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Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)
Las principales fuentes de la mentira son la ideología y los intereses de grupos de presión organizados.
Las principales fuentes de la mentira son la ideología y los intereses de grupos de presión organizados. Por Juan Paulo Larraín.
Jean Francois Revel, escritor, filósofo y polemista francés, ganó el premio Chateaubriand en 1988 con El conocimiento inutil. No puede a nadie dejar indiferente su subtítulo: La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira.
Destacados pensadores de siglos pasados, como Kant o Condorcet, previeron que a través de los años la humanidad iba a adquirir un nivel de conocimientos y tecnología que la harían superar milenios de pobreza. Nunca tantos hombres han tenido acceso a tanta información y conocimiento en forma tan barata y rápida. Nunca habían existido en nuestro planeta tantos millones de personas gobernadas en democracia ni había habido tanta opinión pública y libertad de prensa por la que los ciudadanos, en teoría, podrían juzgar con rigor a sus dirigentes. Todos los países debieran estar en un estado sin igual de paz y prosperidad.
¿Por qué esto no sucede?
Apoyado en una amplia investigación internacional, Revel cuestionó el papel de los llamados intelectuales en nuestras sociedades y de la influencia de la ideología y de la desinformación. ¿Por qué nuestra civilización se rehúsa a usar el conocimiento adquirido? ¿Por qué el siglo XX fue pródigo en matanzas y hambrunas?
¿Puede ser tan influyente un grupo de intelectuales? Revel es particularmente duro con los aspirantes a intelectuales o intelectuales de segundo nivel. Periodistas y profesores caen en esa categoría. Son los encargados de reproducir como caja de resonancia el conocimiento y no lo hacen.
La principal fuente de mentira, según Revel, es la ideología y, en un lugar también muy importante, están los intereses de grupos de presión organizados. En democracia, el principal obstáculo para la objetividad no es la censura, como en otros tiempos, sino los prejuicios, el resentimiento y los odios que se nutren de la ideología.
Para Revel, una ideología es una triple excusa: intelectual, práctica y moral. La excusa intelectual funciona reteniendo sólo la información favorable y ocultando o mintiendo sobre la información contraria a los intereses propios.
La excusa práctica suprime la necesidad de la eficacia. Los hechos contrarios a nuestros deseos se omiten o se relativizan en función de la ideología que fabrica las tesis que justifican los fracasos. El fracaso está en la educación pública más que en la privada, por una administración estatal centralizada y por un estatuto docente que impide la flexibilidad en la gestión de los administradores. La ideología provee, contra toda evidencia basada en hechos, la excusa para perseverar en el camino equivocado. El Estado debe garantizar educación de calidad a los más pobres, pero en la práctica eterniza la desigualdad de acceso a la igualdad de oportunidades.
Por último está la excusa moral. La ideología reemplaza el lugar de la moral. Lo que es asesinato, tortura o represión en la dictadura de Pinochet no lo es en una dictadura amiga como la cubana o en la Alemania de Honecker. El ideólogo pretende adquirir una superioridad moral y justifica, en función de un proyecto de objetivos nobles, los actos inmorales, propios o cercanos. De esa manera los que hayan estado a favor del gobierno militar, por definición, tendrían una base moral inferior que aquellos que vivieron y medraron de dictaduras socialistas.
Todo esto lo vemos en los acontecimientos ligados al paro de profesores. En primer lugar, sus máximos dirigentes y, por tanto, debemos suponer el promedio de sus miembros, son adherentes del Partido Comunista. Este no es un fenómeno sólo chileno. Los maestros en todos los países democráticos odian la sociedad liberal en la que viven; a tal punto, que sistemáticamente, votan mucho más a la izquierda que la sociedad de la que son miembros y cuyos niños instruyen. Tenemos, como vimos, la ideología como triple excusa para respaldar la mentira. Adicionalmente, están los intereses de un grupo organizado y con poder y capacidad de afectar gravemente a nuestros niños más vulnerables y, una clase política que en periodo electoral le tiene pánico a enfrentar las mentiras desarrolladas por la ideología que sustituyen a los hechos irrefutables.
Los hechos son claros: la calidad de la educación pública es muy mala, los profesores se resisten a perder privilegios gremiales y a la evaluación de su labor; y, el más ocultado de los hechos, que son un gremio que tiene una remuneración superior a otros sectores con semejante número de años de preparación. Lo anterior no significa que la sociedad no tenga el derecho a desear una mejor educación y por lo tanto subir, sujeto a resultados, sistemáticamente el nivel de remuneraciones de los profesores.