Cultura

“Hay más preocupación por parecer artista, que por hacer arte”

Patrick Hamilton, a través de su obra, hace una crítica a la sociedad de consumo y a la concentración del poder. Con una destacada participación en la Bienal de Venecia y radicado en Madrid, habla de la escena chilena y su exitismo.

Por Vivian Berdicheski
Fotografías:  Gentileza de Patrick Hamilton

Patrick-Hamilton

El arte con contenido social es puesto en la palestra por Patrick Hamilton, artista que desde sus inicios se ha relacionado con nombres como Alfredo Jaar, Eugenio Dittborn y Gonzalo Díaz. Patrick busca evidenciar la violencia, el consumo y el espectáculo en el Chile post 1990. Nada más alejado al arte como decoración.

Hamilton (1974) nació en Bélgica, pero prácticamente todo su trabajo lo desarrolló en Chile. Residió en Nueva York gracias a una beca Guggenheim y ha expuesto en Italia, México, Brasil, Ecuador, Francia, Malasia, Inglaterra, entre otros países. En septiembre de 2013, se presentó en el MAC después de 9 años sin exponer de manera individual en el país, y de junio a noviembre, fue parte de la delegación chilena en la Bienal de Venecia, junto a Jaar y Tacla. Patrick presentó obras para el llamado Pabellón de la Urgencia, considerado un imperdible de la muestra italiana.

Usando lenguajes derivados del arte, diseño y publicidad, además de apropiarse de recursos como la pintura, fotografía e instalación, describe de manera punzante la sociedad actual. Desde hace siete meses vive en Madrid, pero no se ha desvinculado de Chile: fue parte de la muestra “Áreas/Bordes”, en la sala La Capilla del Teatro Municipal, un espacio que por primera vez se abrió a la plástica y que reunió a un grupo de diseñadores, fotógrafos, arquitectos y artistas contemporáneos que está dando que hablar.

-Hace tiempo, en una entrevista afirmó que nunca se iría de Chile porque su tema tiene que ver con el país. Sin embargo, ahora vive en Madrid.
-Me vine a España por mi mujer, le dieron un trabajo aquí. La verdad es que mi trabajo, tanto conceptual como materialmente, se relaciona íntimamente con la historia reciente de Chile, con la ciudad de Santiago, su transformación producto del impacto de la economía, etc. Pero desde hace más de 10 años que exhibo principalmente fuera del país, por lo que el estar fuera o dentro son cuestiones, en mi caso, intercambiables y recurrentes.

-La obra que presentó para la muestra “Área/Bordes” no dejó indiferente.
-Entiendo mi trabajo como una reflexión estética en torno a ciertas derivadas de la “revolución neoliberal” implantada por Pinochet, inspirada en los postulados de Milton Friedman y ejecutada por los Chicago Boys. Algunas de esas consecuencias son la concentración del poder económico y la desigualdad. En este contexto, la protección de la propiedad privada y la delincuencia son dos caras de una moneda. Esto es más o menos de lo que intento hablar en estos trabajos escultóricos.

-¿Por qué decidió exponer en un lugar como el Teatro Municipal?
-Primero, tengo mucha sintonía con Patricio Pozo, el curador; dos, éste es un proyecto complejo, que reflexiona sobre cuestiones necesarias en torno al cruce de disciplinas. Cruces que yo mismo he desarrollado en los últimos 18 años, trabajando en los límites del arte, el diseño, la arquitectura, la política, la economía. Sobre todo necesarias en un país muy estandarizado, donde los cruces disciplinarios todavía son muy difíciles de entender. Imagínate que cuando me preguntan qué hago y digo “artista”, me preguntan inmediatamente “qué pintas”. Por otro lado, que el Teatro Municipal se abra a otro público y a otras manifestaciones del arte, es un síntoma positivo. “Área/Bordes” es un proyecto del tipo “ocupa”, que lo que hace con el Teatro Municipal –signo inequívoco de una cultura elitista– es abrirlo, airearlo.

-Señala que el arte debe tener un discurso, lo que se ha perdido. ¿Cómo ve a las nuevas generaciones de artistas chilenos?
-Puedo hablar sólo de manera parcial y conjetural, pero lo que he visto es que hay más preocupación por parecer artista que por hacer arte. Pienso sobre todo en los chicos que bordean los 30 años, muy preocupados por el mercado, la feria, la venta, etc. Buscan lo que dé satisfacción y reconocimiento instantáneo. Son extremadamente competitivos. Eso genera envidia y mala leche y no un afán de superación. Aunque debo reconocer que no es sólo un fenómeno chileno. Los artistas jóvenes en todas partes andan en la misma, salvo excepciones. Para mí, el arte debe tener un sustento intelectual y reflexivo, que son procesos más bien lentos, silenciosos.

-¿Qué pasa con la crítica, cree que se perdió el poder del discurso?
-No diría que se perdió, sino que ha ido mutando. Me explico. La tradición crítica vinculada al arte en Chile tiene una historia muy consistente, gente como Nelly Richard, Pablo Oyarzún, Justo Mellado, Guillermo Machuca son de primer nivel en Latinoamérica. Ha sido difícil para las nuevas generaciones cargar con el peso de la tradición –también para los artistas visuales–. En Chile hace como 10 años o más se produce una suerte de cambio, por agotamiento de esos discursos, pero también por el surgimiento de una nueva camada de actores en el mundo del arte local: gestores culturales, agentes, intermediarios, un “nuevo galerismo”, periodistas de cultura vinculados al arte –que incluso hacen “crítica de arte”– con escasísimos conocimientos, mal preparados y en general prejuiciosos. Se miraba la producción teórica y artística como “densa” y empezó la onda de la internacionalización y del mercado. Y esto no sólo a nivel de los medios masivos, sino que también en las universidades. La famosa profesionalización del artista.

-¿Dónde está lo negativo?
-Una suerte de puesta a tono con el afuera que dice que hay que tener una feria de arte (yo prefiero una Bienal con coloquio para Santiago), de que el artista bueno es el que vende y caro, sin considerar que en la mayorías de los países que existe mercado, es decir, galerismo y coleccionismo consistente, también hay instituciones sólidas, museos, centros culturales y bienales. Éstas son instancias de educación para el público que en Chile, lamentablemente, escasean y no dicen relación con el desarrollo económico del país. Ha bajado el nivel del discurso, aunque en ciertos lugares universitarios, principalmente en la Facultad de Arte de la Chile, se mantiene una sofisticación muy grande. El punto es cómo traspasarlo a los museos, a los medios de comunicación. Lo que se publica de artes visuales en los diarios y revistas siempre está lleno de errores conceptuales y de todo tipo. Sin embargo, hay una nueva generación de críticos y teóricos muy buena, que en la medida que tenga espacios, creo que podrá cambiar este panorama. Por mencionar algunos: Rodrigo Zúñiga, Ignacio Szmulewicz, Nathalie Goffard, Juan José Santos, Claudio Guerrero.

-Estudió y fue profesor en el ARCIS, casa de estudios que hoy se encuentra muy cuestionada. ¿Tiene alguna opinión sobre su crisis?
-Estudié una parte de la licenciatura en ARCIS y luego me cambié y titulé en la Universidad de Chile. Es realmente una lástima lo que sucede. Un proyecto educacional con una voz crítica me parece necesario en Chile. Cuando yo estudié en el ARCIS, a mediados de los 90, era un espacio intelectual de lujo. Me formé intelectualmente allí: había gente como Nelly Richard, Francisco Brugnoli, Federico Galende, Carlos Pérez Villalobos, Willy Thayer, Sergio Rojas, Guillermo Machuca, Virginia Errázuriz, etc. Recuerdo las conferencias de Jaques Derrida, por ejemplo. Realmente era de un nivel extraordinario. Ahora bien, entiendo que el caos administrativo era muy grande y una institución necesita orden para funcionar.

-¿Cuáles son sus planes para los próximos meses?
-Tengo un proyecto en el Centro Cultural Sao Paulo, y otro en The 9,99, Guatemala, en enero; en el Centro de Arte La Conservera, en Murcia, España, en marzo; y una individual en la Galería Marta Cervera, en Madrid, para mayo. También estoy desarrollando un nuevo portafolio gráfico con Polígrafa de Barcelona para el primer semestre. •••

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