Cultura

Santiago de Chile – Capítulo 13

En capítulos anteriores, tras una serie de desventuras, Miranda logra encontrar a Santiago Urbano, el súper millonario chileno que desapareció hace una década. Es el año 2036 y Urbano urde un extraño plan. ¿Un golpe de Estado?
Miranda se encuentra retenida en el país mapuche... Una policía llamada Rayén ofrece ¿ayudarla?

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Una novela por entregas de Francisco Ortega, autor de Logia.

novela13

Capítulo 12: Rayén

Capítulo 13

Conversación de dos mujeres

-¿Sabe lo que significa su apellido? –le pregunté a Rayén Anchimalén mientras la seguía con la mirada y observaba cómo ubicaba los dos vasos de papel poliorgánico bajo las bocas de la cafetera.

–¿Capuccino? –me ofreció.

–Chocolate caliente. –Levanté la vista hacia la pared que tenía a mi costado derecho: de seguro era traslúcida hacia el exterior, como lugar común de sala de interrogatorios policial, de ésas que hemos visto en pantalla desde que se inventó el formato de la serie dramática con capítulos de 45 minutos y estructura anual por arco.

La máquina de bebidas calientes silbó al llenar los vasos. Necesitaba de un ajuste urgente, algo no estaba bien aceitado allá adentro, ojalá no afectara el sabor del líquido. Odio el chocolate con sabor metálico.

–No es una ventana... –me dijo Rayén, regresando con los chocolates (ella también escogió uno). –La pared... –explicó–. Luego, tomando un lápiz de control, apuntó a lo que yo creía era una ventana, que en rigor lo era pero no como yo imaginaba. El muro se plegó hacia el cielo despejando una magnífica vista de Rukapillán y su lago, como sólo podía verse desde diez pisos sobre el suelo. El día estaba despejado, con nada de nubes y la capital del Wallmapu se extendía radiante, como la mejor de las postales. Hacia el suroriente, el cono nevado del volcán antes llamado Villarrica liberaba una fumarola blanquecina que se dejaba arrastrar por los vientos altos en dirección norte. Más atrás de la montaña se alcanzaba a ver la pirámide casi perfecta del Lanín, el más elevado de los volcanes de la zona, emplazado en el limite justo de la nación mapuche con Argentina. -¿Prefieres así? –siguió la policía, tuteándome como si de un momento a otro fuéramos las mejores amigas.

–Por favor –respondí, mientras saboreaba el chocolate, que no tenía sabor a metal.

–Es un demonio mapuche...

–¿…?

–Me preguntaste por mi apellido –continuó mi interrogadora–, creo que es eso, un demonio mapuche.

–No exactamente –la corregí–. Los anchimalenes son espíritus del bosque, algunos pueden ser buenos, otros malos, pero siempre tienen la misma forma, una bola de fuego que se desplaza por las noches cambiando de forma y color… En el siglo XX, cuando la gente creía en ovnis y extraterrestres, se decía que los anchimalenes eran los platillos voladores que veían los antiguos mapuche.

Rayén sonrió.

–Otra época, ahora sabemos que los ovnis no venían de otro mundo.

–Y que no estamos solos en el universo.

–De eso no hay certeza.

–Hay certeza de algo.

Éramos dos mujeres en una sala de interrogación de la policía del Wallmapu. Apenas llegamos me trasladaron a la habitación. A Lanalhue ni siquiera me dejaron mirarla. Estuve diez minutos sola, hasta que llegó Rayén y me ofreció si quería algún tipo de café. Lo mejor de los vasos de papel poliorgánico es que no se calientan con las bebidas y, además, enfriaban rápido el contenido.

–Entonces… –Rayén dejó los puntos en suspensivo.

–¿Entonces qué? –le seguí el juego.

–¿Vas a confiar en mí?

–¿Tengo otra alternativa?

Rayén ladeó la cabeza y torció una mueca amable.

–Pruébame…

–¿Dónde está Lanalhue?

–En una habitación igual a ésta, bien alimentada y sola. La dejamos hablar por teléfono
con su padre…

–¿Con Santiago?

–Sí… ¿Con quién más?

–Se me ocurrió que…

–¿Su padre verdadero…? Los progenitores de Lanalhue Paillamilla murieron hace cinco años, en un accidente de auto hacia el sur de Rukapillán. La niña estuvo varios años en distintos hogares sustitutos, hasta que Santiago Urbano la adoptó legalmente… ¿De qué te ríes?

–De nada –mentí–. Bueno, sí… Me río de mí misma, de lo obvio que era el hecho de que Lanalhue no era hija biológica de Santiago…

–Estamos en el 2036, Miranda. Ya nadie se preocupa ni a nadie le importa si es hijo biológico o adoptivo. El tema acá es por qué Santiago decidió hacerse cargo de ella.

–Llevaba años fingiendo su muerte, se sentía solo…

–Hablamos de Santiago Urbano, de Santiago de Chile, el chileno más rico e influyente de los últimos veinte años…

–Lo que no quita que se sintiera solo…

–…

–Santiago Urbano no es precisamente un altruista desinteresado.

–Tampoco es un villano de cómic…

–En eso estamos de acuerdo. Básicamente, es un hombre de negocios que se hizo demasiado rico…

–¿Es socialista, detective?

–No, pero creo en una necesaria igualdad… Además, nadie es socialista en estos días.

–Santiago de Chile apostó por la energía limpia, por la empresa verde, tecnología orgánica; se levantó contra gobiernos cuando nadie lo hacía. Eso no sale gratis… Sumó enemigos…

–¿Eso lo justifica?

–Aún no entiendo de qué hay que justificarlo… Que yo sepa no ha hecho nada, salvo desaparecer durante diez años…

–¿Y qué hizo en esos diez años?

–Estuvo en un submarino…

–Eso le contó.

–Sí…

–Estuvo un año en un submarino, correcto… –marcó el silencio–. ¿Qué hizo después?

–Marte –levanté los hombros–. Eso dicen…

–Ése es el problema, dicen demasiadas cosas…

–Dijiste –también decidí tutearla–, que estabas aquí para protegerme…

–Efectivamente…

–¿De Santiago de Chile…?

–De que Santiago de Chile siga usándote…

–Entonces estábamos en que me comí la idea de entrevistarlo…

–O quizás te lo bebiste en un café del Starbucks…

–No voy a Starbucks…

–Sabes a lo que me refiero…

–Ya sé… La paranoia de ideas inyectadas a la sangre a través de la comida, que decide los éxitos de cine y música, incluso las elecciones políticas.

–Algunas cosas no cambian… Lo que sí lo hace es la tecnología. Santiago Urbano necesitaba traer algo grande a Chile y para ello requería de personal de sexo femenino con una estructura genética particular. Lanalhue no fue escogida al azar… Su tipo de sangre es AB, el más raro y puro de todos…

–Yo también soy AB…

–Lo sé, además que biológicamente eres un hombre… Bueno, algo así, hermafro…

–Basta… –la corté.

–Ok, entiendo que no te guste el tema. Lo importante es que tanto ella como tú fueron escogidas para servir de cruceros…

–Y qué se supone que tengo dentro… ¿Una bomba atómica, como dijo Lanalhue?

–No, pero sí algo que puede desestabilizar la política de América del Sur…

–¿…?

–Vientos de guerra, imagino que has escuchado hablar del conflicto del agua y del proyecto Cruz del Sur…

–Eso es conspiranoia…

–¿En verdad aún no entiendes por qué Santiago de Chile desapareció diez años?

–…

–Se viene una guerra, estimada… Y tú y esa niña ni siquiera tienen la oportunidad de escoger el bando, las escogieron a ustedes… Son las armas principales…

–Dijiste que me ibas a ayudar.

–A estar en el lado correcto…

–De qué hablas…

–Imagino que Santiago de Chile algo debe haberte adelantado… Golpe de Estado.

–Ésta no es una operación policial, cierto.

Rayén Anchimalén se acercó al ventanal y miró hacia el volcán.

–Una erupción, amiga mía... Se viene una erupción. •••

Capítulo 14: Santiago en primera persona

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