Cultura

Santiago de Chile – Capítulo 15

Miranda está en el sur, frente al volcán, en pleno país mapuche. Y empieza por fin a entender de qué se trata el oscuro plan de Santiago Urbano, a quien investiga luego de estar diez años desaparecido, tras armar un imperio de negocios y tecnología. ¿Se avecina una erupción? ¿Por qué los conejos de la isla del ex lago Villarrica se suicidan?

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Una novela por entregas de Francisco Ortega, autor de Logia.

novela

Capítulo 14: En primera persona

Capítulo 15

El comienzo del final

Rayén Anchimalén se acercó al ventanal y miró hacia el volcán.

–Una erupción, amiga mía… Se viene una erupción…

No le respondí.

–Y no precisamente de ese volcán.

El apunte de guion era tan preciso que justo en ese instante una fumarola gris formó un aro encima de la pirámide del cráter.

–Yo sólo quiero entender –dije en automático. Estaba cansada, molesta, quería dormir, sacarme lo que haya sido que me metieron en la sangre en México. Recordé al tiburón gigante.

La mujer policía regresó a la mesa y se sentó enfrente de mí. Miré el espejo. Aún no creía que no hubiese nadie al otro lado…

–¿Sabes lo que dicen de la isla Allaquillén…? –apuntó con la mirada hacia el promontorio en forma de cono que se levantaba hacia la costa norponiente del lago alguna vez conocido como Villarrica.

–Escuché que estaba llena de conejos –me lo había dicho Lanalhue cuando abordamos el bote rápido, antes de la explosión.

–Es cierto. Hace muchos años, siglos quizás –suavizó su tono de voz–, alguien abandonó una pareja de conejos en el lugar y éstos se multiplicaron por millones, ya sabes cómo son estos roedores…

En verdad, los conejos y liebres no son roedores sino lagomorfos. Pensé en corregirla, pero me arrepentí, además todo el mundo cree que son roedores y son felices creyéndolo.

–Son tantos –siguió Rayén–, que se dice que llega un momento en que se arrojan al lago. No soportan tanta población de congéneres y se suicidan. También que se matan entre ellos. Machos asesinan a otros machos o a las crías de sus rivales. Como no hay depredadores, el control debe llegar de alguna parte…

–¿Y las aves rapaces?

–Los peucos, que son los cazadores de conejos, rara vez se acercan a la isla. ¿Sabes por qué?

Levanté los hombros.

-La isla es un cono volcánico del Rukapillán –miró hacia el volcán– que emergió tras una erupción masiva hace más de seis millones de años. El cráter está tapado y extinto, pero sigue siendo un volcán y los animales y las aves lo perciben, además este amigo que tenemos encima –observó la nevada cumbre de la montaña. Yo pensaba por qué mierda lo llamó “amigo”, una montaña no es tu amigo–, es un supervolcán. El lago entero es su caldera, como el Parque de Yellowstone en Estados Unidos o la laguna del Maule cerca de AMAR… Básicamente, el Wall Mapu vive y respira en una bomba de tiempo. Algún día, entre la próxima hora y sesenta millones hacia el futuro, todo esto volará en pedazos… Chile se partirá hasta el Pacífico y las ondas de choques cambiarán la geología y la geografía de todo el mundo… Pasó una vez, puede volver a pasar.

–Como el meteorito que mató a los dinosaurios.

–A los dinosaurios no los mató un meteorito… los mataron los volcanes, igual que pasará con nosotros y con las próximas especies dominantes que vengan después de que nos extingamos

–Que debieran ser las aves –le seguí la corriente.

–No, cefalópodos… Pulpos y calamares, ése es el futuro. Por eso no como comida peruana –acentuó Rayén–. No porque no me guste, sino porque ellos son el futuro... Los calamares gigantes son brillantes y no lo sabemos.

–Las ballenas se comen a los calamares gigantes.

–Los cachalotes –me corrigió.

–Que son ballenas… –pensé otra vez en el tiburón gigante, el megalodón mexicano.

–No se los comen, pelean contra ellos. Son mamíferos tratando de evitar el futuro.

–Debería ser escritora en lugar de policía –le comenté.

–Escribo –aceptó–. Ciencia ficción. Publico en editoriales virtuales, si salimos bien de esta prometo revelarte mi identidad secreta –en verdad no parecía una policía.

–Quiero la verdad –acoté–, y no sobre conejos, volcanes gigantes o calamares contra cachalotes…

–Hace días –respondió–. Cuando ocurrió lo del atentado a los dirigentes del Wall Mapu en la isla de los conejos, no te retuvimos porque creyéramos que eras culpable, lo hicimos para protegerte.

–¿Hicimos? ¿Quiénes?

–Creo que ya lo sabes…

–¿Santiago? –Y el arte de responder con lo evidente, pero en tono de pregunta.

–Es mucho más complicado que eso…

–Trabajas para Santiago Urbano… –esta vez decidí tutearla.

–Digamos que trabajo para todo esto –apuntó hacia los volcanes.

–Esto –subrayé–, es muy amplio.

–Sabes a lo que me refiero…

–No tienes cara de activista ecológica…

–No soy guerrera ecológica… Pero sí voluntaria para evitar la guerra que se viene.

–Suena a paranoia.

–No, escalada… Cada hecho ocurrido desde el 2026 en adelante es parte de una sumatoria de eventos políticos y sociales que prepararon el mundo para el cambio que comenzará en 2040… El islam y los países musulmanes no controlan Europa sólo por motivos religiosos. Rusia y China se lo permitieron porque es parte del trato…

–¿Trato?

–Para controlar entre todos el último oasis de este planeta… El sur de Chile y Argentina. El Wall Mapu…

–¿…?

–No había nadie en el yate que explotó en la isla Allaquillen… –reconoció de manera enfática.

–¿Y los dirigentes?

–Sanos y salvos…

–¿Qué es todo esto? –pregunté por enésima vez.

–Tampoco tuvo que ver el movimiento separatista WapoPeñiwen en el asunto, aunque ha sido un buen distractor para la prensa... Siempre lo son, por algo los inventamos.

_¿…?

–Querías la verdad.

–Necesito más café.
Rayén me quitó la taza en la que había bebido chocolate y caminó hacia la cafetera.

–¿Algún sabor…?

–No… Negro, cargado, con endulzante.
Tragué un primer sorbo de golpe, sin importarme la temperatura, el dolor o la molestia de mi garganta y mi lengua al quemarse. Había cosas más importantes.

–A inicios de los “cero veinte”, cuando dejó su compañía, Santiago Urbano ideó todo su plan de empresas y desarrolladoras de tecnología basadas en la energía limpia… –asentí–. Y no lo hizo como una manera de mejorar su imagen. Tampoco instaló sus sedes industriales en el sur de Chile y Argentina con la idea de levantar polos de trabajo y desarrollo que lo impulsaran en una futura carrera presidencial. Tú eras niña…

–Tu también –la interrumpí.

–Pero ser niña en el Wall Mapu es muy distinto que serlo en AMAR. Acá Santiago consiguió a sus mejores aliados, acá fraguó su plan con ayuda de nuevos amigos. Su desaparición, su exilio al mar, su estadía en una estación orbital y luego su anónimo regreso a Chile, para finiquitar la idea de salvar el sur del mundo… El Wall Mapu es patrimonio del futuro y el señor Urbano ha sido nuestro mejor lonko.

–Es huinca…

–Todos lo somos.

–Deberían odiarlo.

–¿Conoces la historia de Leftraru… Lautaro en tu lengua?

–Sí. El caudillo mapuche que se dejó tomar preso por los conquistadores españoles y así aprendió el idioma y las técnicas de batalla que luego enseñó a los suyos…

–Iniciando una guerra que se extendió por trescientos años… Pues piensa en esa historia al revés: Santiago Urbano como un Leftraru reverso…

–Una  versión rubia de un “súpercacique” de todas las tierras… Me parece más un villano de cómic…

–A veces hay que actuar como villano por un fin mayor.

–O fingir una operación policial…

Sonrió, luego dijo:

–Era la única manera de convencerte de ayudar…

–Me habían metido un hemoware en la sangre, lo iba a hacer aunque no quisiera…

–No basta sólo con eso, necesitábamos motivarte.

–Con un atentado.

–¡¡No!! –respondió la voz de un hombre que en ese justo instante abrió la puerta. Una voz masculina que he escuchado toda mi vida.

–No te motivamos con un atentado, lo hicimos conmigo –contestó mi padre.

Capítulo 16 - Epílogo I

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