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Vinos y Licores

Artículo correspondiente al número 259 (21 de agosto al 3 de septiembre de 2009)

 

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La hora estelar del carménère

 

Quince años después de ser redescubierta en Chile –y luego de un siglo desaparecida de Burdeos- la variedad antes confundida con el merlot en el país empieza a obtener grandes reconocimientos internacionales. Una cepa que muchos consideraban secundaria hoy se vuelve protagonista, Dispuesta a levantar la bandera del vino chileno en el mundo. Por Marcelo Soto.


Lo que ha pasado con el carménère tiene algo de cuento de hadas. Si hace un lustro no faltaban las voces que lo consideraban una variedad de segunda –entre ellas, la del crítico británico Tim Atkin–, incapaz de dar origen por sí sola a grandes caldos, hoy cosecha aplausos y alcanza algunos de los mayores puntajes para el vino chileno en revistas internacionales.

Como en la historia del patito feo, el carménère ha demostrado ser una cepa distintiva, endiablada pero encantadora, que cuando es bien tratada puede convertirse en toda una belleza. Como explica Andrés Ilabaca, enólogo de Santa Rita, “personalmente pienso que la carménère es una variedad tremendamente versátil que puede dar una amplia gama de vinos, pudiéndose destacar todos en la medida que son bien manejados, especialmente en el viñedo. Además, dada esta versatilidad es una gran compañera en blend que creo, fue por mucho tiempo su mayor cualidad hasta que se mostró como variedad”.

Al decir esto último Ilabaca, que hoy elabora el estupendo Pehuén en Apalta, apunta a que los propios enólogos chilenos no se creyeron el cuento en un principio y miraron en menos a esta uva originaria de Burdeos. “Que haya sido considerada una variedad de segunda división es responsabilidad de nosotros como enólogos. Tal vez no lo hicimos bien en el pasado y nos tomó tiempo entenderla. Ahora tenemos la posibilidad de revindicarla y colocarla en el lugar que se merece”.

¿Hasta dónde puede llegar el carménère? ¿Debe ser el emblema de Chile como país vitivinícola? ¿Será capaz de elaborar vinos de 100 puntos?

Francisco Baettig, enólogo de Errázuriz, responde: “creo que está poco a poco empezando a hacerse conocida en el mundo. No tengo dudas de que es una cepa de primer nivel y que será reconocida como tal. Sin embargo, si bien hemos logrado obtener excelentes vinos en la gama alta (iconos), queda bastante trabajo por hacer para mejorar la calidad de los vinos varietales o de la gama más masiva, donde aun se prueba cada cosa verde, herbácea, diluída y rústica que da susto. Si ya estamos en los 97 puntos, deberíamos llegar a los 100 en el futuro”.

En efecto, tres carménère chilenos han obtenido 97 puntos en la revista Wine Advocate, la más influyente del mundo en su área: Carmín de Peumo 2003 y 2005, de Concha y Toro, y Tatay de Cristóbal 2007, de von Siebenthal. Al mismo tiempo, un vino donde el carménère tiene una presencia importante como Clos Apalta 2005 –una mezcla de carmenere, cabernet sauvignon, merlot y petit verdot–, fue elegido vino del año 2008 por Wine Spectator.

Jay Miller, crítico de Wine Advocate, señaló que “ha habido una mejora en la calidad de los carménère. Yo escribí hace poco que cuando el carménère era bueno, era realmente bueno, bueno de verdad. Pero cuando era malo, era muy, muy malo. Era muy raro encontrar un carménère barato que no estuviera estropeado por componentes excesivamente verdes, vegetales. Hoy, la mayoría de los carmenere bajo los 25 dólares que probé merecen una recomendación”.

Ignacio Recabarren, enólogo de Carmín de Peumo, de Concha y Toro, valora el puntaje recibido para su carménère: “lo que importa es que fue un espaldarazo para la variedad. Por fin se le dio pelota a una cepa que en Chile muchos veían como para hacer un sandwich. Es decir, una variedad que servía como agregado pero no como ingrediente principal. Pero estaban equivocados. Es una uva que puede dar origen a vinos de clase mundial, sin duda”.

Por su parte, la crítica británica Joanna Simon advierte que el carménère “no está entre las seis variedades más top del mundo, pero es capaz de producir muy buenos vinos si es plantada en las zonas correctas y es manejada con destreza y sensibilidad, tanto en el viñedo como en la bodega. Ciertamente, creo que hay mercado para ella en el Reino Unido. Hay una demanda por tintos frutales, redondos, de buen cuerpo, sin mucha madera ni taninos fuertes, y ahí el carménère puede ser una alternativa”.

Lo curioso del carménère es que tiene todo para ser un emblema del vino chileno, pero la industria nacional no se decide a levantarlo de manera decidida. Hay que recordar que durante mucho tiempo fue confundido con merlot y sólo en 1994 comenzó a ser diferenciado. El primero en desenmascararla fue Alvaro Espinoza, enólogo entonces de viña Carmen, quien la embotelló como Grande Vidure, mezclada con algo de cabernet sauvignon. Era un momento en que el llamado “merlot chileno” era un éxito y muchos consideraron que era un despropósito poner un manto de sospecha sobre la pureza de la cepa. Dicen que Espinoza hasta recibió amenazas por su osadía.

Mientras se desataba una polémica entre los exportadores –y se plantaba a destajo merlot que en realidad era carménère en zonas poco adecuadas para la variedad–, la viña De Martino lanzaba por primera vez una botella que decía en su etiqueta la palabra prohibida. La cepa ni siquiera era legal y, como recuerda Marcelo Retamal, quien entonces era un recién llegado a la viña de Isla de Maipo, “vino un equipo del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y cercó con huinchas de plástico todas las cajas de esa cosecha 96”.

Tomando en cuenta que sólo han pasado unos 15 años desde que fuera redescubierto en Chile –el carménère desapareció de Burdeos hace un siglo debido a la filoxera–, la potencialidad de la variedad es enorme. Como dice Mario Geisse, enólogo de Casa Silva, “actualmente tenemos una percepción más clara del comportamiento del carménère en los diferentes climas y suelos, y del mejor manejo para cada situación. Hemos aprendido que es una variedad en la que el drenaje, el equilibrio de carga de acuerdo a la fertilidad del suelo, una exacta disponibilidad de agua precisa en cada etapa fenológica y una correcta insolación son más importantes que en cualquier otra variedad. Cualquier aspecto que falle afecta la calidad de sus vinos más que en otras variedades”.

Precisamente por eso, el carménère es tan seductor: como pocas variedades, expresa sus defectos cuando se la trata mal. Por el contrario, si se la mima se comporta como una diosa. El futuro le pertenece.

 

 

 

El cabernet sauvignon, ¿sigue siendo el rey?

El año pasado, cuando el crítico inglés Peter Richards, autor del premiado libro The Wines of Chile, visitó el país su diagnóstico fue claro: “el momento de Chile es excitante”. Sin embargo, expresó preocupación por el cabernet sauvignon, tradicionalmente considerada la cepa que mejor se produce aquí, sobre todo en zonas como Maipo Alto. “Siempre espero más del cabernet chileno. A lo mejor lo han dejado de lado mientras trabajaban con variedades más sexies como pinot, syrah o lo que sea. Cabernet es la cepa emblemática de Chile, te guste o no. Se habla de carménère, pero es el cabernet la cepa emblemática chilena. Y necesita más trabajo”.

Quizá respondiendo a sus críticas, este año un cebernet sauvignon recibió 97 puntos en Wine Advocate. Se trata de Viñedo Chadwick 2006. Su enólogo Francisco Baettig cuenta: “yo soy un amante del cabernet y si bien estoy convencido del potencial del carménère, creo que la gran gracia de Chile son su diversidad y la paleta amplia de cepas distintas de gran calidad que puede ofrecer. Eso tiene un valor estratégico, porque el ser reconocido solo por una cepa, como es el caso del malbec en Argentina, es una bendición y una maldición al mismo tiempo. Creo que el cabernet es aun la cepa más reconocida de Chile”.

Hacia el futuro varios apuestan a que algún vino chileno obtenga 100 puntos, pero, ¿será un cabernet sauvignon o un carménère? Pese a los avances de esta última, el cabernet de Maipo Alto es insuperable en su capacidad para producir vinos elegantes, complejos, con mucha fruta y taninos maduros, equilibrados y con buena acidez. Nadie como el cabernet sauvignon expresa en Chile tal nivel de elegancia, de frescura, de armonía y de fineza. Aparte de Viñedo Chadwick, hay otros ejemplos notables: Casa Real Reserva Especial de Santa Rita, Don Melchor de Concha y Toro, Carmen Gold Reserve, Haras de Pirque Elegance y Morandé Edición Limitada son todos vinos de excepción.

 

 

 

Carmín de Peumo, Concha y Toro. Ignacio Recaberren cuenta que este vino nace de dos cuarteles privilegiados de Peumo, el 27 y 32. El primero posee un suelo profundo y balanceado, con mayor componente de arcilla, mientras el segundo tiene menor profundidad y más arena. Con estos elementos, Recabarren da vida a un vino que expresa tanto su conocimiento del viñedo como su intuición.

Pehuén, Santa Rita. Andrés Ilabaca explica que Pehuén “proviene de viñedos de 55 años, plantados en densidad semi-alta, en una ladera de los cerros de Apalta con pendiente variable, que produce uvas altamente concentradas y sabrosas. Las buenas condiciones climáticas del valle permiten una adecuada maduración de la variedad. Pasa un período de 20 mese en barricas nuevas, de encina francesa”.

Microterroir de Los Lingues, Casa Silva. El enólogo Mario Geisse afrima que “Los Lingues, en Colchagua, tiene un suelo que reúne todas las condiciones requeridas (buen drenaje, profundo y de fertilidad media) con un clima que tiene dos particularidades importantes: temperaturas bajas de noche y máximas que difícilmente sobrepasan los 31 ° C, con suaves y constantes vientos durante las madrugadas que impiden exista humedad en los racimos y hojas por el rocío, permitiendo una gran sanidad hasta su cosecha”.

Tatay de Cristóbal, Von Siebenthal. Mauro von Siebenthal comenta que “es un vino muy profundo, voluptuoso, que tiene una fruta potente, y un gran equilibrio. Proviene de una hectárea y media de nuestros viñedos en Panquehue, Aconcagua, con un suelo con mucha arcilla y arena, un suelo no fácil, pero que permite este tipo de vinos de gran personalidad”.

Kai, Errázuriz. Como explica Francisco Baettig, “Kai nace con la idea de mostrar la calidad de esta cepa y por el deseo de potenciarla como emblema de Chile. Es una selección de los mejores lotes de carménère de la viña en Aconcagua y lleva además un porcentaje de petit verdot que aporta acidez, nervio y frescura y algo de syrah que otorga complejidad”.

 

 



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Comentarios

5 Comentarios

mario arturo buelna ruiz :

Publicado Viernes 16 de Diciembre, 2011 - 18:52 hrs

cuanto me puede costar una botella de skyy vodk..!! 
 
En el mercado..

control C :

Publicado Sabado 17 de Septiembre, 2011 - 19:24 hrs

quisiera saber los lugares donde puedo comprar el triple destilado de control.. en que supermercados o cosas por el estilo

paula :

Publicado Sabado 28 de Agosto, 2010 - 13:25 hrs

erstimados: 
quisiera saber a como tienen el precio de sierra morena , si hacen despacho a domicilio, y por cuantas cantidades. 
se despide atte paula sepulveda

paula :

Publicado Sabado 28 de Agosto, 2010 - 13:25 hrs

erstimados: 
quisiera saber a como tienen el precio de sierra morena , si hacen despacho a domicilio, y por cuantas cantidades. 
se despide atte paula sepulveda

Francisco Quintana Villagra :

Publicado Miercoles 2 de Septiembre, 2009 - 11:00 hrs

Hola un gusto saludarlos, la verdad queria ver la posibilidad de tener mas informacion del ron en el mercado chileno, de antemano muchas gracias. 
 
Saluda atte  
Francisco Quintana V

 
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