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Artículo correspondiente al Viernes 1 de Abril, 2011
Una acumulación de hechos han impedido que Portugal salga del mal momento que está pasando: una crisis económica, un déficit mayor al previsto, la baja calificación de Fitch, la renuncia de su primer ministro, dibujan un futuro bastante oscuro para el país luso, que finalmente, decidió pedir el rescate.
Sin duda han sido momentos complejos para Portugal. Desde fines de 2009, vienen arrastrando una complicada crisis que tuvo como una de sus consecuencias más importantes, la renuncia de su primer ministro, el socialista José Sócrates, el pasado 23 de marzo. Las tensiones políticas en torno a las decisiones tomadas por el gobierno para salir de la crisis, se tradujo en el rechazo de dichas medidas, peses a la aprobación que habían tenido con anterioridad por parte de los dirigentes de la Unión Europea.
¿Sucederá con el país luso, lo que sucedió con Grecia e Irlanda? Como parte de los PIIGS (países de la eurozona que hoy enfrentan una fuerte crisis, y en este grupo se incluyen a Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), Portugal ha tenido un déficit presupuestario mucho mayor al permitido en la zona. Hoy, el ministro de finanzas reconoce que éste alcanza un 8,6% y no el 7,3% que se anunció a principios de este año.
Las medidas para salir de la crisis se han visto truncadas por una oposición al gobierno fuerte, que rechaza varias de las medidas presupuestadas por el gobierno. La inestabilidad han llevado a que en la actualidad, la agencia Fitch baje su calificación en cinco puestos, dejándolo en BBB-, al borde de ser un bono basura.
¿Malas decisiones?
Pero en su momento las cosas pintaban mucho mejor para Portugal. Con la llegada de José Sócrates al gobierno, el 27 de septiembre de 2009, parecía que las cosas mejorarían para los lusos, quienes apoyaron a fines de marzo de 2010 las medidas del plan de austeridad, que entre otras cosas recortaba en gasto social y militar, aumentaba impuestos a las rentas más altas, congelaba los salarios de los funcionarios públicos y privatizaba bienes públicos.
Uno de los primeros indicios que dejaban entrever el complicado panorama portugués, fue la baja en la calificación de la agencia Standar & Poor's, que lo deja de "A+", a "A-", debido a la debilidad estructural de su economía primer indicio de que las cosas no irían bien para Portugal. Ese mismo día, el 27 de abril de 2010, su bolsa de desplomó en un 5,36%.
El panorama para Sócrates empeora, y deberá aumentar las medidas para paliar la crisis. Luego de varias negociaciones, consigue aprobar un aumento del IVA, el impuesto sobre las renta de las personas físicas (IRPF), y así en un plazo de cuatro años, lograr bajar la deuda fiscal a menos de un 3%.
Pero esto no es suficiente, y a fines de septiembre, se disparan los intereses que piden los inversores para comprar obligaciones del Tesoro portugués, alcanzando el 6,42%. Pese a esto, Portugal subasta obligaciones a diez años a 6,806 % de interés el 10 de noviembre, logrando una penalización récord debido a la desconfianza que sus mercados generan en el mundo.
Y así empieza a sonar el rescate europeo. Aún así, Portugal se niega a recibir ayuda, y un tercer paquete de medidas es aprobado en el parlamento: un aumento del IVA del 21% al 23 %, una rebaja del 3,5% al 10 % del salario de los funcionarios, la congelación de pensiones y recortes de gasto e inversión estatal.
Un cuarto paquete de medidas es presentado en el parlamento. Esta vez las cosas no resultan para Sócrates, que deberá enfrentar a una oposición heterogénea, y desde la derecha ultra conservadora, hasta la izquierda marxista, rechazan sus medidas. De esta forma el 23 de marzo, Sócrates decide dimitir.
Las posibilidades de que Portugal sea rescatado han aumentado. Aún así, el país luso mantiene su postura de no necesitar un rescate. Este tendría que ser cercano a los 75.000 millones de euros del fondo de ayuda europeo, dispuesto por el Eurogrupo para estos casos.
Ya con la baja calificación puesta por Standar &Poor's y Fitch, Portugal está cada vez más cerca de caer en los bonos basura.
Y el panorama empeora: la deuda portugueza volvió a batir un récord, al alcanzar un interés superior al 10%, con lo que los inversionistas están esperando una rentabilidad desorbitante.
Finalmente, y luego de arrastrar al máximo la situación, Portugal ha decidido pedir el rescate a la Unión Europea, aceptando así la derrota económica.