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Uno de los grandes exponentes contemporáneos de la técnica realista, el artista chileno presenta paisajes, retratos y naturalezas muertas de impresionante factura en la galería Isabel Aninat. Por María Jesús Carvallo

Considerado uno de los máximos representantes del nuevo realismo, lo suyo son las pinturas y los dibujos perfectamente bien retratados. Seguidor de Velázquez, Antonio López García y Rembrandt, Guillermo Muñoz Vera es reconocido como uno de los grandes cultores de esa corriente en el mundo. No por nada el rey Juan Carlos de España lo eligió para que le hiciera un retrato.
A Muñoz Vera no le importa que muchos lo comparen con Claudio Bravo y que digan que es su sucesor. A él sólo le conciernen su trabajo y producir la mayor cantidad de obras posibles, para mantener viva una fundación que creó hace años y que da becas de postgrado a artistas de diversos países.
Muñoz Vera nació en 1956 en Concepción, “la ciudad más fea del mundo”, como ha dicho. Quizás por lo mismo, buscó alejarse de la capital sureña apenas tuvo los medios para hacerlo. Arquitecto frustrado, llegó a la carrera de Arte por falta de puntaje en la Prueba de Aptitud Académica (la vieja PAA). A los 14 años instaló un taller en el living de su casa, donde se dedicaba tardes completas a pulir el dibujo con tintas y marcadores. A los 17 definió su destino. Inspirado por la exposición De Cézanne a Miró en el Museo de Bellas Artes, tomó la decisión de inscribirse en la Universidad de Chile y dedicar su vida a la pintura. De inmediato comenzó a desarrollar la técnica realista, a pesar que en ese momento la mayoría de sus compañeros eran seguidores de un arte más conceptual y “comprometido”.
Una vez titulado partió a Madrid, enviado por su padre. Su idea era ingresar a alguna prestigiosa escuela a hacer un posgrado, pero el destino decidió otra cosa. No le convalidaron su título y sólo pudo tomar cursos aislados de Anatomía, Dibujo y Fotografía. Sin embargo, el aire madrileño y el contacto con la bohemia local lo impulsaron a perseguir su objetivo de convertirse en artista.
Reconoce que no fueron tiempos fáciles y que recién en 1986 vio los primeros atisbos del éxito. Gracias a su primera muestra conoció a Thomas E. Levy, un galerista alemán que lo invitó a participar en bienales como las de Basilea, Frankfurt y Colonia. Su carrera despegó y se radicó en España.
Casi una década más tarde creó junto a la marchant Carmen Bobel el proyecto Talleres de Arte ARAUCO –Arte y Autores Contemporáneos–, un centro cultural multidisciplinario que luego se convirtió en una fundación que gestiona y patrocina hasta el día de hoy actividades docentes sin fines de lucro.
En estos días está instalado en un pueblito de origen medieval llamado Chinchón, famoso por sus cochinillos, situado a unos 45 kilómetros de Madrid. Ahí tiene su casa, su taller y también su fundación, donde imparte clases junto a otros artistas.
Se define como realista aunque muchos lo inscriben en la escuela hiperrealista. Al observar obras de ambas corrientes, la diferencia puede ser mínima para un espectador común, pero hay consideraciones importantes. Según el propio Muñoz Vera, los hiperrealistas quedan conformes cuando su cuadro parece una fotografía y no una pintura, y los realistas, al revés. Los primeros pueden llegar a tardar hasta seis meses o más en una sola obra; los segundos, sólo dos días en algunos casos, como lo hacía Velázquez.
Entre sus trabajos se cuentan piezas dedicadas a diversos sucesos de nuestra historia. Un ejemplo es el proyecto Chile Hoy que inauguró el 2005 en la estación de Metro La Moneda. Catorce pinturas que, a través de paisajes y poblados, entregan su particular visión de nuestro país. “Soy un representante de la mediocridad de la pintura contemporánea. Estoy a años luz de mis referentes, muchos de los cuales, sin ir más lejos, están en el Museo del Prado. Todos mis maestros, entre ellos Velázquez, están muertos hace ya varios siglos. Y, te lo digo, no hay forma de aprender a pintar como Velázquez”, dijo en una entrevista.
Desde el 27 de octubre presentará sus nuevas creaciones en la galería Isabel Aninat. Son cerca de veinte óleos sobre lienzo encolados en tabla de gran formato, agrupados bajo el nombre Terra Australis Incógnita. Inspirándose en los conquistadores españoles y en el viaje que realizaron hacia tierras desconocidas, Muñoz Vera dio vida a estas obras que muestran su propia mirada de este recorrido, transportando a los espectadores a través del tiempo. La exposición estará abierta al público hasta el 30 de diciembre en Espoz 3100, Vitacura.
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TERESA CRUZ. Vida es el nombre de la muestra que esta chilena está presentando en la galería Animal. Son cerca de 20 dibujos de gran formato realizados con tinta china en pluma de vidrio y sobre papel de alto gramaje. A cinco años de su última exhibición individual, Cruz reemplazó las pinturas por los dibujos de figura humana con la idea de representar al ser humano como potencia. “Quiero apelar a los afectos como única y última forma de salvación”, dice la artista. Hasta el 19 de noviembre en Alonso Córdova 3105. |