy llamaría a la unidad, es lo que el país más necesita. De Piñera nadie puede opinar todavía: no se ha probado. Otra cosa es con guitarra.

-Su última novela, La isla bajo el mar, lleva semanas y semanas en el primer lugar de ventas en Chile, desmintiendo a quienes la han criticado por haberse “internacionalizado” (como si eso fuese algo negativo) y por haber perdido sus raíces de escritora chilena. ¿Qué les diría a esos críticos?

-Nada. Les pagan para opinar, es su trabajo.

-Este año vuelve a entregarse el Premio Nacional de Literatura y esta vez le toca a un prosista. ¿Ha perdido la esperanza de ganarlo?

-Nunca he tenido ambición ni esperanza al respecto. Creo que con 19 libros publicados en millones de ejemplares en más de 30 lenguas he probado de sobra mi condición de escritora.

-De los candidatos (Germán Marín, Diamela Eltit, Poli Délano, Lafourcade), ¿hay alguno que le guste? ¿Le gustaría que lo ganara Eltit, que es mujer, aunque poco tiene que ver con su obra?

-Sería lindo que lo ganara una mujer, pero supongo que estos premios no se dan por género, edad, cuñas o política. Se supone que se premia a quien tiene más mérito.

-Usted ha sido reconocida ampliamente en EEUU, su actual hogar, donde forma parte de la Academia de las Artes, un logro excepcional. ¿Siente que en Chile no la han reconocido tanto, debido al machismo y a ese desprecio tan típico del éxito ajeno?

-Nadie es profeta en su tierra. En Chile chaquetean a cualquiera que asome la nariz por encima de la media, menos a los futbolistas. En ese sentido somos muy mezquinos, lo que me resulta raro, ya que somos generosos en tantos otros aspectos. Viví muchos años en Venezuela, donde existe la actitud opuesta: el país entero apoya, empuja y eleva a los que figuran. Un buen ejemplo son las reinas de belleza, que ganan la corona con el aplauso fervoroso de sus compatriotas. Si gana una chilena, empiezan a circular el chisme de que se acostó con el jurado.

-Finalmente, ¿puede contarnos qué está escribiendo en estos momentos? ¿Seguirá la senda de aventuras históricas de sus últimos libros o volverá a las memorias de Mi país inventado y La suma de los días?

-Empecé una novela el 8 de enero, pero he tenido muchas interrupciones: una operación del tío Ramón (mi inefable padrastro), el funeral de un pariente muy querido en Brooklyn, el terremoto de Haití, con el que me relacioné especialmente porque La isla bajo el mar es sobre ese país, luego el terremoto y el viaje a Chile, etc. Por el momento sólo tengo claro que es un tema contemporáneo, nada de ficción histórica.

Definición de una narradora
Ayuda internacional luego del terremoto:

“En los dos primeros dias el gobierno no estaba organizado para recibir ayuda internacional, por eso pidió que esperaran un poco. No creo que fuera por soberbia, la prueba es que después la ayuda se ha recibido y distribuido”.
Politica chilena:

“Llame a votar por Frei para apoyar a la Concertación, que hizo una gestión esplendida durante 20 años. Hoy llamaría a la unidad, es lo que el país más necesita. De Piñera nadie puede opinar todavia: no se ha probado. Otra cosa es con guitarra”.
Campañas solidarias:

“Los chilenos son muy generosos, la Teletón de Don Francisco es la mejor prueba. Lo curioso es que los que tienen menos estan dispuestos a dar más -en proporción- que los ricos. Nunca somos más grandes, solidarios y dadivosos que en una emergencia”.
Premio Nacional de Literatura:

“Nunca he tenido ambicion ni esperanza al respecto. Creo que con 19 libros publicados en millones de ejemplares en más de 30 lenguas he probado de sobra mi condición de escritora. Sería lindo que lo ganara una mujer, pero supongo que estos premios no se dan por género, edad, cuñas o política”.

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Comentarios

1 Comentarios

claudia :

URL http://www.facebook.com/#!/group.php?gid=119435291435791&ref=ts Publicado Martes 20 de Julio, 2010 - 16:13 hrs

unanse a mi grupo para subir a isabel al sitio que se merece el premio nacional.. 
unanse y comente. saludos. 
 
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