Star Wars renacida - Revista Capital

Cultura

Star Wars renacida

En 1975, un joven George Lucas empezó a buscar financiamiento para un guión que acababa de terminar. Cuatro décadas más tarde, el imperio que inició el californiano vive un resurgimiento de la mano de Disney.

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Por Francisco Ortega

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Faltan nueve meses para el estreno de Star Wars. Episodio VII: El despertar de la Fuerza, la película más esperada del 2015, por mucho que Disney/Marvel hagan lo imposible por convencer de que Avenger 2: La era de ultrón es la gran apuesta de la temporada cinematográfica. Curioso. Disney es hoy dueña de ambas marcas. O como apuntó revista Forbes al anunciarse la compra de la marca Star Wars (o La guerra de las galaxias) por parte del ratón Mickey; Disney es hoy la dueña del mundo. Del mundo de la industria del entretenimiento, se entiende. Y claro, Avengers 2 viene precedida de una lucrativa serie de películas de superhéroes, pero Star Wars es más generacional, es una marca más reconocida, es una religión contemporánea y, al menos en este caso, un reinicio ansiado por miles de millones de fanáticos.

Todo parte más o menos desde cero. El control creativo de la franquicia está en nuevas manos y aunque el logo de Lucasfilm continúe apareciendo al inicio, lo cierto es que estaremos presenciando una nueva saga, una que puede ser lo mejor que le ha ocurrido a la epopeya desde el El regreso del Jedi (1983). Mucha agua ha corrido desde entonces y si hay un consenso es que George Lucas acabó torpedeando su propia creación, convirtiendo una historia épica, llena de simbolismo míticos pero con mucha cultura pop, en un producto menor que apenas logró envejecer con justicia.

Ahora, de la mano de Disney y de J.J. Abrams la cosa promete recuperar la gloria de tiempos mejores. ¿Tan así? El antecedente de esta nueva entrega no deja de ser esperanzador: la serie Rebels, que transmite Disney XD y que es el primer producto de este tándem, tiene todo lo que poseía la trilogía clásica y nada de lo que lamentó la trilogía de las precuelas. Y no, no es maña de fan, es que derechamente los Episodios I, II y III fueron malas películas, que dejaron un pésimo sabor en la boca de una generación entera que creció con aquello de “que la Fuerza te acompañe” reemplazando el “si Dios quiere”. Porque guste o no, lo de Star Wars va por el lado de la fe. No es una película, es un modo de vida. Y en datos menos empáticos no es una franquicia más, es la marca más rentable de la historia de la industria de la cultura pop, un país con su propia economía, que cambió para siempre a la industria madre que lo acogía.

 

En una galaxia muy cercana

La historia moderna de Star Wars comienza en 2012, cuando Disney compra por 4 mil millones de dólares a George Lucas los derechos de marca de su creación más popular, un precio que parece desorbitado si se considera que en rigor, lo que adquirió el imperio del ratón Mickey fueron básicamente seis películas, dos telefilmes, cuatro series de televisión y una extensa colección de cómics y novelas que expandían lo narrado en celuloide. ¿Pero compró realmente eso el Pato Donald? No. Lo que la poderosa multinacional adquirió fueron los derechos de autor y propiedad sobre aproximadamente 2 mil personajes distintos, es decir, la posibilidad de generar 2 mil nuevos contenidos. Y ahí está la gracia del negocio.

La marca no es grande sólo por lo que se ve y se toca, sino por todo lo que hay alrededor y que se puede agrandar hasta el infinito, con productos para un público que va desde los 8 a los 88 años. Si hay algo que los Jedis han logrado es jamás pasar de moda. Entre 1983 y 1999 no hubo ni películas ni series de televisión, pero aun así el fanatismo se mantenía e incluso crecía con una devoción religiosa que ya se quisieran otras creaciones similares. Puede sonar frío, pero es un perfecto ejemplo de consumo y de imagen de marca.

Y Disney sabía perfectamente bien lo que adquiría. Dos años antes, habían tomado propiedad la editorial de cómics más grande del mundo. La sola unión StarWars/Marvel era una idea que llenaba las lucrativas mentes de los CEO de Disney. Insisto. Pagaron 4 mil millones de dólares, no por una marca, sino por un universo. Y frente a esa lectura, la cifra es –a la larga– barata. De hecho, se estima que para el 2017, cuando se estrene la segunda película, las ganancias líquidas que obtendrán cuadriplicarán la inversión del 2012. Eso no sólo es mucho dinero, sino que supera por mucho a lo que otras marcas del tío Walt (como Pixar, el estudio Miramax o los canales ESPN y ABC) aportan al imperio. Star Wars no sólo será la franquicia más rentable para la casa de Bambi, sino que con los años eclipsará a las creaciones del propio fundador de la empresa. No sería raro que de aquí al 2030 los famosos castillos de los parques Disney sean reemplazados por réplicas de la Estrella de la Muerte, que Leia tome el lugar de Blanca Nieves y que la silueta de Mickey en el logo sea tomada por la forma del yelmo de Darth Vader.

¿Que Star Wars se iba a infantilizar con la venida de Disney? Pues todo lo contrario. Es un juego muy adulto, cada vez más.

 

Hace cuarenta años

En mayo del 2017 se conmemorarán cuatro décadas del estreno de La guerra de las galaxias, hoy conocida como Episodio IV: Una nueva esperanza. Disney se ha preparado para que nadie se olvide de los Jedis. De partida el estreno del Episodio VIII, que por tradición debiera ser el más trágico de la saga. Luego, las prometidas ediciones en BluRay (si es que el formato existe para esos años) de la trilogía madre (sin añadidos de la edición especial), nuevas colecciones de cómics dentro del universo Marvel, novelas centradas en el universo creado por Lucas y un evento muy especial, y secreto, enmarcado en la Comic Con de San Diego para julio de ese año. Por supuesto en lo que queda del 2015 y 2016 se darán a conocer más acontecimientos programados para la celebración más grande de la galaxia. Una que va a tener un gran ausente: nada menos que el padre, George.

Hacia marzo de 1975, Lucas empezó un largo periplo para convencer a productores y estudios de financiar una particular historia de ciencia ficción llamada Las aventuras de Starkiller. Particular porque se alejaba de los arquetipos serios del género, imperantes en Hollywood desde 2001: Odisea del espacio (1969), regresando a una lectura más pulp, cercana a las seriales de la década de los 30 y que en su trama debía más al western que a lo que se entendía por ficción científica. Pero además la historia era un calco del “camino del héroe”, teoría esbozada en la década de los 60 por el antropólogo Joseph Campbell, quien tras analizar una centena de mitos fundadores estructuró una épica circular arquetípica, en que la transformación de un hombre ordinario en héroe se igualaba al paso del niño a hombre. Campbell había sido profesor de Lucas en la UCLA y su enseñanza fue vital. El director también se basó en las películas del Japón medieval de Kurosawa, “plagiando ideas textuales” de La fortaleza escondida (1958) en su guión, que de acuerdo a quienes lo leyeron era una irregular mezcla entre Flash Gordon y El señor de los anillos. Como los estudios no entendían un carajo de la propuesta, el realizador y guionista acompañó la presentación con diseños de producción a todo color del artista Ralph McQuarrie, que ayudaron a contextualizar la potencia visual de una idea que pasó a llamarse The Star Wars y finalmente Star Wars a secas. El resto de la historia es más o menos conocido. 20th Century Fox financió la distribución de la película a cambio de ganancias netas y del sueldo de Lucas, quien se quedó con los derechos de explotación de la marca en poleras, juguetes y revistas, algo que Fox pensó era una locura que no iba a funcionar. Tan poca fe le tenían a la película que tuvo un estreno limitado y muy poca prensa. Algunos medios la compararon con los pretenciosos filmes europeos de la época y alegaron que el protagonista no aparecía hasta media hora después de iniciado el filme. Hasta los mismos colegas de Lucas pensaban que iba a ser un desastre y la revista Variety apostó sus fichas por Encuentros cercanos del tercer tipo, de Steven Spielberg, que de seguro iba a reventar la taquilla y a mandar a Star Wars al cajón del olvido.

40 años después, la música, la tipografía, el casco de Darth Vader, el silbido de R2D2 y la idea de la Fuerza son la herencia más categórica del cine del siglo XX a la cultura pop. Y Star Wars se levanta como el quinto gran legado artístico de Estados Unidos, después del jazz, el rock and roll, el western y el cómic de superhéroes. La creación de una mitología universal para el descreído nuevo siglo.

 

La saga según Disneylandia

Parece profético revisar un especial de 1978 de Disneylandia, donde C3P0 y R2D2 compartían desfile con Donald, Goofy y otros personajes de la factoría fundada por Walt Disney en 1923. Hoy todos son parte de la misma familia y de un mismo plan, conquistar el universo; operación en la cual están involucrados nombres como J.J. Abrams y los editores y escritores de Marvel. Todos menos George Lucas, porque aunque en un inicio se aseguró que el cineasta iba a permanecer en un estatus de catador de las propuestas de Disney, lo cierto es que poco y nada se le ha visto involucrado en el proceso, a tal punto que públicamente declaró no haber visto ni los capítulos de Rebels ni el primer tráiler de Episodio VII. No sólo eso, Abrams y Lawrence Kasdan (guionista de El Imperio contraataca) optaron por una completa revisión y reescritura de la primera versión del argumento de la séptima entrega, que tenía la visa de Lucas, cambiando prácticamente por completo el arco de la película y por añadidura de las siguientes entregas de la saga.

El plan de Disney parte por considerar canónicas sólo las seis películas entregadas, mandando al tarro de la basura lo que se denomina universo expandido, historias desarrolladas en cómic por la editorial DarkHorse, novelas de la editorial Del Rey y juegos de video de Lucas Arts. Los títulos suman más de mil. Pues todo eso ya no va más.

¿Se queda el creador con algo de la tajada? Por supuesto: los derechos de comercialización de los juguetes, con licencia de Hasbro (action figures), Lego (armables), Revell y Bandai (modelos a escala), una de las líneas más rentables de la franquicia y que tiene a Disney dándose de cabezas, ya que en lugar de pasar los derechos a Mattel (que es parte del consorcio), George decidió continuar con Hasbro. Para tener una idea, es como si el desarrollo y comercialización de las camisetas del Colo Colo quedaran en manos de la Universidad de Chile.

Aunque Episodio VII: El despertar de la Fuerza, dirigida por J.J.Abrams es la punta de lanza de la era Disney de la saga (junto a la ya estrenada Rebels), el operativo de la compañía es gigantesco y sólo se compara a lo que la misma empresa está desarrollando con Marvel y sus superhéroes. Veinte novelas serán publicadas en los próximos meses y enlazarán el filme con El regreso del Jedi. Afthermaths, Ships of the Galaxy y Journey to the Force son los primeros títulos, que además serán flanquedos por cuatro historietas mensuales publicadas por Marvel, colección que se inició en enero y en la cual se relata qué fue de los cuatro personajes de la trilogía original (Luke Skywalker, Han Solo, Leia Organa y Lando Carlrissian).  •••

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Exprimiendo el mito

El próximo año se estrenará la primera cinta spin off de la saga. Dirigida por Gareth Edwards (Godzilla), el filme se llamará Rogue One, nombre que los fans reconocen como código de un piloto rebelde, por lo cual se augura que pueda ser una especie de Top Gun en el espacio de la lejana galaxia. Para el 2017, está fechado Episodio VIII, que aún no tiene nombre y que será rodado por Ruan Johnson (Looper), y para 2019 el cierre de la saga con Episodio IX, que traerá de regreso a J. J.  Abrams a la comandancia galáctica. Un año antes habrá un segundo spin off al que seguirán desde el 2020 en adelante al menos otras cuatro películas. ¿Más? Por supuesto. Disney ya ha contratado 200 libros que expenderán este nuevo cosmos canónico; además de las colecciones Marvel, las animaciones para canal Disney XD y no se descarta una serie con actores desarrollada para el canal ABC. Tampoco se desecha la idea de un crossover con los superhéroes Marvel y otro con Lego, sello cada vez más cercano al pulpo Disney.

¿Cómo reacciona la competencia ante esta avalancha? Paramount pretende ampliar Star Trek y no va a soltar Transformers. Sony acaba de hacerse de los derechos de Robotech/Macross y Warner terminó de exprimir el legendarium de Tolkien, pero no descarta ir por otras obras del inglés o relanzar Harry Potter. Pero por lejos quien peor la pasa es Fox, antigua propietaria de Star Wars, que ve con desolación cómo su antiguo diamante brilla con aun más fuerza fuera de ella. Todos quieren una parte de la Fuerza, era que no.

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