Cultura

Atypical, una exploración de lo frágil

En esta comedia, la búsqueda del amor de un adolescente con autismo es también una forma de narrar la conquista de su independencia.

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Por: Juan José Richards

En la primera escena de Atypical (Netflix) nos enteramos que Sam, un adolescente de 18 años con autismo, quiere tener una polola: se lo plantea a su terapeuta como un asunto urgente y ella lo anima a empezar a tener citas. Lo que viene después –en una temporada corta de 8 capítulos de 30 minutos cada uno–, son las dificultades. No solo las propias de un muchacho dentro del espectro del autismo, sino que las de una familia que ha sido, quizás, demasiado protectora con él.

Su creadora es Robia Rashid, quien antes trabajó en Will & Grace y How I Met Your Mother, y que aquí pensó en una comedia rápida e inteligente que divirtiera, pero que también emocionara. Lo logró, más que por el guion (que no siempre define su tono entre comedia negra y comedia romántica), por las actuaciones. El rol de Sam está a cargo de Keir Gilchrist, quien ya se había lucido en United States of Tara y que ahora arma un personaje complejo y duro, pero también melancólico y, en el fondo, cálido. Gilchrist logra darle capas y perspectiva a un chico obsesionado con la Antártica y los pingüinos, híper racional y literal, que vive más dentro de sí mismo que en contacto con otros.

La extraordinaria Jenifer Jason Leigh encarna a Elsa, la madre, afectada por las contradicciones de una mujer madura, subvalorada, aprensiva, que quiere lo mejor para su hijo pero que, en esencia, tiene miedo. Porque todo lo que la rodea, incluso lo que más se aleja de su vida cotidiana, la remite a las dificultades de tener un hijo con autismo. Su marido, a cargo de Michael Rapaport (Prision Break, Boston Public), hace un esfuerzo por acercarse a su hijo, con el que no comparte ningún interés, pero con el que comienza a descubrir afinidades, en unas breves pero emocionantes conversaciones sobre el amor y el ocio.

En cada capítulo vemos que los avances –y retrocesos– de Sam exponen sus propias limitaciones, mientras paralelamente se van desarrollando los otros hilos de la historia. Cada personaje de la familia Gardner tiene su momento. La madre atrapada en su horario y sus miedos empieza un fulminante romance con un barman. La hermana, que pareciera ser potencialmente una estrella del atletismo, no cree en sus propias capacidades y se descubre dependiendo de las necesidades de su hermano. El padre, inflexible y torpe, debe enfrentar la vergüenza social que siente por la condición de su hijo.

Pero el personaje de Sam es el centro. Él funciona como una metáfora de lo complicado que puede ser para cualquier persona, dentro o fuera del espectro, conectar afectivamente con otra. En Atypycal vemos el impacto que un adolescente con autismo puede tener en una familia, pero sobre todo nos internamos en el mundo interior de un protagonista complejo, dispuesto a enfrentar su rigidez y asumir su fragilidad como un lugar para explorar sus sentimientos. Y esa búsqueda por salir del aislamiento es la que finalmente emociona.

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