Cultura

Mindhunter, nuevo viejo suspenso

En pleno auge de producciones de consumo inmediato, esta serie policial de Netflix se permite dilatar su desarrollo dramático para enganchar. Y su apuesta paga con creces.

-

Por: Juan José Richards

Hay quienes se preguntan si el título de Mindhunter guiña a la película Manhunter (1986) de Michael Mann. A pesar de que entre ellas hay vínculos innegables, como la relación que se establece entre un sensible detective y un monstruoso criminal, lo cierto es que esta producción de Netfilx está basada en el libro Mindhunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit (1995), de John E. Douglas, un ex agente que durante los setenta se dedicó a entrevistar a infames homicidas como Charles Manson, Edmund Kemper y David Berkowitz para perfilarlos sicológicamente.

Producida por David Fincher y Charlize Theron, la serie cuenta la historia de dos detectives del FBI que buscan descifrar la mente de los asesinos en serie en una época que la criminalística todavía no acuñaba ese término. Siguiendo la larga tradición de detectives de ficción norteamericanos (uno de cuyos últimos exponentes fue la notable True Detective de HBO), la producción recurre a la vieja fórmula de los compañeros improbables. Holden Ford es perfeccionista, glacial y ambicioso, mientras que Bill Tench es inseguro, fuma compulsivamente y aunque va de tipo duro por la vida, suele conmoverse con las víctimas. Juntos son imparables.

A la sombra de su supervisor, comienzan entrevistando a sicópatas que han cometido más de un asesinato brutal, y rápidamente su investigación ayuda a resolver varios casos en curso. Sorteando las burocracias del FBI consiguen fondos y una oficina en un subterráneo de Quantico, donde se les une la sicóloga Wendy Carr, quien abandona a su novia y una carrera académica para incorporarse a esta unidad.

El casting es un acierto. Netfilx fichó a Jonathan Groff, un inquietante maestro de la sutileza para encarnar al protagonista. Libró de una larga lista de roles secundarios al notable Holt McCallany para que fuera su compañero y rescató de Fringe (2008-2013), de J.J. Abrahams, a una de las mejores actrices de ciencia ficción de la televisión: la impecable Anna Torv.

Fincher dirige alguno de los capítulos más memorables de la primera temporada. No sólo se luce, sino que se cita a sí mismo. Toda la serie espejea la persecución que da origen a Zodiac (2007). La relación entre los dos detectives es casi idéntica a la de los protagonistas de Seven (1995) y la escena en que Holden y su novia se conocen en un bar es un calco de la apertura de The Social Network (2010).

La narración se toma su tiempo. Mientras hacen su investigación surgen hilos narrativos que parecieran distractores, como el posible caso del director de un colegio que bordea lo incorrecto en el trato con sus alumnos, el lento avance de un misterioso instalador de alarmas que vemos por pocos segundos antes de que corran los créditos o las tomas en que la doctora Carr intenta ganarse la confianza de un gato en el subterráneo de su edificio.

No es hasta bien avanzada la serie que estas secuencias que parecían destinadas a repetirse idénticamente tienen un final sorpresivo. Mindhunter es en extremo pensada, pulida y contenida. Propone la construcción de un suspenso dilatado. Se da el lujo de seguir por dos minutos enteros al agente Holden Ford entrando a su oficina en Quantico sin que aparentemente ocurra nada. Pero en ese seguimiento, obsesivo y detallado, aparece más claro que nunca el conflicto vital (o mortal) de su protagonista.

Comparte este artículo:
  • Cargando