Cultura

Enrique Vila-Matas: “Chile es un ambiente muy chico”

El escritor español presentó Mac y su contratiempo, una delirante novela que resume todas sus obsesiones.

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Por:  J.C. Ramírez Figueroa, desde Bogotá

Enrique Vila-Matas está sentado en el Four Seasons de Bogotá, el mismo hotel afrancesado donde se alojaron los Rolling Stones en su última gira latinoamericana. Junto a JM Coetzee, Geoff Dyer y el tributo a Violeta Parra (ver recuadro), fue uno de los hitos de la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Se toma un café y mira su flamante Mac y su contratiempo (Seix Barral). Uno de los autores de referencia de la narrativa en castellano, su voz bajita y aspecto serio, severo incluso, desconciertan un poco. “Bueno, es que no puedo andar riéndome de mis chistes. Se vería mal. No sé por qué a la gente le parezco serio”, dirá en algún momento.

También reconocerá que a sus 69 años aún le afecta la crítica. Cualquier crítica. “Siempre dicen que escribo sobre literatura. ¿Pero de qué otra cosa se puede escribir? No es que no me afecte la crítica, pero recuerdo una anécdota de Pasolini que se puso a llorar porque el cura responsable del boletín de una parroquia no entendió El Evangelio según San Mateo. ¡No fue una crítica de diario o académica! ¡Fue una publicada en una parroquia!”, dice entusiasmado.

Vila-Matas reconoce que su estilo que mezcla humor, fragmentación e investigaciones sobre el lenguaje fue entendido primero en Francia o EE.UU. y luego en su país natal. Algo que le extraña pero que asume. “Entonces yo podría decirte que no me importa la crítica. Pero no sería la verdad. A mí me afecta igual que a Pasolini. Pero… eso no significa que voy a dejar de hacer lo que quiero”.

El caos

La historia es más o menos así: Mac es un hombre de 60 años que está cesante y detesta a Sánchez, su vecino, un escritor famoso cuyo primer libro (Walter y su contratiempo) era una obra de la que no se acuerda casi de nada. Excepto que eran las memorias de “un ventrílocuo y una sombrilla de Java (que ocultaba un artefacto asesino) y sobre un maldito barbero de Sevilla”. Al menos eso es lo que Mac le escucha decir en una librería catalana que también frecuenta. Entonces se propone reescribirla como si fuera propia, a pesar de que no la pudo terminar. Porque lo que Mac quiere es “iniciarse” en la literatura. ¿Y qué mejor desafío que esta colección de relatos de su némesis Sánchez influenciados, según se dijo,  nada menos que por Carver, Cheever, Chesterton, Poe y Hemingway?

Esa es la intrincada premisa de Mac y su contratiempo, una especie de Twin Peaks en clave de novela. Como sucede con sus cerca de 40 títulos, el goce de leerla es directamente proporcional a la capacidad de resumirla. Delirante, chistosa, metaliteraria. Da lo mismo. Cualquier adjetivo deja claro que es imposible explicársela a alguien sin perder lo que más importa: la experiencia.

“La novela se gestó en una conversación con Rodrigo Fresán. Me dijo que reconstruyera un libro anterior llamado Una casa para siempre (1988). No estoy seguro si le entendí bien, pero para él era un libro importante por su estructura, las voces que intervienen y la forma de relacionar las cosas. O quizá entendí otra cosa. ¡Ya estamos entre ficción y realidad!”.

Así que es mejor que aclaremos que Mac y su contratiempo no es una novela: es una vivencia vertiginosa con juegos de espejos, múltiples referencias y la idea de un autor-lector que “corrije” una obra que en el universo de la novela, existió pero ni siquiera fue terminada de leer. Una marca registrada de Vila-Matas: generar caos literarios perfectamente estructurados.

“Parece fácil escribir así, pero no lo es. Hay que ser muy ordenado y tener en la cabeza las cosas muy claras”.

Vila-Matas reconoce que es imposible seguir adelante con la explicación, porque la historia de su novela “cambia página tras página”. Pero que la idea era simple: qué pasa si alguien se anima a reescribir un libro poco apreciado.

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Mientras afuera llueve y luego sale el sol para volver a llover en unos minutos más -el típico clima de la ciudad- Vila-Matas aprovecha de promocionar la novela. Dice que con Chile su relación es lejana y que no ha venido tanto. “Conocí a Roberto Brodsky, Rodrigo Pinto y claro, Roberto Bolaño, quien no era chileno, en verdad, sino más internacional. Me parece que es un ambiente muy chico. En Buenos Aires, en cambio, puedes encontrar tu pandilla. Allá en Chile tengo la impresión que no te dejan entrar”.

-Es un valor en un libro escapar de lo acostumbrado. Incluso que a la primera no lo entendamos bien. Es divertido.

-Ah, es que es un tema complejo de analizar. Al tener una estructura donde se va montando un texto que se modifica, lo más difícil es la última modificación. Ahí el narrador vive lo que ha leído y que ha pretendido modificar, pero que no ha modificado sino que ha dicho de qué forma lo modificaría.

-Son como los flujos mentales al momento de leer o escribir. Cuando uno lee al mismo tiempo modifica lo que ocurre.

-Sí. Porque el libro trata sobre el arte de contar y narrar. Y lo que intento es explicar el origen del cuento oral y la narración. Algo desconocido para todos. Intento explicar el mecanismo por el cual se cuentan historias que se repiten y se modifican cada vez. No sólo cuando la escribimos diferente, sino que cuando la leemos. Mientras lo escribía leí que Manuel Puig modificaba todo lo que leía. Y pensé en cómo los escritores y ciertos lectores, modifican y analizan cómo está escrito un libro mientras lo leen y cómo lo harían ellos en su lugar. Juan Marsé dice que los libros los cambia enseguida, pero en el sentido de los fallos gramaticales, ritmo y puntuaciones. Somos modificadores. Y Mac es un modificador nato...

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