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Artículo correspondiente al número 285 (24 de septiembre al 7 de octubre)
Pedir la suspensión de un proyecto energético de 540 MW puede resultar una excepción compleja, costosa, pero políticamente prudente. Pero si un par de semanas después un grupo de parlamentarios exige aplicar “el mismo principio” para la Central Los Robles (750 MW), la Justicia pone en aprietos la construcción de Central Castilla (2.350 MW) y los grupos ambientalistas refuerzan su oposición a Hidroaysén (2.750 MW), entonces la cuestión se pone complicada.
Porque crecer en promedio al 6% anual, como proyecta el actual gobierno, supone un incremento paralelo en la demanda energética. De hecho, el plan indicativo de obras de la Comisión Nacional de Energía incluye la construcción de una decena de termoeléctricas en base a carbón para los próximos 10 años, en la zona norte.
Para evitar futuras discusiones, el presidente Piñera anunció –el mismo día en que acordó la “excepción” de Barrancones- la elaboración de un mapa que determine las zonas en que se pueden emplazar proyectos de esta naturaleza. Según trascendió en su minuto, el documento ya estaba bastante adelantado por parte del ministerio de Medioambiente, así que no tardó mucho en llegar a las manos de los asesores del segundo piso de Palacio. Su contenido aún se desconoce.
Como si fuera poco, las autoridades hablan ahora de un nuevo mapa, en el cual participarán distintas reparticiones públicas, como los ministerios de Bienes Nacionales, Energía, Medioambiente, Economía o el Servicio Nacional de Turismo. La idea es preservar sitios, ya sea por su valor económico, patrimonial o turístico. Porque impedir una central termoeléctrica cerca de Punta de Choros es también una necesidad turística, lo mismo que una 8 kilómetros más allá, como dijo la directora de Sernatur, Jacqueline Plass, al programa de radio Ciudad Capital (a esa distancia quedaría la central termoeléctrica proyectada por CAP).
Aunque algunos creen que la tesis de la “excepción” vino a apuntalar la construcción de otros proyectos complejos, como Hidroaysén, la realidad está demostrando que conciliar requerimiento energético con sentir popular será una tarea ardua y compleja. Por cierto que la “excepción” tiene que ser una. Dos excepciones serían una contradicción.