Cultura

Lecciones de vida: Nicolás Copano, comunicador

Dueño de la agencia MQLTV (Mejor que la TV) y asesor de empresas.

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Quebré a los 20 años. Estaba en segundo año de Periodismo, en la Universidad Alberto Hurtado, cuando decidí formar mi primera productora, Gou! Infotainment. Junto a mi hermano Fabrizio –a quien habían echado de Vía X– hacíamos el programa Conspiración Copano, para Telecanal. Sin contarme, arregló para irse a trabajar al Club de la Comedia en CHV. Nuestro programa se canceló y quedé solo en el camino, con multas por cinco millones de pesos del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) por algunos sketches que realizamos. Con Fabrizio nos distanciamos, de hecho nunca vi un Club de la Comedia completo, me hacía daño.

Me cerraron las puertas. La gente que trabajaba con mi hermano planificaba cosas para dañarme. Estuve en terapia un año. Me gastaba al mes el equivalente a un Play Station. Aprendí que nunca hay que escuchar a todo el mundo, no todas las opiniones tienen valor per se. Y lo otro: el triunfo del tiempo. Empecé a trabajar joven y escuché barbaridades sobre mí de gente que después me fue a pedir trabajo. Pero hay que ser más grande que la pequeñez.

Estaba triste y deprimido cuando el publicista Sergio Gamboa (hoy director de la Escuela de Publicidad de la Universidad del Desarrollo) me comentó que estaba licitando para ser la agencia de publicidad de CHV. Yo había dado algunas charlas en la UDD sobre televisión, tecnología y tendencias. Me pidió un informe sobre el canal y definí que la estación hacía “TV de verdad”.

En paralelo, y con un cupo de un millón de pesos en la tarjeta de crédito, me fui a probar suerte a Buenos Aires. Conocí MTV, los canales de televisión argentinos y toqué muchas puertas de gente con la cual después trabajé. Fue una experiencia alucinante. Lo más lindo de todo es que con el lema que inventé, Gamboa ganó la licitación y me pasaron mi parte. Logré pagar mis deudas y quedar con un superávit de un millón, con el que compré mi primera cama de dos plazas. “Siempre tengo que volver a dormir como si estuviera en un hotel”, pensé. Lo bonito de la historia es que diez años más tarde, estoy asesorando al nuevo presidente de CHV, Jorge Carey.

En la vida he aprendido tres grandes lecciones: hacer lo que te apasiona, valorar al otro y encontrar tu camino. Para mí fue clave entrevistar a Ricardo Lagos en el programa MQLTV y todo el revuelo que generó tras quebrarse en pantalla. Muchos me preguntaron si le había creído, y cómo no hacerlo, si es una persona y además es el símbolo de la democracia, de la historia. Teníamos pronosticado dos capítulos más del programa, pero después de esa entrevista dejé de exigirle tanto a mi equipo. Fue una sensación de orgullo total que me dio una seguridad que antes no tenía. Cuando tienes talento, puedes irte a una esquina y brillar igual. Pero para eso hay que trabajar: la falsa épica no existe. En Chile está mal visto hacerlo: el tonto trabaja. En mi caso, prefiero ser un tonto que un flojo mediocre.

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