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Cine
Hollywood: negocio redondo
Artículo correspondiente al numero 271 (12 al 25 de marzo de 2010)

 

Los más de 10 mil millones de dólares que recaudó en boleterías la industria del cine en Estados Unidos fueron todo un record, pero también anuncio de una profunda transformación. Una que, obvio, tiene sus claroscuros. Por Christian Ramírez

 

Las alegres cuentas de Avatar -2.546 millones de dólares y sumando- le recordaron a mucha gente cuán buen negocio podía ser el cine cuando la coyuntura económica se combina con la innovación técnica y el interés del público. Si estos tres elementos se juntan –como alguna vez ocurrió con Lo que el viento se llevó (1939) o con Star Wars (1977)- el efecto suele ser explosivo y genera cambios que, al menos en la esfera de los negocios, tienden a ser radicales.

En su tiempo, la saga de Clark Gable impuso el technicolor como formato y funcionó (de hecho, aún funciona) como perfecto correlato del destino manifiesto de los americanos en eras de conflictos. ¿Recaudación? 1.537 millones de dólares, si ajustamos la cifra a la inflación actual.

La Guerra de las Galaxias a lo mejor no ganó tanto dinero (“sólo” 460 millones), pero transformó la estructura de la exhibición para siempre. En adelante, si uno quería impactar la taquilla más valía que:

1. tu película se estrenara en la mayor cantidad de pantallas simultáneas.

2. Fuera orientada al público juvenil (ojalá, “para todo espectador”).

3. si tenía efectos especiales y merchandising asociado, mucho mejor.

Veinte años después, con Titanic, James Cameron agregaría un corolario al teorema: tu película debe impactar a todos los segmentos del mercado y no puede excluir –como durante años lo hicieron Spielberg y Lucas- a la audiencia femenina.

De hecho, mirada fríamente, Avatar apunta a perfeccionar esa fórmula poniendo énfasis en dos elementos que sólo en apariencia resultan contradictorios: el fuerte componente romántico/ holístico de la trama y la experiencia del 3-D; pero el resto quedó sospechosamente igual: Leona Lewis sustituyó a Celine Dion en la canción del final, la destrucción de la villa árbol de Pandora reemplazó al hundimiento del barco y un alienígena azul creado por computador ocupó el lugar de Leonardo DiCaprio. Seguro que Cameron anda en estos momentos haciendo nuevos cálculos para su siguiente producción, consciente –claro- de que, en esta pasada, hasta él mismo fue superado por la enormidad de los resultados.

Para que tengan una idea: en lo que va del año, la taquilla total del mercado estadounidense ya asciende a los 1.829 millones de dólares, y queda bien encaminada para superar los 10.595 millones conseguidos en 2009. Las cuentas no pueden ser más alegres. Pero no todo es tan auspicioso.



El lado gris

Mejor no ilusionarse: es difícil que haya un fenómeno comparable a Avatar el próximo año. ¿Por qué no? Varias razones:

• Los estudios no pueden contraatacar con la velocidad que les gustaría porque los períodos de posproducción de un filme en 3-D con humanos duran el doble que el de una película tradicional. Steven Spielberg, de hecho, se metió en camisa de once varas al zambullirse en la filmación de Tintín. Recién estará lista para mayo de 2011, tres años después de Indiana Jones 4 y su perfil de aventura juvenil dista mucho de ofrecer el potencial de la mega película de Cameron.

• Como las ventanas de exhibición en salas son cada vez más breves, es complicado que una película vuelva a superar la decena de semanas que Avatar pasó en el primer lugar. Hasta el reinado de Cameron tiene límites en la taquilla: la aparición de Alicia en el país de las maravillas, de Tim Burton, seguramente le impedirá llegar a los 3 billones de recaudación mundial. De momento, no hay suficientes salas digitales acondicionadas como para que coexistan las dos en cartelera.

• El único contendor comparable para el filme de Cameron llegará en 2012, aunque es probable que el tema, por lo menos a los chilenos, nos resulte demasiado sensible por ahora: se trata de 1906, la historia del devastador terremoto de San Francisco. Será el primer filme que la compañía Pixar (Toy Story, Cars, Up) intenta con seres humanos y con toda seguridad, maximizarán sus beneficios al máximo.

Sólo que, quién sabe, para entonces en esta industria tal vez existan nuevas reglas.

 

El boom en boleterías

Si uno observa las cifras de recaudación total durante la última década, lo que más salta a la vista es el gran incremento de las ganancias de 2008 a 2009 (un 10%). Suele ocurrir en períodos de crisis: el cine es una entretención mucho más económica que otros “panoramas”, por lo que en estos trances el negocio de la exhibición se dispara. En Chile -por ejemplo- donde una película de éxito suele rondar los 700 mil tickets, el filme más visto del año pasado (La era del hielo 3) se empinó por el millón y medio.

Gran negocio. Sólo que tanto éxito siempre se consigue a costa de las otras ramas del mercado. Durante la última década, gran parte del esfuerzo de las compañías se ha focalizado en crear vehículos de entretención, siguiendo muy de cerca las reglas de Lucas y Cameron, pero eso ha implicado desmantelar buena parte de las filiales de los estudios que se dedicaban a financiar filmes en pequeña escala, sin efectos especiales y futuras candidatas al Oscar. Adiós New Line, Paramount Vantage, Miramax, Fox Searchlight y muchas otras etiquetas. Por cierto que eso no significa el fin del “cine independiente”, pero sí que aumentan los riesgos de producirlo, promoverlo y comercializarlo.

Un buen ejemplo al respecto es la travesía de la premiada Vivir al límite, que se ha convertido en la sensación de 2010, aunque fue rodada hace tres años y tuvo que construir su largo camino al reconocimiento desde el Festival de Venecia en 2008. Demasiado tiempo invertido en una sola producción. En especial, en estos días en que todo se convierte en DVD o Blu-ray con extrema rapidez. Y pirateado con incluso mayor velocidad.

En nuestro país, el gran perjudicado es el cine nacional. Sin ir más lejos, todas las entradas vendidas para todas las cintas chilenas del año pasado no alcanzan a igualar la recaudación de Up, el último filme de Pixar, que cortó alrededor de 750 mil tickets. Machuca fue el último estreno nacional que superó esa cifra. Y eso fue en 2004. Qué lejos parece, ¿no?

Hay otras aristas involucradas en el problema: El virtual estancamiento del mercado casero (hace tres años el mercado del DVD tocó techo y no ha vuelto a crecer), la piratería y las descargas ilegales, la disminución del presupuesto publicitario (en especial desde que la efectividad de los avisos en la prensa se ha puesto en duda), la lenta conversión a la televisión digital…

Tal como dijo hace unos años el cineasta Paul Schrader, estamos inmersos en un proceso de cambio tan profundo que es probable que –a la vuelta de los años- acabemos por convencernos de que las películas, tal y como las conocimos y las apreciamos en el siglo XX, serán cosas del pasado. Un registro histórico. ¿Qué va a imperar, entonces? ¿Los celulares, los videojuegos?

Como diría un científico loco, de esas antiguas películas de ciencia ficción, “no les quepa duda, el futuro es audiovisual”. Las ganancias, también.

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