Cultura

Santiago de Chile – Capítulo 6

Es el año 2036 y Miranda viaja al sur junto a su padre.Va tras la pista de Santiago Urbano, quien fuera el hombre más rico del planeta y cuyo rastro se perdió hace una década...
En el país mapuche, Miranda es víctima de un atentado. Mientras se repone en una sala de cuidados intensivos, recuerda ese día aciago en que el mundo cambió para siempre...

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Una novela por entregas de Francisco Ortega, autor de Logia.

novela

Capítulo 5: "Sospechosos de siempre"

Capítulo 6

“El mundo en que vivimos”

Fue un Día del Trabajo, feriado, sin escuela. Tenía diez años y hacía dos que estábamos de vuelta en Chile, en Santiago; que aún no se convertía en el eje metropolitano AMAR, aunque ya era una desordenada megaurbe latinoamericana en la que resultaba muy difícil vivir por la cantidad de autos en las calles, la contaminación en el aire, el calor que duraba nueve meses y la irritabilidad de los santiaguinos, que habían optado por llevar la violencia de las redes sociales a la vida real. ¿Recuerdan esos años? Las peleas en las esquinas y en las oficinas, las comunas sin trenes elevados, los atochamientos kilométricos.

Los santiaguinos siempre han sido personas despreciables, en especial con los extranjeros. Y yo, a pesar de tener padre chileno, era una extranjera; europea para empeorar los prejuicios. Además, ya era una persona distinta del resto (como si eso fuera pecado), literalmente una especie de anfibio alienígena anclado a la fuerza en una de esas nuevas escuelas públicas que la reforma educacional del 2020 había creado por todo el país, y que como era de esperar, se transformaron en un infierno tan clasista y despótico como los colegios privados que en la época de mi padre eran frecuentes en este país del fin del mundo. Papá solía burlarse. La también llamada Nueva Escuela Nacional Unificada no se convirtió en un nido de comunistas, como predicaban algunos liberales, sino en el crisol sociopolítico que acabó originando a la llamada neoderecha popular, conglomerado que nos gobierna desde hace tres períodos presidenciales y que sigue teniendo más de un 80% de la aprobación ciudadana, superior a cualquier otro régimen de la historia de Chile. Entonces odiaba este país, odiaba al mundo y sobre todo odiaba que ese millonario al cual llamaban Santiago de Chile nos hubiera traído desde Francia, aunque en verdad nos salvara la vida al hacerlo. Pero Francia era Francia y se suponía (que a pesar de los musulmanes) que siempre iba a ser mejor que Chile.

O que el resto del mundo.

Qué gran mentira.

El mundo en el que vivimos se llama Tierra. Es el tercero de un sistema de diez planetas. El último de los cuales, un gigante gaseoso llamado Atenea, recién fue descubierto en 2022. Atenea posee una órbita irregular, lenticular y tan abierta en su elíptica que sólo cada 300 años se acerca al sol, ubicándose entre Neptuno y Plutón, donde precisamente se encuentra desde hace una década. Pero Atenea, que es sólo gas, nos importa poco y nada: antes del 2040 va a volver a perderse en el espacio profundo y nuestro sistema otra vez será un cúmulo de nueve planetas.

El mundo en el que vivimos se llama Tierra. Gira alrededor de su estrella madre a una velocidad de más de cien mil kilómetros por hora, lo que a escala galáctica lo convierte en un planeta muy rápido; uno de los más veloces del universo conocido. La Tierra posee cinco continentes, dos polos congelados y alrededor de su ecuador gira un satélite natural llamado Luna junto a poco más de cuatro mil satélites artificiales, entre los que destacan cuatro estaciones espaciales, siendo la Chino-Rusa la más grande de todas. La especie dominante en la Tierra somos los humanos, que hasta el 2029 fuimos en exclusiva nativos de este mundo, lo que se rompió ese año, cuando nació el primer bebé marciano, que en realidad es chino. Oficialmente ya hay como doscientos niños marcianos, que al igual que el primero, son en verdad chinos.

Yo debería haber nacido en Marte.

¿Dónde estabas la mañana del 1 de mayo de 2026? Imagino que a todos nos han hecho esa pregunta. O, en su defecto, se la hemos formulado a un conocido o a alguien que acabamos de conocer. Papá dice que es el nuevo, “qué raro está el clima”. Es que antes a la gente le importaba mucho el clima. Volviendo a la pregunta, ésta aparece incluso en juegos de conocimiento y en pruebas para ser aceptado en un nuevo trabajo. Es por mucho, la cuestión más repetida en Occidente. Como les decía al inicio, recuerdo perfectamente aquel día. Viernes feriado y permiso para no levantarse. Tenía diez años y estaba acostada mirando en alguna pantalla a mi ídola de entonces, una canadiense que se llamaba Alison y que enseñaba a hacer juguetes con cables y material de desecho. A esa edad no necesitaba más para ser feliz. Alison y sus cachureos. Siete años después, Alison se pegó un tiro por culpa de una decepción amorosa y dejó una carta muy triste que es fácil de encontrar en la red si uno sabe buscar bien. Entonces la transmisión se cortó y todas las pantallas del mundo mostraron lo mismo. La cúpula de la catedral de San Pedro en el Vaticano completamente destruida y una gran columna de humo elevándose desde el corazón de la Iglesia católica. En casa éramos ateos, pero nunca se es del todo ateo cuando se nace y se crece en Occidente. Se produjo un silencio absoluto y los silencios en días feriados llegan a ser aterradores cuando se hacen infinitos.

Hasta aquel viernes 1 de mayo del 2026, el movimiento islámico Allah al-Maslül se había limitado a acciones armadas determinadas en puntos militares y estratégicos. Habían aprendido de los errores de Isis y en lugar de bombardear ruinas arqueológicas se concentraron en bases vinculadas a la OTAN, Rusia e Israel, pero aquella mañana decidieron inmolarse a lo grande. Y de paso decirle al mundo que en secreto se habían fortalecido hasta convertirse en la organización terrorista fanática más poderosa del siglo. Usando un viejo avión Hércules, robado dos meses antes al ejército del aire español, penetraron el espacio aéreo italiano y antes de que un par de F-35 los derribaran al oeste de la capital italiana, soltaron una bomba de combustión oxígeno exactamente encima del domo de San Pedro, convirtiendo a la Ciudad del Vaticano en una bola de fuego que pulverizó un área circular de más de un kilómetro y medio de diámetro. Fue la respuesta al llamado del Papa, semanas antes, a detener el avance musulmán en Europa, en la que una cita incómoda a las cruzadas provocó la más absoluta de las respuestas. Todo el planeta se olvidó de celebrar aquel Día del Trabajo y el absoluto ausentismo a las marchas convocadas por las centrales de trabajores en el centro de Santiago dio las luces de la nueva era en la que entraría la humanidad, una donde el miedo estaría por encima de cualquier idea política.

No más marchas.

En casa recordamos aquellos días en que el islam tomó el control primero de Francia, luego de Cataluña, al sur de España, y finalmente de toda Turquía. Europa, mi Europa, se convirtió en un lugar hostil. Alemania siguió el camino de Inglaterra y se retiró de la comunidad. El Viejo Continente se derrumbaba año a año, no sólo económicamente, sino en lo cultural y lo religioso. El Vaticano veía cómo perdía su influencia, cómo la misma Italia comenzaba a alejarse de la cruz y decidió arremeter hablando de la necesidad de una nueva cruzada, esta vez pacífica. Pero claro, la palabra no fue la adecuada. Primero una fatwa, que nadie tomó muy en serio, luego el fuego cayó del cielo. Y el resto es historia. Aquel día, Alá había asesinado al Dios cristiano y hasta los ateos sentimos miedo, y ya saben lo que provoca el miedo, la búsqueda de protección, de escudos. Los encontramos en nuestra propia respuesta al fundamentalismo. La derecha mundial se alzó sobre los socialismos moderados, los republicanos en Estados Unidos se convirtieron en teocráticos evangélicos. Y en Chile… Bueno, sabemos bien cómo son las cosas en el país donde vivimos. No tengo para qué contárselas, una lástima lo de Boric, pero en fin…

–¿Dónde vamos? –le pregunté a Lanalhue.

–No te levantes –me contestó la joven neomapuche–. No queremos que te descubran.

–¿Mi padre?

–No podemos hacer nada por él, ahora.

El mundo donde vivimos, pensé. •••

Capítulo 7: "Encuentros cercanos de cualquier tipo"

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