Catorce tipos de soledad - Revista Capital

Cultura

Catorce tipos de soledad

Una lista de libros destacados de 2017, ideales para leer en el verano o en cualquier época del año.

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Por: Marcelo Soto

Jeidi, Isabel Bustos. Asombrosa novela, escrita con precisión y encanto, sobre una niña y un milagro que alteran la vida de un pueblo en las cercanías de Talca. Poderosamente breve y sutil.

Diario, Raúl Ruiz. El cineasta reflexiona sobre el arte, sus lecturas; detalla comidas y siestas; encuentros y odios. Dos volúmenes portentosos, con raptos de belleza y genialidad. El libro del año.

Usted está muy mal, Neil Davidson. Pocos columnistas han logrado sondear con tanto acierto las fracturas y opacidades del alma chilena. Una inteligencia aguda, de humor irrepetible.

Yo recordaré por ustedes, Juan Forn. Las crónicas del escritor argentino son piezas de relojería, novelas insólitas en miniatura, mundos que aparecen y se extinguen en los cinco minutos que dura la lectura. Vaya proeza.

Muriendo por la dulce patria mía, Roberto Castillo. Una de las novelas más queribles de los 90, basada en la vida de Arturo Godoy, no ha perdido un gramo de su nervio y potencia. La cifra de una época y de un país.

Después de vivir un siglo, Víctor Herrero. El autor pinta un fresco, admirable en sus detalles y de musculosa estructura, sobre la genial Violeta Parra y su tiempo. Uno de las mejores lanzamientos de 2017.
Algo nuevo anterior, Mauricio Redolés. Breves momentos estelares de un poeta y músico, cuya hazaña es sobrevivir a los tiempos más duros con una intuición y entereza que desarman. Joya.

La poesía terminó conmigo, Roberto Careaga. La arquitectura del libro, armada como un juego de Lego o un fraseo de jazz, permite atisbar el misterio y la tragedia del poeta Rodrigo Lira, una de las figuras míticas de los 70 y 80.

Bartleby, el escribano, Herman Melville. La clásica novela del autor de Moby Dick llega en una traducción chilena que actualiza y refresca la historia de un oficinista renuente. La edición de Hueders es igualmente notable.

Poetas, voladores de luces, Enrique Lihn. Bellamente editado, acá se rescatan poemas que el autor publicó en Italia en 1982 en un tiraje limitado. La inteligencia de Lihn brilla como un hueso en la fosa.

Según venga el juego, Joan Didion. Novela de abismos, no de luces, en donde una actriz menor se debate entre el aborto y un matrimonio a la deriva. Uno de los libros más celebrados de una autora esencial.

Blade Runner, Philip K. Dick. Oportunamente reeditada, esta obra maestra supera los géneros y excava en los cimientos de la humanidad. La tentación de decir que es mejor que la película es infinita.

Arenas blancas, Geoff Dyer. Un libro de viajes que odia los libros de viaje. Desde Tahití a China, el autor pasea su mirada ácida, de un humor caliente y pastoso, arrasando con postales del turismo bien intencionado y banal.

Lo que el dinero sí puede comprar, Carlos Peña. Un ensayo macizo, contundente, sobre el consumo, en su ambivalencia liberadora y propia de una modernización no exenta de amenazas. Lectura obligada para izquierdas y derechas.

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