Cultura

No exijo ser un héroe

El guitarrista de Los Prisioneros ya no desea más polémicas con Jorge González y, aunque sigue tocando con Miguel Tapia, prefiere mantener una vida de ciudadano común y corriente. Conversamos con él de su historia, de los grandes hitos de la banda sanmiguelina y de su posición política frente a la próxima elección presidencial.

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Por: Juan Venegas

Para los que vivimos la adolescencia en los años ochenta, la irrupción de Los Prisioneros fue una especie de estallido social y musical que ni el Canto Nuevo ni Silvio Rodríguez habían logrado detonar. Como dicen en Nunca quedas mal con nadie, el melódico lamento del exilio y la poesía revolucionaria ya no eran suficientes para despertar a una generación aislada del mundo y enclaustrada en la gris oscuridad de una dictadura.

Estos tres muchachos comunes y corrientes desplegaron un discurso que sacudió a un país entero. Es probable que sin Los Prisioneros la historia del Chile de los ochenta habría sido diferente. Ellos, con sus zapatillas North Star y los dientes chuecos, abrieron conciencia entre los jóvenes y contribuyeron –más que muchos políticos– al regreso de un país a su normalidad democrática.

Su reunión en el año 2000, con dos Estadios Nacionales repletos, fue, en cierto modo, una muestra de gratitud y lealtad hacia un legado que aún no se apaga del todo. Como banda ya no existen, y las controversias que han surgido en el último tiempo han enlodado una historia que pudo haber sido aún más virtuosa. Pero más allá de las polémicas o las diferencias de opinión entre sus integrantes, lo que sigue importando es el trozo de historia que escribieron juntos...

“Prefiero recordar al Jorge de cuando éramos chicos, esa es la persona a la que le tengo un inmenso cariño… Sé que sufre mucho y lo único que espero es que se mejore, pero ya no quiero tener que ver con él”.

“Hemos estado tocando bastante con Miguel (Tapia), pero no tenemos nada proyectado. Ahora estoy entusiasmado con mi hija, mi familia… Seguiré haciendo música, me gusta estar con la gente, pero no lo es todo en la vida”.

“A partir de que nos matriculamos con el No, tuvimos que dejar de tocar en Chile. Teníamos una gira proyectada de 40 ciudades y cuando íbamos en la séptima, los militares ya no nos dejaron seguir tocando”.

“Piñera es un tipo hábil en hacer crecer su fortuna, pero no para hacer crecer a Chile… Incluso de José Antonio Kast, quien está más lejos de mi pensamiento, tengo una mejor opinión, porque es de una sola línea”.

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