Revista Capital

Raúl Ruiz póstumo

Por: Christian Ramírez

En la oscuridad, Luis Alarcón mira fijamente la pantalla.

Está viendo por primera vez una escena que filmó él mismo, allá por 1990, cuando Raúl Ruiz –en su primera visita a Chile en una década– lo sumó al elenco de La telenovela errante, su primer proyecto “chileno” desde su partida al exilio más de 15 años antes.
Ruiz había vuelto al país comisionado por la estación británica Channel 4 para filmar aquí la segunda parte de la serie A TV Dante, una inusual adaptación de la Divina comedia y cuya primera entrega había sido dirigida por Peter Greenaway; pero, como de costumbre, el director tenía su propio plan: aprovecharía el rodaje para generar cuanto material extra pudiese, de modo que aparte de su criolla versión del Infierno, produjese material para una película más (al final, fueron dos). Alcanzó a revelar los resultados (se conservan alrededor de cinco horas, entre película positiva y negativos), pero nunca gestionó fondos ni encontró tiempo para editarlos. Al año ya figuraba ocupado en posproducir Palomita blanca, que había quedado inconclusa tras el golpe militar, y en la década siguiente muchos otros proyectos nacionales –Días de campo, Cofralandes, La recta provincia– ocuparían cada minuto que pasaba en el país. Fue así como esta “telenovela” se convirtió en lejano recuerdo para él y quienes habían participado de esa quijotada, hasta que su muerte en 2011 hizo que algunos comenzaran inevitablemente a recordar...

En una escena se alcanza a ver una teleserie turca, como si el Ruiz de 1990 se hubiese adelantado un cuarto de siglo al boom de El sultán y sus clones.

En 1990, Raúl Ruiz visitó Chile por primera vez en una década. Entonces filmó La telenovela errante, su primer proyecto “chileno” desde su partida al exilio.

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