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Mirada Capital. ¿Hacia dónde va la administración Obama?

 

En un año marcado por elecciones parlamentarias y de gobernadores en Estados Unidos, vale la pena detenerse unos minutos en un personaje renovador: Adrian Fenty, el alcalde de Washington. Por Gabriel Sánchez Zinny, desde Washington.

 

"El presidente Obama es muy frío y cerebral”, “la administración Obama se ha volcado demasiado a la izquierda para gobernar”, “el presidente parece estar liderando el Instituto Brookings y no el país”. Estos titulares reflejan la creciente crítica hacia el presidente Obama, que junto con la derrota del partido demócrata en Massachussets, y recientes encuestas del Washington Post-ABC News que muestran un aumento de popularidad del partido republicano como capaz de solucionar los problemas de la gente, están obligando a reorientar la agenda de la administración demócrata.

Según Fareek Zakaria, editor internacional de la revista Newsweek, “el público ha registrado una clara protesta, y cómo el presidente reaccione marcará el resto de su período”. El discurso del Estado de la Unión dado por el presidente hace sólo algunas semanas podría mostrar las tendencias generales, corriéndose hacia el centro en varios temas, como la reducción del gasto público y el no aumentar los impuestos. Claro que también hacia aspectos más populistas, como el ataque a los bancos, la crítica a las empresas de grandes ganancias y las medidas proteccionistas.

Pero, de acuerdo a la mayoría de los analistas, Obama ha dejado de hacer lo que fue su mejor receta para ganar las elecciones: liderar mostrando una visión clara de hacia dónde se dirigía, enfatizando la comunicación de aquello que buscaba lograr. En los últimos meses, el presidente pareciera más bien el jefe del partido demócrata que el líder del país, dirimiendo debates entre las diferentes facciones en el Congreso acerca de las reformas que estaba impulsando.

Gabriel Sánchez Zinny
Corresponsal de Capital en Washington y vicepresidente de DutkoWorldwide

Como continúa Zakaria, “ha dejado que las grandes políticas de su gobierno sean definidas y escritas por grupos de congresistas”, con interés local y cortoplacista y con los manejos propios de ambas cámaras, más enfocados en los electores de sus circunscripciones que en las tendencias y políticas nacionales.

Estas falencias también se han manifestado con respecto a América latina. La administración Obama no ha lanzado una nueva estrategia para la región, a pesar de haber criticado hasta el cansancio las políticas de Bush, manifestando un implícito desinterés o una continuación más “light” de la anterior administración. O tal vez, como señala Jorge Castañeda, ex ministro de Asuntos Exteriores de México, Estados Unidos ya no tiene intereses vitales en la región que generen necesidad de enfocarse o inmiscuirse en los asuntos de América latina.

La iniciativa Mérida para financiar el combate contra las drogas, la crecientemente estrecha alianza con Brasil, principalmente para el desarrollo de energías alternativas, y el debate sobre temas inmigratorios con Centroamérica y Caribe continúan en la agenda entre Washington y América latina, pero ni siquiera el talentoso subsecretario Arturo Valenzuela ha logrado todavía lanzar un agenda renovadora en el hemisferio. La falta de una definición de la Casa Blanca con respecto a la política de apertura comercial y el estancamiento de los tratados con Colombia y Panamá, que la administración Obama no ha impulsado, limitan la capacidad de acción con la región.

Es cierto lo que frustradamente afirmó Obama hace unos meses, en el contexto de la crisis en Honduras: “los críticos que sostienen que Estados Unidos no intervino en Honduras son los mismos que dicen que siempre estamos interviniendo y que los yanquis debemos salir de América latina”. Pero esta ha sido siempre la realidad en la zona, de amor y odio hacia Estados Unidos. Tal vez esta inacción desde Washington sea positiva para la región, ya que los presidentes de izquierda populista, agrupados alrededor de Venezuela, no pueden utilizar el argumento de la intervención americana para consolidar sus agendas, y, a la vez, porque los países de la región se ven obligados a resolver sus propios problemas.

Todavía no se vislumbra en Washington el liderazgo de Obama que conquistó el electorado durante la campaña presidencial, pero en términos de políticas pareciera ya estar reenfocando su agenda, aunque todavía tibiamente, hacia un mayor control del déficit y medidas relacionadas con la baja del desempleo y la protección de la clase media. La reforma de salud también sigue en cartera, pero la pérdida de la súper mayoría de 60 senadores ha complicado el camino para conciliar las diferentes versiones de las cámaras y lograr la aprobación.

Veremos si la nueva agenda es suficiente para mejorar las expectativas de las elecciones congresales de noviembre.

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