Cuando las salas de cine comienzan a mostrar la película del No, hay una historia que, a más de veinte años, todavía no logra develarse por completo: cómo se hizo la franja que aspiraba a la continuidad de Pinochet. Aquí, algunos detalles de ese capítulo aún en penumbras.

  • 14 agosto, 2012

Cuando las salas de cine comienzan a mostrar la película del No, hay una historia que, a más de veinte años, todavía no logra develarse por completo: cómo se hizo la franja que aspiraba a la continuidad de Pinochet. Aquí, algunos detalles de ese capítulo aún en penumbras.

Presidente, nos están sacando la cresta. Esto hay que cambiarlo.

Habían pasado tres días desde el inicio de las franjas del Sí y el No, cuando un grupo de políticos y figuras vinculadas a la derecha –alarmados por la estrepitosa campaña que defendía la continuidad del régimen-, llegaron a tomar té a La Moneda con Pinochet. Allí, sin pelos en la lengua, Jovino Novoa, Pablo Longueira, Joaquín Lavín, Luis Cordero, Carlos Alberto Délano, Ernesto Silva y Manfredo Mayol, entre otros, le dijeron al gobernante que su franja era un desastre y que había que cambiarla ya.

Le ofrecieron ponerse a trabajar y sacar algo “decente” para el 21 de septiembre. Pero Pinochet quiso que las cosas fueran aún más rápidas. Pidió la nueva franja para el 18. El equipo se puso de cabeza a declarar la guerra al No. Y hubo un cambio radical en la estrategia: con la entrada de los políticos, quedó atrás la idea de mostrar solo los logros de la modernización, y se dio paso a una lucha ideológica. “Aquí teníamos que advertir qué pasaría si llegaba el No. Ellos mostraban que todo iba a ser mejor; nosotros teníamos que mostrar que todo se podía ir al tacho. La contienda pasó a ser una pelea de pensamiento”, cuenta hoy uno de los miembros de ese equipo.

A pocos días del estreno de la película No –la cinta de Pablo Larraín, que revive la confección de la exitosa campaña opositora y trae de vuelta las emociones del pasado-, nadie quiere hablar de la franja del Sí. Nadie quiere aparecer públicamente como el autor, ni contar –con nombre y apellido-, cómo fueron los hechos. Al investigar el tema, varios dijeron que no se acuerdan; otros, simplemente que no querían volver a recordar. Apenas un par quiso contar su versión, pero desde el anonimato.

Indiferencia oficial
Lo cierto es que en un principio La Moneda no le había dado importancia a la franja. “Nadie la va a ver. ¿A las 11 de la noche y todos los días? No, nadie va a aguantar”, habría dicho el entonces ministro secretario general de gobierno, Orlando Poblete, según el libro La historia oculta del régimen militar, de Ascanio Cavallo, Oscar Sepúlveda y Manuel Salazar. Pero el hoy rector de la Universidad de Los Andes se equivocó medio a medio.

Así quedó evidenciado en informes que midieron el impacto de la campaña televisiva. Cinco días después del plebiscito, en el Centro de Estudios Públicos, su director, Arturo Fontaine, hacía un análisis de las encuestas CEP-Adimark de la época – la primera se efectuó en mayo y junio del 88, y la segunda en septiembre del mismo año-, en el que sostenía: “en las zonas rurales más del 90% de las personas dijo que veía la franja casi todos los días. Los encuestadores que fueron a terreno cuentan que las personas rurales, donde en muchos hogares no hay televisión, caminaban de una casa a otra para juntarse en las noches y ver esta franja televisiva, y más aún, atienden a la siguiente pregunta: ¿Dónde aprendió usted el significado del No? Respuesta: 80% por la televisión. De tal manera que hubo un efecto innegable, pero, evidentemente, creo que se basa no en un vacío, sino en una realidad”.

En esa misma exposición, Fontaine daba cuenta ante los empresarios de la falta de estrategia tras el contenido de la franja del Sí: “Pedirles a los habitantes de un país, que se han visto afectados por altísimos niveles de cesantía —que llegaron al 25% o más en el período ‘75 y en el período ‘82 y posteriores y que tuvo caídas brutales en las remuneraciones reales—, que aplaudan hoy la revolución silenciosa es un error de marketing político. Esa gente apenas vivió una prosperidad de consumo en un momento y en otro momento la perdió. Esto, evidentemente, acarreó un problema de credibilidad en la política económica y en la continuidad del sistema”.

Mayol entra en escena
Mientras el No estuvo cerca de seis meses preparando y montando su campaña, el Sí dedicó ese período apenas a planificar. El gobierno creyó que con repetir el esquema que había usado para el plebiscito del ’80 – convocar a los dueños de las principales agencias de publicidad del país, entre ellos Alberto Israel, Herny Northcote, Patricio Yunge, Fernando Figueroa, Juan Carlos Fabres, Mario Azócar, Fernando Silva y Boris Tocigl – llegaría fácilmente a la meta. Pero fue un error.

Este comité contrató al argentino Marcelo López –quien tampoco quiso hablar con Capital– como productor ejecutivo de la franja. El publicista, que había sido creador de la campaña “somos millones”, quedó al mando. “Al final, él era el único que entendía algo”, recuerda un dirigente, en defensa de López.

Según cuenta una fuente que participó en el proceso, parte del acuerdo de La Moneda con este comité creativo era que nadie más que ellos tendría acceso al contenido antes de que se lanzara el aire, la noche del lunes 5 de septiembre. Sin embargo, cuatro días antes, un grupo de cercanos al régimen sí vio la franja. Entre ellos, el asesor comunicacional de la UDI, Manfredo Mayol.

Quienes conocen la historia de cerca dicen que ese jueves 1 de septiembre Mayol fue convocado a ver la propaganda en el edificio Diego Portales, hoy transformado en el GAM. Y cuentan que en ese mismo instante, le habría advertido al gobierno que la franja era pésima. Al día siguiente, lo invitaron a almorzar con López para que le diera su impresión. Y desde entonces se involucró totalmente en la campaña.

Concientes ya de que el producto que mostrarían no era bueno, el sábado 3 se produjo una suerte de “cumbre” en una de las agencias del comité de publicistas. Allí se explicó la estrategia de la franja a un reducido grupo de autoridades –civiles y militares. Mayol volvió a plantear sus críticas. Dijo que no había allí una “fuerza valórica” porque lo que venía por delante era una “lucha de valores”. Era la modernización versus el horror en derechos humanos.

Por paliza
La franja se transmitió el lunes a las 22:45 de la noche y la derrota fue humillante. “Los resultados fueron lamentables. Al cabo de muy pocos días nadie pudo ignorar la evidente superioridad técnica de la franja del No, mejor construcción argumental, mejores filmaciones, mejor música. Su melodía característica, en torno a la frase la alegría ya viene, era tan pegajosa, que hasta los partidarios del Sí la tarareaban inconscientemente”, escribiría años después el entonces ministro del Interior, Sergio Fernández.

Con este análisis en sus manos, a los cuatro días de iniciada la campaña televisiva, el jefe de gabinete citó a los dirigentes políticos al té con Pinochet. Y fue en esa cita donde se resolvió cambiarlo todo. Con “la alegría ya viene” como contendor, “pensamos al tiro que la juventud no era el target para el Sí, ahí estábamos perdidos. Las franjas regionales tampoco importaban, porque se le había dicho a Pinochet que en regiones ganaba, entonces nos enfocamos a las personas de 35 años hacia arriba, de clase media urbana. Con eso, se cubría el 70% del país”, recuerda un dirigente.

A partir de esos antecedentes, Mayol preparó un nuevo enfoque y se trasladó hacia la casa en la calle Constitución donde se grababa la franja oficialista. Cuentan que su decepción fue total: había apenas una editora y material para tres días, mientras el No ya mostraba un alto nivel de profesionalismo. “Ellos grababan en cinecolor y nosotros apenas en video”, recuerdan. Acto seguido, este nuevo comité arrendó un estudio a pocas cuadras, en Chucre Manzur, contrató un camión y un equipo de profesionales para “tratar de mejorar la situación”.

Concentrados en revertir la derrota, el equipo de producción no salió más de allí. Trabajaban día y noche, siempre en la lógica de que aquí había una guerra que ganar. Cualquier argumento parecía ser válido, incluso los que son recordados como partes de una campaña del terror sobre lo que pasaría en el país si ganaba la oposición.

Actuando sobre la marcha, el equipo del Sí respondía en pantalla los cuestionamientos de sus contendores. La rapidez con que contraatacaban llevó al equipo del No a sostener que el Consejo Nacional de Televisión le pasaba las copias de su franja a los del Sí para que pudiesen reaccionar. Sin embargo, en el bando oficialista señalan que como la regla era entregar la franja con dos días de anticipación, la técnica que tenían para ganar tiempo era entregar las copias “con defectos”. Así, el CNTV les daba 24 horas más para entregar una nueva copia.

El derrumbe
En el equipo sabían que la derrota –al menos en la franja- era irremontable y que ello se traduciría en el resultado del plebiscito. Según recuerda un miembro de la campaña, “cuando empezamos a poner rostros, como Carlos Bombal, la periodista Carmen Gardeweg, Andrés Allamand, Alberto Espina y Evelyn Matthei, la cosa empezó a ser un poco más competitiva”. Sin embargo, sostiene que la franja que apostaba por la continuidad “perdió sola, ni siquiera necesitaba la del No para perder”.

En la misma exposición sobre la CEP-Adimark en que habló Arturo Fontaine, Roberto Méndez entregaba otra arista de la situación: “Si se comparan los resultados de ambas encuestas, llegamos a una primera conclusión de enorme importancia: en el mes de junio, el plebiscito no estaba perdido para la opción Sí; por el contrario, los resultados de la encuesta de junio, computados en la misma forma que la encuesta de septiembre, daban un 37% para la opción Sí, un 41% para la opción No y un 22% de indecisos. La encuesta de septiembre dio 32% para el Sí, 52% para el No y 16% de indecisos”. La franja ya había provocado su efecto catalizador. No había vuelta atrás.

El capítulo más oscuro
Si hay un episodio en la franja oficialista que nadie se adjudica es la aparición de la ex mujer de Ricardo Lagos, Carmen Weber, atacando al dirigente político. La imagen se emitió el penúltimo día de las transmisiones, y el equipo del Sí hoy culpa a la CNI de haber introducido esa entrevista. Según sostienen, una productora externa llegó con las imágenes, pero ellos les habrían advertido que no las incluirían en la franja. Sin embargo, grupos de inteligencia habrían accedido de alguna forma a la cinta que se emitiría ese 30 de septiembre y editaron la propaganda, poniendo a Carmen Weber en pantalla. Esa versión -que sostienen sectores de la derecha- nunca ha sido avalada al interior de la Concertación. De hecho, el senador Ricardo Lagos Weber apuntó a Jovino Novoa, Carlos Alberto Délano, Manfredo Mayol y Joaquín Lavín, por la oscura jugada en la que su madre –hoy fallecida- fue utilizada.

"La campaña del No quitó el miedo"
Eugenio García
El 5 de octubre del ’88, Eugenio García vio el resultado del plebiscito por la televisión. Solo, sentado en el living de su casa.

Tenía apenas 33 años y con el triunfo del No terminaba la campaña más importante de su vida. Tanto lo marcó, que decidió vender su participación en Porta –la agencia en la cual era socio- y no hacer nunca más publicidad.

Hoy, de 59 años, ha revivido intensamente ese momento con el estreno de la película de Pablo Larraín, que cuenta cómo se montó la franja de la alegría ya viene. El protagonista –René Saavedra, un publicista hijo de exiliados interpretado por Gael García Bernal- está inspirado en él y en José Manuel Salcedo, ambos piezas fundamentales del engranaje creativo de la campaña.

Al equipo de la franja García llegó por Francisco Javier Celedón, publicista cercano a la DC que más tarde sería su socio en la consultora Crisis. “El me invitó a ver un estudio muy acabado sobre cómo era la realidad en Chile. Yo no tenía contacto con partidos, ni nada, pero vi esto y me pareció muy bueno. Ahí me invitaron a participar de un comité creativo para hacer la campaña”.

Y en la fabricación de la película también participó. Primero, comentando el guión con el director y luego en largas tertulias con algunos de los actores, como García Bernal, Marcial Tagle y Luis Gnecco. Eso, además de aparecer en el filme, sentado en La Moneda como parte del equipo del Sí.

-Dicen que “la alegría ya viene” se te ocurrió a ti.
-No, salió de todos. Esas cosas nacen de conversaciones, entonces no se puede atribuir a una sola persona. La idea surgió en un retiro que hicimos en unas cabañas de Caritas, en La Pataguilla, para parir esta campaña. Estaban José Manuel Salcedo, Ernesto Merino, Jorge Cucurella, Diego Portales, Antonio Gil y yo. No me acuerdo si alguien más.
Cuando volvimos a Santiago, le encargué el logo a Raúl Menjíbar, que era mi socio. A él se le ocurrió el arcoiris.

-¿Qué rol le asignas a la franja en el resultado del plebiscito?
-Esto se produce después de un gran movimiento social que creó las condiciones para llegar a este plebiscito. Y surge porque una cantidad de políticos supo ponerse de acuerdo. La campaña vino a ponerle el nombre, el logo y la ética a lo que estaba pasando. Y permitió dar la cara a todos quienes estábamos contra Pinochet. Y ese dar la cara, con actores, con cantantes, permitió a la gente decir “se puede, no me va a pasar nada”. Quitó el miedo, dio una base de confianza.

-En la película los políticos aparecen reticentes a la idea de poner la alegría como eje de la campaña, con todo lo que estaba pasando. ¿Cómo los convencieron?
-Al principio la campaña fue muy sorpresiva, porque el sentimiento general era reprocharle a Pinochet todas sus atrocidades. Pero al final, la campaña del No dice todo lo que tiene que decir, y más encima, lo plantea como un problema nacional, como un reproche al sistema.

-Hoy también hay un movimiento social que pide un cambio al sistema. ¿Ves una analogía con esa época?
-Sí, hay cosas que se pueden extrapolar. La campaña vino a terminar un proceso, cumple la promesa de traer la alegría porque se va Pinochet, y las cosas cambian. Eso no quiere decir que se hayan resuelto todas las tensiones sociales. Y lo que vemos a continuación es que empiezan a nacer otros dramas. El gran drama que hay hoy es el de la concentración del poder, económico, político, etc.…Y eso está haciendo crisis no solo porque sea injusto, sino porque gracias a la tecnología que usamos para vivir, el poder concentrado no se sustenta, no es capaz de dar cuenta de la complejidad de un mundo puesto en red.

-¿No será darle demasiado importancia a las redes sociales?
-Es que las redes sociales no son solo Facebook o Twitter, es la forma que tenemos para acceder a la información, en que cada uno es su propio editor. Atrevemos a solucionar nuestros problemas en forma directa, como pasó en Aysén, en Freirina, en Pelequén etc… El uso de estas herramientas hace que todo lo demás entre en crisis. Por ejemplo, tu revives las franjas del Sí y el No buscándolas en YouTube, y te haces tu propia idea. El rechazo es la ineficiencia de la concentración. Hoy el crédito de la autoridad está en entredicho.